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06/11/2022 :: Estado español, Anticarcelaria

La cuestión del maltrato en las prisiones no es algo que haya desaparecido

x Alfon Fernández
La cuestión penitenciaria en España no es un asunto del pasado, no es un conflicto resuelto.

La cuestión penitenciaria en España no es un asunto del pasado, no es un conflicto resuelto. Como tantas otras cosas en este país, es un conflicto tapado a fuerza de garrote, de miedo y de silencio.

Ayer fui al cine a ver «Modelo 77» y he de decir que me pareció brillante. Ahora bien, la película refleja fielmente un periodo de nuestra historia. Lo que me preocupa es que la gente crea que es un periodo vencido, que como sociedad no tenemos tareas pendientes al respecto.

Durante el tiempo que estuve en prisión pasé algunos años en régimen FIES (fichero interno de especial seguimiento), lo que me dio la oportunidad de compartir patio con presos en ese mismo régimen. Algunos presos, como yo, éramos incluidos en el fichero por nuestra militancia antifascista. Otros por crimen organizado, bandas….Y otros por organizar o participar en motines en las cárceles españolas. Las historias que contaban estos últimos, junto con las historias de los más viejos del lugar, eran escalofriantes. Y no tan lejanas en el tiempo. Sin ir más lejos, tenemos el ejemplo de los compañeros presos de Cuatre Camins que en el año 2004 iniciaron un motín tras la muerte de un preso cuando se lo llevaron a aislamiento y una serie de agresiones por parte de los funcionarios. El compañero Solís fue uno de los portavoces de los presos en aquella reivindicación, la cual era una cuestión de vida o muerte pues el trato de los carceleros con los internos era tal que los presos temían por su propia vida. Solis declaraba así en sede judicial al respecto de lo ocurrido.

Aquello terminó con la condena de varios carceleros, así como la del subdirector médico de la prisión de Cuatre Cmins. Como vemos, hasta no hace demasiado los presos se vieron en la necesidad de amotinarse, con los riesgos y consecuencias que esto conlleva, para defender su dignidad y sus derechos.

Y es aquí a donde quería llegar. La cuestión del maltrato en las prisiones no es algo que haya desaparecido. Yo mismo he tenido que soportar como me pisaban mis pertenencias, mis fotos de familia, mis libros o mi ropa, durante los cacheos. Como lanzaban riéndose mi ropa interior al retrete para que luego tuviese que cogerla. He presenciado como golpeaban a presos, he soportado que me diesen manotazos en la cabeza por negarme a contestarle a un carcelero cuando me preguntaba si llevaba algo en los bolsillos. He sido testigo del trato vejatorio hacia presos y familiares día sí y día también durante los años que estuve encarcelado.

En ocasiones escribimos la respectiva reclamación a quien correspondiese, más por desahogo y por sentir que nos quedaba algo de dignidad que por la efectividad que esos escritos tienen. He conocido y me han contado algunos compañeros historias de todo tipo, desde suicidios dudosos, palizas o violaciones a presas, hasta denuncias entre funcionarios porque algunos son los que meten la droga y los objetos prohibidos en las cárceles. Y es que, para ser justos, he de decir que existen carceleros que no olvidan que están tratando con seres humanos, que respetan como a cualquiera de sus iguales al preso y que no comulgan con las corruptelas y los abusos de sus compañeros.

Todas estas historias las he conocido en estos años, en estas generaciones. No es un problema del pasado, es un problema del presente. Y si no hay revueltas y motines cada semana en las prisiones es porque hay miedo. Yo mismo lo he sentido. Porque a la mínima que asomas la cabeza para exigir lo que te corresponde como ser humano comienzan las amenazas, el acoso y el terror. No tiene por qué ser violencia. A mí por ejemplo en 2012 con 21 años el educador del módulo me amenazó con que me iban a enviar a Canarias, lejos de toda mi familia. Y ya os digo que lo hacen, vaya que si lo hacen…

Con todo existen presos que resisten a día de hoy. Están aislados, dispersos e invisibilizados en las cárceles más remotas de España. Pero están. Y por eso también me he visto en la obligación de juntar estas letras. La cuestión penitenciaria en España no es un asunto del pasado, no es un conflicto resuelto. Como tantas otras cosas en este país, es un conflicto tapado a fuerza de garrote, de miedo y de silencio.

Los presos siguen sufriendo trato vejatorio, siguen padeciendo el miedo a decir lo que piensan, a organizarse para exigir los derechos y la dignidad que todos merecemos. Y por mucho que no les veamos, por mucho que estén escondidos tras esos muros, una ingente masa de miles de hombres que nacieron con la cruz del proletariado a cuestas permanecen, día tras día, instante tras instante, viviendo rodeados de la miseria material y moral que encierran las prisiones del capitalismo. Para terminar, agradecer que haya valientes que se atrevan a reflejar en el arte, sea cual sea, la realidad de quienes no tienen como contarle al mundo las injusticias que padecen.

Os dejo aquí algunos libros que leí en su día y que sirven para conocer desde dentro la historia de los presidios españoles.

Decidme cómo es un árbolMuerte después de reyesCárceles en llamasHuye hombre huyeQue la lucha no mueraUn resquicio para levantarse

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