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08/04/2020 :: Països Catalans, Nacionales PP.Catalans

Recuperar mínimos históricos de lucha obrera y popular frente a los "Marshalls" de Moncloa

x TrinCHEra - Organización Obrera Popular Revolucionaria
Hay que prepararse, para encontrar propuestas ancladas en desarrollar la conciencia,el compromiso, el amor al prójimo, la solidaridad, y fundamentalmente,la voluntad de lucha

Recuperar mínimos históricos de la lucha obrera y popular frente a los "Marshall's" de la Moncloa

Hay una palabrita que en estos días ha pasado desapercibida dentro de tanta sobre información: Plan Marshall. Todos/as sabemos que, en los marcos del capitalismo, es decir, sin destruir las leyes objetivas que lo gobiernan más allá de sus voluntades, toda hoja de ruta es falible, puede fallar, no solo por la anarquía limitada que implica apelar a mover las variables de una economía basada en la explotación, la opresión y el saqueo de una clase social mayoritaria, sino fundamentalmente, por la lucha de intereses contrapuestos que engendra en sí mismo ese orden dominante.

Las bases intocables de la propiedad privada en todas sus expresiones, hacen naufragar sobre “diversas decisiones” posibles de tipo “técnicas”, cada vez más limitadas entre los/as economistas surgidos de las universidades de los ricos. Los de arriba se disponen a “superar la crisis” con la hoja de ruta intocable e inamovible de siempre, leyes sagradas e inapelables, sumando las recetas recicladas de siempre, acordadas por todos los partidos políticos empresariales, sistémicos, patronales de todo tamaño, “ideología”, bandera y color del estado, sin diferencias más que las que deben teatralizar para mostrarse diferentes entre sí.

Esas recetas tan “irritantemente” “intervencionistas” del estado hoy contentan a todos y hasta ilusionan a los defensores más “progresistas” del capitalismo. Un nuevo “plan Marshall” con necesario visto bueno de toda la UE que implica que el estado intervenga, aunque sea solo para garantizar un nuevo ciclo de endeudamiento en el medio de una crisis estructural, crisis que tiene como uno de sus ejes principales a nivel mundial a la deuda...sería algo así como pensar en chocar el coche y seguir acelerando... y está clarísimo que los que salgan heridos de ese choque, no serán justamente los que lo conduzcan ¿o sí? Eso dependerá de nosotros/as, de nuestra clase obrera y popular.

La intervención del estado para tocar ganancias capitalistas, no es compatible con gobiernos de las clases dominantes actuales, en cambio, la intervención de ese mismo estado para confiscar aún más los salarios, aumentar la plusvalía, o sea, la explotación, si es aceptable y compatible para gobiernos de esta clase, pertenecientes a esas burguesías multinacionales, por eso nos siguen preocupando quienes piden peras a un olmo.

Ya hablamos en nuestro comunicado anterior sobre lo que implica el pacto de los de arriba, pero vale la pena agregar que, entre los mismos empresarios de todo tamaño, también habrá perdedores, por lógica fagocitante del capital y la competencia, los más pequeños. Un nuevo ciclo de endeudamiento irá a parar nuevamente al rescate del gran capital dueño de los bancos, y toda esa mentira insustentable de flexibilidad crediticia para recomponer al sector pyme y de servicios volverá a quedar al descubierto, no solo por la imposibilidad concreta de acceder masivamente al crédito y el endeudamiento interno que eso va a suponer, sino porque además, no ven el problema global sobre el que se asienta la caída del consumo mundial: una clase obrera y popular mundial con menos dinero en los bolsillos que nunca, por lógica, no habrá “reactivación” económica posible bajo las leyes que presuponen la mayoría de las burguesías, bajo las sagradas escrituras del capital y su intocable propiedad privada.

Esa pequeña burguesía es tan obsecuente y enemiga histórica de la clase obrera, que está dispuesta a fundir sus propias empresas aplaudiendo a quienes mejor representan sus aspiraciones de “progreso”, y en el medio de esa quimera masoquista, aparece y seguirá apareciendo con mayor presencia el miedo mayor que lo sustenta: tanto pensar como los de arriba, comenzarán a parecerse, “trágicamente”, cada vez más a los de abajo.

Una “clase media”, una pequeña burguesía asustada... pues... ya sabemos lo que hace: hoy empieza aplaudiendo desde el balcón a la guardia civil, los mossos y el ejército en las calles y mañana termina por justificar cualquier avance represivo, aun a sabiendas de su propio perjuicio.

Nuevamente la irracionalidad inunda a quienes nunca serán aliados de nuestra clase más que para venir a la cola a mendigar un lugar en la historia, no solo por beneficiarse con una parte de nuestra explotación, como lo han hecho en estos días despidiendo y suspendiendo con facilidad y sin compromisos, disfrutando de las bondades de las reformas laborales y poniendo falsas sonrisas a la situación de sus empleados/as, sino también, por que los unen cuestiones subjetivas, ideológicas, políticas, una anti cultura propia de las patronales de todo tipo, un prejuicio de clase que prefiere verse sacrificando todo antes de imaginar cualquier escenario en beneficio de los de abajo, los que permiten de alguna manera, tanto en término materiales como subjetivos, mantenerse en un escalón social más alto.

