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10/07/2010 :: Estado español, Andalucía

La islamofobia española

x Antonio Torres - La Haine
Hay que dar la sensación de que los inmigrantes nos invaden con sus costumbres religiosas.

El pasado día 23 de junio el Senado español aprobaba una moción del Partido Popular, apoyada por CiU y por la Unión del Pueblo Navarro, en la que se instaba al Gobierno español a que prohíba el uso de la burka y la niqaq. Aunque los nacionalistas conservadores catalanes de CiU han sido uno de los mayores apoyos que ha tenido esta propuesta, junto al navarrismo españolista de UPN, ésta no deja de ser una pura expresión de esa islamofobia que siempre ha caracterizado al nacionalismo español históricamente, por otro lado, aunque el PSOE rechazó esta moción en el Senado, su partido catalán, el PSC, sí ha aprobado mociones similares en ayuntamientos catalanes.

Esta moción, insistimos, a pesar de estar apoyada por nacionalistas conservadores catalanes, expresa las esencias más puras del nacionalismo español, escudado en una supuesta defensa de las mujeres frente a una forma de vestir humillante para ellas, y en una supuesta falta de igualdad. La moción del PP pretende recrear el mito fundacional de España, es decir, aquel que contempla la existencia de una supuesta España unida, heredera de la Hispania romana pero gobernada por godos, por tanto muy blanca y europea, sin contaminaciones africanas u orientales de níngún tipo, que vio pertubarda su paz y tranquilidad por una supuesta invasión de unos bárbaros orientales fanatizados por sus creencias religiosas belicosas. Esta visión de la Historia aunque no responda al más mínimo rigor científico ni por supuesto al más riguroso de los análisis, es sin embargo la que mantiene el nacionalismo español y el PP como una de sus expresiones políticas. En este sentido, es decir, en el de la lucha de Europa contra “la barabarie oriental” coíncide el PP con el nacionalismo conservador catalán de CiU.

España luchó por liberarse supuestamente de un yugo árabe-musulmán, o por lo menos así lo explicaba el ex Presidente español del PP, José María Aznar, en sus famosas conferencias por los EEUU, que la oprimía y le impedía ser cristiana y europea. Con la caída del Reino nazarí granadino el 2 de enero de 1492, España volvía a ser lo que fue, según el nacionalismo español: un reino unido, cristiano y europeo. La teoría del choque de civilizaciones no fue inventada por Samuel P. Hunttington ni mucho menos, es muy anterior, de la Edad Media.

En el Estado español del siglo XXI, para el PP los árabe-musulmanes nos invaden como supuestamente lo hicieron en el siglo VIII, y como hace siglos, nos traen sus bárbaras constumbres que atentan contra España y Europa con toda su falsa superioridad moral basada en la democracia, la libertad y los derechos humanos. Sin embargo, con esta moción lo único que el nacionalismo español, y también el nacionalismo conservador catalán, está demostrando es su racismo, su xenofobia y, y sobre todo, su islamofobia. Como bien decía Kamal Rahmouni, representante de una asociación de inmigrantes marroquíes en el Estado español en declaraciones recogidas por la web en castellano de la BBC a propósito de la prohibición de la burka por determinados ayuntamientos catalanes: "Hay un millón y medio de musulmanes en España y ¿cuántas burkas hay? Los ayuntamientos catalanes están legislando contra nadie, porque ninguno aporta datos sobre cuántas personas usan burka. Ahora bien, no creo que nadie pueda defender una prenda como ésa, una prenda que para nosotros es lejana y rara, que viene de Afganistán, que es más cultural que religiosa". Hay mujeres musulmanas que usan burka en determinados países musulmanes, especialmente en Afganistán y en Pakistán, pero en la India, mujeres no musulmanas utilizan una prenda parecida, por poner un ejemplo; por otro lado, hay mujeres musulmanas que usan el hiyab, otras la niqaq, otras el chador, y otras simplemente nada, por tanto, nada tiene que ver el la manera de vestir de las musulmanas con su religión sino más bien con su cultura y tradiciones, muy distintas según los países y la clase social. Hay muchas mujeres musulmanas que usa la hiyab o el chador como una muestra de orgullo identitario que por una cuestión religiosa, por poner un ejemplo. Pero para PP, CiU, UPN, y también para la ministra española Aído, que pretende regular el uso de la burka en una Ley de Libertad Religiosa, hay que dar la sensación de que los inmigrantes nos invaden, especialmente los árabe-musulmanes, con sus constumbres religiosas alejadas de la superioridad moral de la civilización europea y la España constitucional. Sin embargo, a estos partidos no se les ve ninguna intención de regular, por ejemplo, el atuendo de las mojas católicas, que recordemos sí que son prendas religiosas, hábitos religiosos, y no culturales o tradicionales.

