Los cuatro detenidos en Gipuzkoa denuncian graves torturas

MADRID-. El donostiarra Faustino Marcos, detenido el martes en Portbou, el joven de Elorrio Adur Aristegi y el vecino de Algorta Jon Rosales, detenidos el martes y el miércoles en Catalunya, han sido conducidos hoy a la Audiencia Nacional española, ante el juez Fernando Grande-Marlaska.
Tras interrogarles durante cerca de dos horas, ha ordenado encarcelarlos en Soto del Real. A Marcos y Rosales les acusa de "integración en organización terrorista", mientras que a Aristegi le imputa "colaboración".
Balda, Camacho, Mariezkurrena y Albizu denuncian torturas
Entre tanto, hoy se han conocido los testimonios de la segurarra y los tres hernaniarras detenidos el lunes pasado, que ayer fueron encarcelados tras comparecer ante el juez Ismael Moreno.
Uno de ellos, José Camacho, sigue ingresado en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid desde el miércoles pasado, dos días después de haber sido detenido e incomunicado por la Guardia Civil.
Hasta ayer no trascendió que había sido hospitalizado. El hernaniarra no fue ingresado por una patología anterior a su detención, como sostiene la versión oficial, sino por las torturas que padeció, según el movimiento pro amnistía.
Este organismo ha detallado que durante la incomunicación le tuvieron en todo momento desnudo, sólo con una camiseta. Camacho ha relatado golpes constantes, presiones, insultos y amenazas. Le hicieron "la bolsa" en todos los interrogatorios, en tantas ocasiones que pedió la cuenta. Según indica, le ponían una capucha gruesa en la cabeza y encima le colocaban la bolsa, hasta dejarle sin respiración. Al mismo tiempo, le obligaban a realizar ejercicios físicos, a agacharse y a ponerse de pie, una y otra vez. Cuando no podía más, era la Guardia Civil la que le hacía ese movimiento.
Como consecuencia de ello, el hernaniarra comenzó a notar un fuerte dolor en la pierna. El organismo antirrepresivo señala que tiene un músculo de la pierna derecha "destrozado" y que además se le ha detectado una infección en la sangre.
En un momento también empezó a vomitar, por lo que sus interrogadores le condujeron ante el forense quien, en vista de su estado, ordenó la hospitalización. Todavía no hay parte médico del hernaniarra, según el movimiento pro amnistía.
Josune Balda, Juan Mari Mariezkurrena y Euri Albizu han referido los mismos tormentos. En el caso de la primera, ha relatado que el primer día fue el más duro. Le pusieron la bolsa en numerosas ocasiones, hasta dejarla sin respiración y hasta el punto de que se caía al suelo cuando no podía más. En el suelo los guardias civiles se le echaban encima. Le han amenazado con su pareja y sus hijos, y ha sido objeto de insultos y humillaciones.
Una vez que accedió a declarar lo que los guardias querían, terminaron los malos tratos.
En cuando a Mariezkurrena, también ha denunciado la aplicación de "la bolsa" y que le obligaron a hacer flexiones y otros ejercicios físicos. Le han estrujado los testículos, golpeado, amenazado, insultado y humillado, según el movimiento pro amnistía.
Euri Albizu ha sufrido similares torturas: "la bolsa", ejercicios físicos, amenazas...
Gara
Tortura, una constante de este ciclo político
En los momentos históricos en los que una fase política está claramente en crisis pero en los que, a su vez, el nuevo ciclo está aún por llegar, siempre existen residuos que retrasan el alumbramiento de ese nuevo tiempo que está por venir. Elementos que buscan quebrar la confianza en que la nueva fase, ese nuevo escenario regido por nuevos acuerdos, normas, ilusiones, proyectos... pueda llegar a nacer. Quienes se oponen al cambio de ciclo son conscientes de ello y hacen todo lo posible para que esos elementos del pasado dominen sobre los síntomas que señalan que cada pequeño esfuerzo que se haga ahora supone un gran paso adelante. Esos sembradores de la desazón saben que no es fácil apagar la ilusión una vez que ésta ha prendido, por lo que tienen que reforzar su mensaje con amenazas y miedo. Y si es necesario, también a golpes.
De eso sabe mucho este pueblo, porque si en la historia reciente de Euskal Herria existe una constante, ésa es la tortura. En todo ese tiempo no ha habido un solo periodo -aquí cabría subrayar que tampoco aquellos en los que ETA ha estado en tregua- en el que no se haya practicado la tortura contra ciudadanos vascos.
Dentro de un año, el 13 de febrero de 2011, se cumplirán tres decenios de la muerte de Joxe Arregi, símbolo de esta lacra. Arregi murió como consecuencia de las torturas estando incomunicado bajo la Ley Antiterrorista. Paradójicamente, este 13 de febrero pasado la Guardia Civil detuvo a Ibai Beobide, a quien también aplicó la incomunicación. A esa detención le han seguido otras siete y gran cantidad de registros. Beobide ha denunciado, cinco días después, haber sido víctima de graves torturas. De los siguientes en pasar por la Audiencia Nacional en Madrid sólo se sabe que cuatro han ingresado en prisión y que uno de ellos, Jose Camacho, ha sido hospitalizado.
Las leyes que, entre otras cosas, posibilitan la tortura son uno de los pilares de ese ciclo que en Euskal Herria se quiere superar. De eso también habla «Zutik Euskal Herria». De esto es de lo que se está hablando estos días.







