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19/09/2022 :: Estado español, Nacionales E.Herria

Ética (decrecentista) para Savater

x Juan Bordera, Antonio Turiel, Fernando Valladares
Carta a un negacionista autodiagnosticado, que siembra dudas sobre eso del “consenso científico sobre el clima” y el “decrecimiento”

Negacionista. Así se titula la columna –la que menos se sostiene que jamás hayamos leído– que Fernando Savater ha publicado en El País. En ella intenta sembrar dudas sobre eso del “consenso científico sobre el clima” y el “decrecimiento”. Y lo consigue, siembra dudas, pero en especial sobre si su capacidad de raciocinio sigue intacta.

Aunque su columna es breve y concreta, Savater comete una notable cantidad de errores. Errores impresionantes e injustificables, máxime teniendo en cuenta que el texto que le publica el periódico –no deportivo– más leído de España no llega a las 350 palabras.

Primero hace un repaso por las temperaturas que –según él, no da referencia alguna salvo “su diario local”– se registraron en 1947, y comenta que se alcanzaron los 53 grados a la sombra en Miraconcha. Savater quizá no sabe que las medidas se han de tomar con termómetros bien calibrados y homologados, ¿o no se ha fijado las barbaridades que marcan a veces los termómetros de las fachadas de las farmacias o de la calle? La validez del registro de Miraconcha es la misma que la del resto de la columna de Savater, cero. El récord de temperatura español oficial es de 47,6º C. Prosigamos.

Justo después le da por atizar al Club de Roma. Un saco de boxeo habitual de las personas que, o no tienen mucha idea sobre el tema, o tienen tanta idea que saben exactamente dónde tienen que golpear para tratar de evitar recibir ellas el golpe. En defensa de Savater hemos de decir que todo indica que pertenece al primer grupo.

En el texto dice: “En 1972, el respetado Club de Roma anunció entre varias catástrofes que en el 2000 se acabaría el petróleo”. Esto no es que sea impreciso, es que es directamente falso. Para empezar el Club de Roma nunca ha sido excesivamente respetado, pese a que –o precisamente porque– produjo una de las piezas de información científica más impresionantes de la historia, cuyo escenario estándar modelado con ordenadores de 1972 casi ha calcado la trayectoria real de las variables estudiadas. Aquí pueden ver una gráfica que lo atestigua y la entrevista que uno de nosotros realizó hace poco más de un mes a Dennis Meadows, uno de los autores principales de aquella maravilla de estudio. Bien, pues en ningún lugar del informe dice semejante cosa sobre el petróleo, y desde aquí emplazamos a Fernando –permítanos el tuteo a partir de ahora– a que rebusque a ver si encuentra la cita concreta en el informe, –no vale otra cita tipo lo dijo mi diario local– y así la puede publicar en otra columna endeble. Aunque lo más probable es que no haya leído el libro y que solamente haya visto la película (la que montaron los sectores más neoliberales en los grandes medios de “comunicación” que controlan para contrarrestar la ciencia incuestionable del informe).

Continuemos, que vamos por la mitad nada más y aún queda lo mejor: Steven E. Koonin. Atentos al argumento de autoridad en el cual Fernando decide apoyar sus muy dudosas tesis respecto al consenso de miles de científicos sobre la crisis climática, sugiriendo que, como Koonin asesoró a Obama, ya sobra. Jugársela a un hombre, Fernando, peligro. Lo más grave de tu apuesta es que te refieres a este Steven E. Koonin, al cual pueden ver todos los lectores si pinchan en su nombre asesorando a la petrolera British Petroleum (BP), para la cual además trabajó desde 2004 a 2009, como reconoce su perfil de Wikipedia. No sé, Fernando, parece que estamos ante un pequeño conflicto de intereses, ¿no crees? Bueno, qué más da, prosigamos, a ver qué más encontramos.

Ah, sí, antes de seguir, una cosa que nos ha encantado es que dices que Koonin no es un terraplanista. Y en eso, seamos claros, tienes razón: es un terrainfinitista, como tú. Algo mucho más peligroso.

Los terraplanistas al menos saben que la Tierra tiene límites. Por muy estúpidas que sean sus posiciones, que lo son, pensar que el crecimiento infinito puede ser posible en un planeta finito es –como mínimo– igual de estúpido, y sin duda mucho más peligroso.

Afortunadamente, cada semana alguien más se une a la ya extensa lista de apoyos de las ideas del decrecimiento, entre los cuales ya podemos contar a presidentes como Gustavo Petro, a buena parte de los miembros del organismo más importante en cuestiones del clima, el IPCC, a científicos del CSIC como dos de lo que aquí escribimos, a premios Nobel como el físico Giorgio Parisi y, lo más importante, a la inteligencia colectiva: al sentido común de la primera asamblea ciudadana por el clima de España, que incluyó el hacer pedagogía sobre el decrecimiento entre sus 172 medidas, o a la mayoría de la población europea, que según este flamante estudio está comenzando a apoyar mayoritariamente las tesis poscrecentistas. Bola extra: como citas a Víctor Hugo y parece que te gustan sus frases, aquí tienes otra: “No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento.

Y por fin llegamos al párrafo de la gloria. En él, Fernando se despacha a gusto y proclama que “los apocalípticos que predican el decrecimiento energético son fanáticos, no ilustrados, porque el desarrollo industrial es imprescindible para mejorar la vida humana y luchar contra la miseria. Los males que trae el progreso (los reales, no los inventados) sólo pueden remediarse progresando mejor”. Qué maravilla, no nos digan que no se nota que estamos ante el autor de Ética para Amador, Malos y Malditos y, sobre todo, de Ética para la empresa.

En el mismo año en el que está reventando la crisis energética y de suministros en todo el mundo –que como hemos mostrado con anterioridad, viene de lejos y ha llegado para quedarse–, en el mismo verano en el que se han batido todos los récords en cuanto a olas de calor y fenómenos extremos en medio mundo, y en el que –como reconoce el periódico que te paga– Europa ha padecido el verano más caluroso desde al menos 1880 (desde que hay registros, vamos), en la misma semana en la que algunos de los mejores científicos vivos que tenemos –estos no los paga BP– avisan que estamos cerca del punto de irreversibilidad en cinco de los elementos clave del funcionamiento del Sistema Tierra, vas, Fernando, y te cascas semejante sarta de falsedades y disparates sobre el tema más crucial que afecta a la especie humana.

A alguien a quien tanto le ha preocupado la ética quizá le debería preocupar escribir sobre aquello que al menos entiende. Porque, Fernando, a la vista de tantos y tan acuciantes problemas, ¿te parece ético alinearte con la posición de quienes nos han traído hasta aquí? ¿Te parece éticamente defendible sostener que los mismos que han causado los problemas son los únicos que los pueden solucionar? ¿De verdad quieres que tu legado para las generaciones futuras sea tu indolente desprecio a los males que les aquejarán?

En realidad te damos las gracias, Fernando Savater. Gracias por la transparencia y por la eficacia, gracias por atacar a los decrecentistas –señal de que ignorar el debate ya no funciona– con un nivel argumentativo tan escaso, porque es difícil que tantas tonterías concentradas en tan pocas líneas sean tan útiles para ver lo que se esconde dentro de una cabeza negacionista y terrainfinitista. Esa a la que le da por hacer bromas sobre osos polares para rematar un escrito que no debió escribirse ni sobre todo publicarse. No deberías reírte tanto de la posible extinción de las cosas, Fernando. Piensa que tú fundaste UPyD (Unión Progreso y Democracia, partido de derecha).

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