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Asturies :: 11/04/2026

León, Ataúlfo y Genarín

Maité Campillo
Representó para la ciudad leonesa lanzadera muy particular contra la desmantelación industrial, cierre de las grandes fábricas y minas, contra el desempleo y desigualdad de genero

Al norte de la península Ibérica en la ciudad de León vivió un peculiar personaje de origen asturiano, Ataúlfo García, casado con una leonesa con la que tuvo varios hijos, reapareció por sus calles tras sufrir clandestinidad y nuevas alternativas a su vida fuera del país integrado en ellas hasta el último aliento de sus días, afectado por la enfermedad pulmonar crónica causada por inhalación prolongada conocida como pulmón negro, la neumoconiosis de los mineros del carbón, quebrado por el asma, los ataques de tos, la fatiga tortuosa y aunque su pecho chirriara no cesó de enfrentar su situación, de agitar folletos que el mismo escribía, imprimía y repartía. A través de la militancia conectada desde su emigración en Suiza, había conseguido defensa, entereza y una amplia cultura histórica con una trasmisión ética muy particular, era sobretodo, un gran agitador ¡Ay de la librería, copistería, que se negara hacer las copias por su fidelidad al Movimiento!

Un histórico asturleonés al que no se rinde homenaje

A Ataúlfo la militancia le curtió contra el desprecio y nunca se acobardó ante la fiera quien quisiera que fuera, todo visitante a la ciudad que pasara por su calle llevaría la imagen en reflejo, no solo de santos y cofrades en su vídeo carrete fotográfico o registrada en mente y mirada marcada para siempre, otra exquisita sustancia de la pequeña histórica y coqueta ciudad se encontraría, además de su afamada gastronomía, pinchos (pinchines) y tapas, por donde asomaría no la televisión espejo de la derrota cultural, sino los estandartes reivindicativos del inquebrantable Ataúlfo como comentario del día, entre pasos al desfile de flores, Jesucristo sacrificado y vírgenes invocando leyenda trágica. Enfrentaba al abuso la alegría sobre el futuro interpretado en el balcón de su más que humilde morada, enarbolando cartel, pancarta y bandera de la resistencia, con las siglas UHP, y la imprescindible dirigida al clero.
En otras ocasiones bien pudo disfrutar la ciudad leonesa y sus múltiples visitantes la invocación a siglas y banderas del PCE(ml) y del FRAP con sus peculiares escudos impresos sobre la roja y republicana, por supuesto en León, en sus calles o balcón jamás podía faltar la amistad y solidaridad con Euskal Herria, internacionalismo impreso en su militancia en colaboración con el culto inquebrantable de Tomás del barrio de la Inmaculada. Del clero no se olvidaba ya que le increpaba allá donde lo viesen, no dejándole otra salida que dedicarles con fervor respuesta a su presión y, procesión a trasiego, para arriba y abajo entre trompetas y tambores recreándose hasta el infinito. Al margen de los santos se encontraban curas y obispo despreciando su presencia sin miramiento, más por pobre que por contestatario, que hubieran hecho la vista gorda como la hicieron con su cofrade Santiago Carrillo. Las respuestas del obrero tomaban forma crítica, acusaba al clero de ladrón y parásito, además de a políticos y banqueros. Por lo que la bandera de la República símbolo justiciero prohibido lo patentaba a diario a regocijo con fidelidad febril, obligatorio para él izar la bandera en Semana Santa, 14 de abril y 18 de julio. La ¨reconciliación de clase¨ le había aportado nuevo enemigo no perdonaba la oposición que lo maldecía cuando ponía la roja que no podía faltar ningún 1º Mayo (junto con el escudo reivindicativo del día del trabajador: »Curas y Monjas ya ¡A trabajar!), invadiendo la protesta de obispo y curas sotana y sombrero todo negro cuerpo de cristo enfrentado al diablo.

