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20/07/2019 :: Estado español

¡Primero Castilla!

x Izquierda Castellana
Nos han querido ocultar nuestra historia; reconstruirla es una labor militante necesaria

En la década de los 90 del siglo XVI, en la última etapa del reinado de Felipe II (el Prudente, según la historiografía españolista), surge un potente movimiento entre los procuradores a Cortes de Castilla conocido por el nombre de “los dificultosos” por su oposición a la reclamación de más y mayores impuestos por parte de la Corona con el objetivo de financiar sus aventuras militares, y que adoptarían el lema que da título a este artículo: “Primero Castilla”.

La Hacienda castellana estaba en un estado totalmente ruinoso; tuvieron que hacer suspensión de pagos al menos en tres ocasiones (1557; 1575-1576; 1596) debido a una política guerrerista no solo absolutamente ajena a los intereses objetivos de Castilla sino contraria a ellos. Las guerras en Flandes o en Francia, no digamos ya la empresa conocida como la “Armada Invencible” a la que dedicaremos unos comentarios, solo traían miseria, despoblación y sufrimiento al pueblo castellano, y reforzaban su papel de colonia interior del Imperio Habsbúrgico.

Si a estas repercusiones socio-económicas añadimos los fracasos militares, especialmente evidentes en el caso de la Armada Invencible (1588), cuestión esta que tuvo una honda repercusión social, mezcla de ira y frustración, tenemos las circunstancias maduras para que se dieran varios movimientos de resistencia y rebelión frente a la política felipista. En lo que se refiere a la Corona de Castilla, aparece un “levantamiento en Comunidad” que daba continuidad a la Revolución comunera y que tuvo especial repercusión en Ávila. El poder en general, y Felipe II en particular, tenían auténtico pánico al recuerdo y posibilidad de nuevos levantamientos comuneros, en ese contexto se enmarca su respuesta cuando alguno de sus consejeros le pedían moderación en la represión de los nuevos levantamientos. En la ciudad de Ávila se produjeron numerosos arrestos, entre ellos el de Sancho Cimbrón (descendiente de uno de los comuneros más insignes de la ciudad) y los de Diego de Bracamonte y Enrique Dávila; Bracamonte fue decapitado públicamente en febrero de 1592, y según la versión de fray Jerónimo de Sepúlveda “toda la ciudad se cubrió de luto y clamaban al cielo y pedían venganza”. Como decíamos, ante la solicitud de clemencia Felipe II respondió secamente: “¿no depusieron ahí [en Ávila] al rey don Enrique, y favorecieron a Juan de Padilla, tirano?”. Felipe no tenía intención de que los abulenses volvieran a llevar “el decir al hacer” como habían hecho en 1465 y de nuevo en 1520: esta vez “no se ha de aguardar a que hagan”. La represión fue igualmente intensa en Madrid y Toledo. Además el malestar se expresó a través del movimiento que bajo el lema de “Primero Castilla” afectó a la representación institucional de las ciudades castellanas (las Cortes) en el que Gerónimo de Salamanca, procurador de Burgos, tuvo un importante papel. En el caso de la Corona de Aragón, es el conjunto del reino de Aragón el que lleva adelante una insurrección contra los ataques a sus derechos políticos por parte de Felipe II, en relación con el caso de Antonio Pérez, que se salda también con una salvaje represión.

Obviamente en todos los relatos históricos hay ciertos sesgos condicionados por los intereses subjetivos de quienes los construyen. En el caso de la historiografía española, muy especialmente en lo referente a algunas etapas concretas, no es que haya sesgos, es que se construyen relatos que nada tienen que ver con la realidad o que son una burda distorsión de esta. El caso de Felipe II, como ha ocurrido en la actualidad con Juan Carlos I, es una expresión clara de esto que decimos.

Felipe II fue un monarca que ya en su tiempo generó amplios e intensos rechazos, empezando por la propia Castilla, lo que no es extraño porque consolidó lo que su padre había iniciado: la ruina del país. Pero más allá de su acción política, Felipe II fue el responsable de la muerte de su primogénito y heredero, el Príncipe Carlos*; así como la de su mujer Isabel de Valois, de la misma edad que Carlos y con el que en principio iba a matrimoniar, hasta que Felipe II decidió casarse con ella. Isabel murió pocos meses después de que lo hiciese Carlos.

Carlos ganó referencialidad en contraposición con su padre; parece ser que sus propuestas para resolver la cuestión de Flandes eran menos militaristas y más políticas que las que planteaban Felipe II y el Duque de Alba. Algunos sitúan en este tema el origen de su encarcelamiento y muerte. El autor romántico Friedrich Schiller escribió una obra de teatro (el Príncipe Carlos) que posteriormente Verdi convertiría en una ópera sobre la dramática historia del Príncipe Carlos. Sobre la ópera de Verdi se hicieron diferentes versiones y es curioso como Albert Boadella, responsable de una de estas, asume la versión de la historiografía españolista de que el Príncipe Carlos fue encarcelado por decisión de su padre Felipe II debido a su locura, que fue la argumentación que “el Prudente” dio en su momento, y que se replica reiteradamente por el españolismo más burdo.

