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Asturies :: 26/11/2006

Quince mil personas se manifiestan en Gijón contra la "democracia"

Miguel Ángel Llana
No había ni uno solo de los partidos políticos, ni PSOE, IU, PP, nadie de los que están en nómina, es decir, de los que cobran. Tampoco estaba ninguno de los sindicatos, ni CC OO, ni UGT, que también cobran y mucho

Hace muchos años que no se celebraba una manifestación tan numerosa; cuando la cabeza de la manifestación llegaba a la plaza del Ayuntamiento, la cola apenas había recorrido unos metros, y no son apreciaciones gratuitas, una simple llamada de móvil lo confirmaba con exactitud. Pero si el número importa, también importan otras consideraciones que dan sentido y contenido al número que, en sí mismo, la hubieran validado. Ha sido la gran manifestación de la dignidad política, de la solidaridad y de la ética.

Más de dos meses de maduración para ver cómo reafirmar los principios de solidaridad, tanto tiempo para intentar dar una explicación, una respuesta o puede que para suplicar que no sigan exprimiendo a una sociedad que existe y está formada por personas de carne y hueso, de humanos, pero que las autoridades ignoran absolutamente. Sus planes, sus megaproyectos siempre son de crecimiento, de números, de cemento para construir lo que nadie después va a poder disfrutar, en lo que nadie va a poder vivir. Siempre construyendo para incrementar sus negocios.

Lo reivindicado ahora viene ya de hace años; nada se pedía entonces, y ahora tampoco, que no fuera trabajo, dignidad, y no lo que las autoridades están dando: desempleo, represión, juicios vía penal, especulación y una larga lista de despropósitos que cada vez hacen la vida más dura y más difícil en una sociedad que «ellos» -las autoridades- definen como una sociedad en auge, de progreso; como una sociedad que avanza, que mejora, que su PIB sube y sube pero que nadie sabe para qué -ni ellos tampoco-, que no sea mera ambición y apego al poder por encima de todo. Coincide la manifestación con la reelección para la Alcaldía, en las elecciones de mayo, de las mismas personas del PSOE y de IU con los mismos proyectos.

Haciendo fotos de todo y de la gente y de todas las pancartas, anduve de un lado para otro y de la cabeza a la cola, y sólo puede ver gente pacífica y honorable que nada pedía para sí ni tampoco para nadie, no pedía nada. Sólo reivindicaban dignidad, ciudadanía, papeles, papeles de identidad como personas. Había pancartas de emigrantes de cualquier sitio y las reivindicaciones, las mismas o parecidas. Para unos y para otros, los mismos amos y las mismas cadenas.

No recuerdo haber tenido nunca la sensación de sentirme marginado, exiliado o fugitivo en mi propia tierra, en mi ciudad natal. Relegado por las autoridades e instituciones que me representan, que dicen que nos representan, pero que viven a nuestra costa -nuestros impuestos son su sueldo, no otra cosa-, entienden que en eso consiste su oficio, que les da derecho a distribuir a su capricho vidas y haciendas ajenas.

Me he sentido extranjero en mi propia tierra porque mis mayores no estaban sino contra mí. La manifestación no era para pedir ni aumento de sueldo, ni un no a la guerra. Nadie pedía nada, sino que nos dejaran en paz, que no nos aburrieran más con su legalidad hecha a su medida para jodernos en cada esquina y en cada momento, como parece creen los quince mil de la plaza Mayor.

He participado en manifestaciones en los sesenta, eran duras, no se andaban con bromas y sabías que nada ni nadie te iba a defender, porque todo lo que hacías estaba fuera de la ley, todos sabíamos que ése era el juego y que los otros estaban al otro lado, enfrente de ti, pero confieso que entonces nunca me sentí tan humillado como ahora. Entonces se luchaba contra los «grises», contra la dictadura, contra la represión: se luchaba por las libertades, por la democracia, pero ahora resulta que luchamos precisamente contra la «democracia», contra los que hemos elegido pero que no nos representan. Sencillamente, hemos elegido a nuestros caciques, que actúan como tales.

La manifestación ha sido contra ellos precisamente: porque la represión la están ejerciendo nuestras autoridades y las libertades nos las están negando, también, nuestras autoridades. Para ellos, seis años no son nada.

No es de extrañar que nuestras autoridades ni por asomo estuvieran ni dieran explicación alguna. Pero ¿quiénes son? Pues, sencillamente, los partidos políticos, de los que no había ni uno solo, ni PSOE, IU, PP, nadie de los que están en nómina, es decir, de los que cobran. Tampoco estaba ninguno de los sindicatos, ni CC OO, ni UGT, que también cobran y mucho. Ninguna institución, ni autoridades, ni diputados, ni senadores, ni curas, no estaba ni Dios. Tengo fotos de las pancartas y de las personas, pero no he conseguido fotografiar a los que no estaban, no hay milagros.

Es de agradecer que ni siquiera estuvieran las fuerzas del orden público. Tampoco hubiera pasado nada, nadie necesitaba el orden público de las autoridades, que ya nos lo imponen cuando administran los recursos -los nuestros- tan sesgadamente en su provecho y, en esto, claro, las fuerzas del orden son sus fuerzas y así actúan cuando les conviene.

Nadie de todos estos partidos, sindicatos, organizaciones y autoridades podría estar, pues ellos son la acusación, son los represores; lo son por acción o por omisión; lo son como ejecutores o como encubridores. En todo caso, lo son y sin excusa, no la hay.

Es de agradecer que ninguno de los políticos y allegados que tanto han hablado recientemente hayan aparecido por la manifestación, todos hubiéramos sentido vergüenza ajena.

Sigue en pie la acusación en el Juzgado de lo penal contra los dos trabajadores, el juicio se celebrará o no y se ganará de un modo u otro, pero da igual, la «democracia» municipal, la autonómica y la del Estado se ha desenmascarado y su piel de cordero se ha desteñido, apesta.

* Miguel Ángel Llana, ingeniero y diplomado en Empresariales.
La Nueva España

 

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