Hablemos claro: el uso de la burka en el Estado español no es un problema real, como decía la antropóloga de la Universiad Autónoma de Madrid, Ángeles Ramírez: “Prohibir la burka no es una medida útil ni necesaria pero sirve para que la sociedad vea que el Estado controla a los musulmanes”, por tanto, se daría el caso de que su prohibición podría incluso animar a los sectores musulmanes más reaccionarios a su uso, cuando ahora no se hace, al sentirse perseguidos por motivos religiosos, explotando la necesidad de su afirmación religiosa. Además esta antropóloga añade: “Primero, porque no hay ninguna mujer con burka en España y, segundo, porque llamando a cualquier velo integral burka, las autoridades consiguen que los ciudadanos lo relacionen con algo negativo, con Afganistán y con el veto a las mujeres”. Por tanto, si no es un problema real de lo que se trata con todo esto es, ni más nimenos que distraer la atención. El nacionalismo español, como nacionalismo reaccionario, siempre necesita reafirmarse ya sea con su islamofobia, o con los éxitos deportivos de su selección de fútbol, haciendo que toda una masa acrítica de ciudadanos cuelguen la bandera española rojigualda de sus balcones y disuelvan sus inquietudes materiales y espirituales con los goles de Fernando Torres o David Villa como el azucarillo en el agua. Si el uso de la burka no es un problema real, y de lo que se trata es de desviar la atención es porque existen problemas reales que o bien no salen a la luz o si salen son presentados de forma unilateral, manipulados o cuando menos maquillados, ya hablemos de la profunda crisis del modo de producción capitalista que estamos viviendo, y sobre todo, padeciendo o del concepto de España.

Si un pueblo del Estado español ha visto su identidad ocultada, manipulada, y tergiversada por la islamofobia española, ya sea de viejo o de nuevo cuño “progresista” como la ministra Aído, ese es el pueblo andaluz. La islamofobia española siempre ha pretendido que los andaluces miremos parte de nuestro pasado con desprecio o con una indiferencia que es mucho más grave que el peor de los desprecios. La actual identidad nacional andaluza es un producto histórico, como todas las identidades nacionales, de señas identitarias que continuan y se reproducen de una manera o de otra, evolucionadas o transformadas en el tiempo; hay elementos de una cultura nacional que incluso en ese devenir desaparecen o se ven tan transformados que nada tienen ya que ver con sus inicios. A los andaluces el nacionalismo español nos ha enseñado que los elementos de nuestra identidad de procedencia no europeos o no occidentales, o incluso los autoctonos que se interpretan como ajeno a lo euro-occidental, o bien son elementos a despreciar o a ignorar, así, la reconciliación de los diversos elementos de diversa procedencia que forman la actual identidad nacional andaluza es una tarea pendiente. Por tanto, sería absurdo pensar que una organización política que se defina como andalucista caiga en la islamofobia, sin embargo, el Partido Andalucista (PA) del municipio malagueño de Coín nos muestra, una vez más, lo incongruente y lo insustancial de su andalucismo, cuando junto al PSOE, ha votado a favor de una ordenanza municipal que prohíbe el uso de una prenda, la burka, cuando en Coín jamás se ha visto a nadie, a ninguna mujer más concretamente, utilizarla.

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