No era la crítica política honesta contra el balcón reivindicativo del precario pisito, escudo y defensa donde vivía enfrentado al poder marginal que en ocasiones le gritaban, que faltaba poco para que ‘los trapos’ los rozara llamándolo hereje a viva voz. Haciendo presencia en alguna ocasión la político-social desmantela la cartelera poniendo la casa patas arriba, por si encontraban algún submarino, mirábales fríamente Ataúlfo sentado sobre la cama que hacía las veces de sofá. No era un militante ni trabajador más que se supeditara, él era Ataúlfo, y de un día para otro volvía a montar la barraca, escenografía por la que dicho edificio ruinoso se mantenía en la alegría. Paseaba por las calles encartelado como un bocadillo relleno de respuestas históricas y puntuales contra crisis y despidos a la vez que repartía octavillas o vendía – lo que otros articulistas intentan desviar – Vanguardia Obrera del Partido o Acción del Frente. El tiempo iba pasando las canas surgiendo y la transición indigerible e intransitable consolidaba una democracia amarga como la hiel. El posfranquismo lo convirtió en un jubilado rebelde su militancia seguía latente, diseñó nuevos carteles rotulados a mano contra la represión y nuevos murales, con las imágenes en aniversarios de Cipriano Martos y los cinco militantes fusilados por orden del dictador que murió en la cama: El Felón, Franco, mimado por el inepto Arias Navarro (presidente tras su muerte), Fraga Iribarne y demás tragaldabas. Así es como impuso a las fuerzas ¨vivas¨ de la capital leonesa su alternativa proletaria, no teniendo otra que desfilar bajo el tenderete, la celebración católica que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Representó para la ciudad leonesa lanzadera muy particular contra la desmantelación industrial, cierre de las grandes fábricas y minas, contra el desempleo y desigualdad de genero. Su tema favorito era desenmascarar a todo que se lucra y vive a costa de los demás denunciando político y patrón al despilfarro económico de la iglesia y del Estado. Envidiable fuerza y valor con ironía y humor que bien podía haber sido detonante en la película El Filandón o de alguna de las películas de Berlanga, enfrentándose a la sumisión desafiaba la explotación y a los ¨cuervos¨ de la catedral de León. Merece la atención de escritores como Julio Llamazares unido a los d’ El Filandón (1984) que dirigió el leonés Txema Sarmiento (que no tergiversen la objetividad de su existencia) ¡Organiza los contenidos, que distribuye orgulloso, diseña carteles sobre madera pintados, rotulados, y acusa a la banda de ladrones políticos de nueva ola de la izquierda legal supeditada a los buitres del capital! ¡Un cargo municipal grita al mirar hacia el balcón ‘¡Ataúlfo quita la bandera republicana del balcón que pasa la procesión!’ Ataúlfo responde puño en alto no le ofendió la protesta (Sí, como para quitarla, la guardaba como oro en paño para la ocasión, contó la compañera que tan bien conocía al padre de sus hijos) ¡Era la bandera de las disputas en tiempo de transición!!! Tremenda flor de revuelo armó en otra ocasión la curia de la Catedral el día que vio el cartel pintado en que rotuló a mano ‘‘UNÍOS HERMANOS PROLETARIOS».
Ataúlfo se dio cuenta de quien mandaba en realidad en la ciudad de León. Volvió a poner en marcha el taller: ¿Había muerto o no el dictador?, se preguntó, mientras se entregaba a rehacer la escenografía revolucionaria.

Escribía a los derechos humanos enviaba denuncias donde quiera que fuera y ante quien hiciera falta sobre los malos tratos, crecía desafiando al enemigo enarbolando conciencia contra la represión. Dejó en juicios y denuncias extasiado a todo despótico presente que creyendo manejar un muñeco decaído diera con un fiero proletario pues para lo que tenía que perder bien valía una batalla viento en popa a toda vela. Venas abiertas de la tierra oxígeno de vida por el derecho a vivir en paz, ser y estar. Y, sí, harto de estar harto estaba, de la sumisión, y precariedad, que rondó su vida y salud. En vía hacia la Catedral en plena calle central sintió unos ojos clavándole, filo de navaja helada, reacciona y encara el desafío público del obispo una ola de calor cubrió su poblada barba, enfrentados los dos gallos rojo y negro la gente hace corro a la pelea. Tanto le calentó la autoridad nunca nadie lo había visto con tantas ganas contra el ilustrísimo que no dejaba de despotricar agarró la pancarta y ¡toma, toma y toma que dios te crió! Pero el susodicho obispo de León ¡Quería Guerra! Reencarna el Movimiento y no da marcha atrás, como la pancarta salió disparada entre el baile de manos y su boca mantenía la ofensiva, la humillación le vuelve a clavar su filo, Ataulfo se revuelve agarra un paraguas negro que ronda entre la gente y ¡toma, toma y toma, plasrascataplasplas chispeaban las varillas del paraguas tremenda sombrilla contra viento y marea! Y una vez más la autoridad se impuso con y sin Franco; y, Ataulfo, detenido, a los juzgados; y, el Señor Obispo, a sus misas.

Genarín resucitó a la vida… protagonista de una leyenda cuya existencia en vida no existió. Desfila aclamado por miles como guiñol de cofrades navegando por las calles del Barrio Húmedo de León. Atrás la vida perra que en vida lo persiguió y ya incrustado sobre tierra su rama deja espacio al viejo árbol de la ciencia. Retoña de año en año el bondadoso paisanín (que aún mantiene huella en uno de los barrios populares de León), tildado de borrachín con otro tilín plus si cupiera ajeno a su mísera existencia similar a la de miles de su tiempo. Pellejero ambulante del que se olvidó el original pasando de súbito a la copia de un nuevo personaje, aclamado más hacer hincapié en el trinque del aguardiente, que a la reflexión de las penurias que le tocó vivir donde el desahogo ocasional bien mereció la pena vivir. Anexionado al disfrute público que como padre dicen lo tienen ganando por goleada más el aguardiente que el embrujo del personaje rodado en Jueves Santo en quimera de popularidad. Renace de entre los muertos el mito promovido dicen por un grupo de la élite tilín intelectual y fiestero, a lo Valle Inclán en la taberna de Pica Lagartos (Luces de Bohemia) al que la generosa plata no le brindo noches de bohemia.