El de la Armada Invencible es otro episodio de manipulación tan brutal que no resiste el más mínimo análisis. La tesis oficial se sintetiza en las propias palabras atribuidas a Felipe II cuando tuvo conocimiento del desastre: “no mandé a mis naves a luchar contra los elementos”, como si la derrota de la operación de invasión de Inglaterra estuviera condicionada fundamentalmente por cuestiones relacionadas con el tiempo atmosférico.

El 21 de mayo de 1588 el Duque de Medina-Sidonia partió de Lisboa con una armada de 130 naves y 19.000 soldados*. Hay que destacar que el propio Duque había transmitido a Felipe II su pleno desacuerdo con esta operación militar y su convicción de que esta sería un fracaso. Simultáneamente el Duque de Parma había reunido 300 pequeños barcos y 30.000 veteranos en Flandes. El proyecto consistía en una doble operación confluyente en la que la invasión de Inglaterra recaería fundamentalmente sobre las tropas dirigidas por el Duque de Parma, pero con la imprescindible cobertura de la flota que había partido desde Lisboa. El diseño teórico no era en principio erróneo, pero fallaron los elementos de coordinación más simples debido a una tremenda falta de preparación y planificación. Después de salir de Lisboa la flota afrontó una tempestad importante, que la dispersó, pero se reagrupó de una forma plena y total en Coruña, de donde partió sin problemas de tipo climatológico hasta alcanzar las costas inglesas. Allí fue incapaz de afrontar las primeras embestidas de la Marina inglesa, que empleó brulotes (navíos cargados de explosivos que se lanzaban sobre los barcos del enemigo) que consiguieron neutralizar a la flota de Felipe II.

La cuestión principal de la derrota sin paliativos de la operación combinada de la Invasión de Inglaterra es que esta no tenía objetivo estratégico alguno, incluso visto desde la perspectiva Imperial de los Austrias. ¿Qué iba a hacer Felipe II con Inglaterra si la operación hubiera salido bien? ¿Se hubiera autonombrado rey de ese país por segunda vez? ¿Incorporaría los territorios ingleses a su Imperio? ¿Recatolizaría a Inglaterra?

Lo que es imposible no puede ser. Hay que reconocer que el propio Felipe II tenía serias dudas sobre la utilidad real de esa operación, y que fue el Papa Sixto V el que le convenció para que, como rey católico que presumía ser, llevase a cabo la recatolización de Inglaterra. Había una razón doméstica y más práctica para confrontar con Inglaterra, pero cualquier planteamiento racional hubiera buscado otras alternativas mucho más baratas y eficaces, como hubiera sido una operación de castigo sobre Londres o cualquier otra ciudad inglesa importante. Una buena parte de los puertos ibéricos, en especial Cádiz y Coruña, así como la flota procedente de América, sufrían habituales incursiones y ataques de las flota inglesa, normalmente encabezada por Drake.

Si algo enseña la experiencia de la “Armada Invencible” es que cualquier objetivo, ya sea en política reaccionaria o progresista, ha de tener una plausibilidad estratégica. Si no es así está condenada al fracaso.

Donald Trump, presidente de los EEUU en base a un proyecto neofascista que ha incorporado un gran número de elementos de la construcción del nazismo alemán, ha utilizado y utiliza el lema “América Primero” (America First), instrumentalizándolo para reforzar el carácter agresivo, autoritario y guerrerista del imperialismo yanqui. El sentido del movimiento “Primero Castilla” a finales del siglo XVI era justamente lo contrario: combatir el guerrerismo y el imperialismo de Felipe II que llevaba a la ruina social, económica y moral a Castilla. Los lemas hay que analizarlos en su contexto y contenido. Desde luego no podemos dejar que nos sean arrebatados por el enemigo, ello es una parte sustancial en la lucha por la hegemonía ideológica y cultural, cuestión de primera importancia. Castilla, la Castilla comunera, tiene una larga e importantísima historia de lucha, con algunos episodios de repercusión global, tal como fue la propia Revolución comunera de principios del siglo XVI de la que estamos en su V centenario, o la resistencia antifascista de la década de los 30 del siglo XX. El lema aún hoy reconocido como más simbólico de la lucha antifascista a nivel internacional (“No pasarán”) tiene su origen como tod@s sabemos en la Defensa de Madrid.

Nos han querido ocultar nuestra historia; reconstruirla es una labor militante necesaria, porque para interpretar correctamente el presente y poder implementar un proyecto de futuro comunero, feminista y republicano es necesario conocer el pasado de lucha de nuestro pueblo.

IzCa, 17 de julio de 2019

* Parker, Geoffrey, Parker, Felipe II. La biografía definitiva, Editorial Planeta, Barcelona, 2010, p. 888.

* Felipe II dejó escrito en su testamento de 1594 que se dieran 30.000 misas por su alma, además de otras muchas actividades religiosas. En 1603 en Paracuellos del Jarama algunos testigos avisados por fray Julián de Alcalá, ven el alma de Felipe II ascender del Purgatorio al Cielo. Era una idea generalizada y asumida por el propio Felipe II que no iba a ir al Cielo sino pasando por el Purgatorio.

* La “Armada Invencible” estaba compuesta por escuadras de origen portugués, castellano, guipuzcoano, vizcaíno, andaluz, levantino y napolitano.

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