Iglesias, gerencialismo y pensamiento positivo

La autodisciplina calvinista ha sido complementada -no sustituida- por el pensamiento positivo: la fe en el poder supremo de la voluntad y los deseos. Y es que el emprendedurismo está relacionado con el pensamiento positivo. No es emprendedurismo el poner una empresa. Lo es lanzarse a una iniciativa de futuro incierto, pues no hay competencia ni información perfectas que garanticen el éxito de una acción, según la teoría de la acción humana del economista y filósofo Ludwig von Mises. Es emprendedor quien posee una confianza suprema para pronosticar acertadamente el futuro, y obtiene éxito porque su acción proviene de una "visión de futuro".
En un artículo inmejorablemente titulado "Autoayúdate que Dios te autoayudará", Carlos Monsiváis caracteriza así el pensamiento positivo: "Para carecer confiadamente de porvenir, lo mejor es atenerse a la creencia: si eres pobre basta con que te esfuerces y dejaste de serlo. Todo en la vida es voluntad, todo depende del momento en que uno decide triunfar y, para conseguirlo con celeridad, memoriza fórmulas, proverbios, consignas, el mundo de los estímulos que va del ¡Tú puedes! al ¡Échale ganas!".