El Entierro de Genaro Blanco Blanco es organizado por la cofradía Nuestro Padre Genarín. Fervorosa la lluvia devota presencia la imagen iluminaria al calor de las antorchas, atrás queda pues la vida de Genarín, descendencia y compadres de cantina y callejuelas, más real, identificada y reivindicativa, involucra a la noche valleinclanesca en un intento de alumbrar sus vidas en las pocas luces de la ciudad.

Tras su muerte sorpresivamente irrumpen cantos y poesía ofrecen al personaje, ya difunto, pan, queso y chorizos que cuelgan a lo alto de la muralla por donde fue atropellado en adios a la miseria que lo perseguía. Un 30 de marzo de 1929 recoge el Diario de León, en su edición del Viernes Santo, durante la madrugada anterior del Jueves al Viernes Santo, mientras Genarín realizaba sus necesidades perentorias en la base del tercer cubo de la muralla a la altura de la calle Las Carreras »Fue atropellada con él su meada, por el primer camión de basura que dicha ciudad estrenara por vez primera ‘la bonifacia’ llamado así en alusión al concejal Bonifacio Rodríguez (Hace años se publica una esquela en la que figura que deja viuda)». Dicen las lenguas confusas de la especulación que <<fue hombre muy conocido en los ambientes más bohemios del León, de principios del siglo XX>> ¡Agüita!!! Para ganarse el pan del día repitiendo en eco de vecinos una y otra vez por barrios y calles ¡Pellejeroooooo, vendo piel de conejo curtida! (Especulación segunda) Basada en el que pudiera haber muerto al salvar a unos niños de ser atropellados por el camión que le causó la muerte – ¿A esa hora de la madrugada se encontraban los niños solos? – Al amparo de la leyenda puedo decir, si el conductor era ciego, no controlaba el volante o empinaba el codo más allá de la fama otorgada a Genarín.

No pudiendo faltar en Semana Santa los milagros se atribuyen cuatro a su nombre:

1) LA REDENCIÓN DE LA PROSTITUTA QUE LO ENCONTRÓ MUERTO. Con la confusa bendición que da paso a la coletilla de que una vez muerto dijo adios a la tradición »dejó la prostitución, y se volvió a su pueblo natal». 2) UN GOL QUE METIÓ LA CULTURAL LEONESA. Al parecer la Cultural Leonesa llevaba mala temporada y el ¨grupo promotor de Genarín¨ decide bendecir la noche anterior el campo de juego ¡Con orujo!!! ¡Tremenda obsesión con empinar el codo en honor al inocente! »Al día siguiente las cosas no parecen salir a su gusto por lo que uno de la ¨vanguardia promotora¨ ¡Se queja al muerto!!! Tras sacar el portero contrario el balón, éste hace un extraño giro, y Goooool, entra en la portería». 3) UN ENFERMO DE RIÑÓN SE CURA. Sufre un terrible dolor mientras pasaba cerca de las murallas necesitando hacer sus necesidades, coincidiendo en el mismo cubo de la muralla, donde años atrás había muerto Genarín, en ese momento sintió un gran alivio tras lo cual vio en el suelo »¡Haber meado una piedra del tamaño de una nuez solucionando sus problemas de riñón!». 4) EL LADRÓN DE OFRENDAS SUFRE EL CASTIGO DE GENARÍN. Según los idealistas de la fantasía ¨leonesa¨ un individuo se dedica a robar las ofrendas (el orujo, el queso, el pan y la naranja) que los devotos visionarios a través del ‘hermano colgador’ deja cada año en la hornacina de la muralla »Dicho individuo escalaba la muralla y las robaba, pero Genarín le hizo resbalar y el hombre se rompió la cadera» (De imaginaria en imaginaria los visionarios andan con sobrecarga). La procesión creció florida y regada de orujo multiplicando apóstoles y devotos hasta que en 1957, dicen que las presiones del cronista Lamparilla logran que se prohíba »Que la prohibición fue debida a que ese año se encontraron las dos procesiones, la religiosa y la profana, y al ser esta última más numerosa… pues eso». En 1977 la celebración vuelve al cauce del río del aguardiente llegando hoy a unos 15.000 devotxs. Único y auténtico milagro, donde hostelería, vivienda vacacional y hoteles se ven reflejados.

NOTA

Barrikada Internacionalista resalta desde Calle Internacional la figura de un militante revolucionario (Ataúlfo) dando paso a un personaje digno cuanto menos de ésta página, de personalidad nada vulgar perseverante en llenar los espacios desmantelados por la represión reencarnando la vanguardia proletaria, organización en marcha dando salida y respuesta a toda detención y desarticulación. Imponiendo derecho y presencia impregnaba de simbología ambulante la Calle Ancha donde vivía, en contenido internacionalista diario, frente al Palacio de los Guzmanes, Café Victoria y Edificio Botines de Gaudí, saciando el sudor de la frente y sus fatigas en la fuente de las palomas, girando entorno a la plaza del Espolón circulo de tiza roja con más relieve y complicidad de todo León.

Maité Campillo (actriz y directora d` Teatro Indoamericano Hatuey)
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