Trump amenaza a Colombia y Cuba con ser “los siguientes”

La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, anunciada por Donald Trump este 3 de enero de 2026, no es solo un hecho de alto impacto: es la proclamación abierta de una doctrina de intervención sin máscaras.
Trump celebró en redes la “operación exitosa” tras un ataque a gran escala con explosiones cerca de Caracas y la envolvió en la narrativa de “narcoterrorismo” declarando de facto un “conflicto armado” contra los carteles. Un relato que nadie cree pero que a nivel mediático no se cuestiona debido a los evidentes intereses que hay de fondo.
Pero el libreto venía escribiéndose desde antes: desde septiembre de 2025 Washington ejecutó strikes navales y aéreos —con al menos 32 muertos— consolidando el Caribe como plataforma militar para disciplinar a América Latina.
La amenaza ahora se amplifica. En Colombia, la detención de Maduro reaviva las advertencias previas de Trump contra el presidente Gustavo Petro. Al ser consultado sobre un posible diálogo con Petro, Trump descartó cualquier acercamiento y calificó al mandatario colombiano como “hostil con Estados Unidos”. Acto seguido, lanzó una frase que generó fuerte impacto político: “Espero que me esté escuchando. Será el siguiente”.
Exmandatarios como Iván Duque y Andrés Pastrana comentaron con tono de provocación que Petro “tiene que estar muy asustado”, como si el secuestro de un jefe de Estado fuera un mecanismo legítimo de “orden”. En diciembre de 2025, desde Mar-a-Lago, Trump acusó a Colombia de albergar “fábricas de cocaína” conocidas por EE. UU., llamó a Petro “muy, muy malo”, “alborotador”, y exigió cerrar esas instalaciones “o enfrentar represalias”. Ya en octubre de 2025 lo había tildado de “líder del narcotráfico” y “matón”, acompañando la presión con recortes de ayuda, amenazas arancelarias y el cerco financiero de la Lista Clinton contra Petro y su familia.
Y la mira imperial no se detiene ahí. Preguntado hoy en rueda de prensa por Cuba, Trump deslizó: “será algo de lo que acabaremos hablando”. A su lado, el secretario de Estado Marco Rubio se expresó con desprecio usando los calificativos de “incompetentes” y “economía destrozada”.
Esto se traduce en más coerción con excusas “humanitarias”, más asfixia, más chantaje. La misma amenaza, con distintos nombres: hoy Caracas; mañana Bogotá o La Habana.