¿Se puede recomponer el capital de esta crisis tan profunda? Puede hacerlo, y lo venimos describiendo en nuestros documentos, dependerá, como siempre, de cuanta resistencia opongamos la clase obrera y popular, la de siempre y la “nueva”, la que caiga en la “desgracia” de pasar a tener que bajar el escalón para salir a vivir de su fuerza de trabajo.

Insistimos en que debemos quebrar la agenda de las burguesías e imponer la idea de preparar nuestro nuevo e histórico 15M, un nuevo ciclo de rebelión popular frente al pacto que preparan los de arriba, dejar sin entidad la agenda de ellos y poner desde ya sobre la mesa nuestros parámetros fundamentales de lucha.

Pero entre esta situación y la del 15 M pasado, hay diferencias esenciales, en términos objetivos y subjetivos, y es que los niveles de ajuste sobre el gran conjunto de la clase obrera tienen límites concretos, más en esta situación de confinamiento, barbarie e incertidumbre tan angustiante, y el “plan Marshall” con el que fantasean desde la Moncloa todos los parásitos, también. 

Las burguesías de todo el estado en unión, en el año 2011, salieron a por todas contra nuestra clase, no solo renovando el ciclo con más emisión y deuda sino, además, destruyendo miles y miles de fuentes de trabajo, sobre todo de la industria, y ante nuestra debilidad y la insuficiencia de esas luchas, ante la insuficiencia de esos programas surgidos sin norte político, sin orientación más que la legítima rabia, los de arriba no dudaron un segundo y volvieron a meter mano a las leyes laborales. Fueron ofensivos ante nuestra debilidad y fueron a por quitarnos aun más de lo que nos venían quitando hace años: derechos históricos y métodos de organización y lucha históricos. 

Fueron por los puntos más importantes de toda reforma laboral, que son los que limitan nuestra organización, los que judicializan nuestros métodos, y criminalizan su incumplimiento. Y es ahí donde tenemos enfocar nuestras próximas batallas, insistiendo una vez más en la necesidad imperiosa de identificar nuestros problemas históricos. 

Hemos criticado y seguimos criticando a quienes desvían la atención pidiéndole al gobierno de los ricos, de los empresarios, de las burguesías, que ejecute programas que está demostrado que solo podría llevar adelante un gobierno de la clase obrera, demandas que solo se pueden cumplir tomando el poder por nuestra clase y atentando sobre las bases que sustentan este orden de miseria y pobreza.

Es inútil y desgastante, sin sentido, demandárselas a un gobierno producto de un pacto de una clase enemiga en toda su variopinta “diversidad”, es desarmar a la clase obrera desde todo punto de vista, porque es enviarla a poner expectativas en una clara y contundente derrota, es enviarla a confiar en las burguesías, quienes accionarán y aplacarán la movilización popular por mucho menos que eso que demandan.

Todas las demandas estatistas, nacionalizadoras, son parte de un programa de transición solo posible de llevarse a cabo bajo un gobierno de los trabajadores que no tiene contradicciones con la propiedad privada porque sus intereses históricos se contraponen por naturaleza a esta, desde saberse más que nunca esencial en la producción y el abastecimiento de absolutamente todo lo que permite la existencia humana como tal, desde saberse indispensable y
saber que los patronos no lo son, que una fábrica sin patrones funciona, sin obreros/as no.

La clase obrera y popular debemos estar preparándonos desde ya, mejor que lo que lo venimos haciendo, para pensar y organizar batallas más prosperas e inmediatas que nos hagan recuperar la confianza en nuestras propias fuerzas, que nos hagan recuperar el sentido de ser protagonistas de nuestro futuro, sin poner expectativas en lo que haga o deje de hacer el gobierno de los ricos, de las burguesías, de las clases enemigas.

Impulsar ese tipo de demandas transicionales, alejan a nuestra clase de batallas posibles de ser victoriosas y la ponen en aspiraciones más altas de las que hoy se demuestran capaces de lograr y para las cuales todavía carecemos de organización y fuerza. Nuestra tarea como revolucionarios/as es ser responsables con la lectura comprometida que tenemos de nuestra propia realidad, la que vivimos día a día como obreros/as, y hoy estamos, nuevamente, convocando a comprender la
complementariedad necesaria de las tareas de nuestra clase, sobre la base de elevar programas y niveles de organización de acuerdo a los niveles de conciencia que hoy se muestran muy atrasados. Pero a la vez insistimos con darle una perspectiva estratégica a cada demanda que levantamos de aquellos programas de mínima que plantean necesidades inmediatas y plausibles de ser logradas por nuestras propias fuerzas.

La orientación política, la unidad, y la profundidad organizativa de esos programas son las columnas fundamentales sobre las que pensamos en trascender este momento. Para decirlo de una forma más pedagógica, estamos pensando en cómo levantar demandas y consignas que garanticen en primer lugar, victorias y conquistas palpables para nuestra clase, lo que nos permita ganar confianza en la lucha sobre nuestras posibilidades y nuestras fuerzas, y a la vez pensar, en cómo hacemos, después de esas victorias parciales, para lograr que nuestros/as compañeros/as no se vayan a sus casas conformes con los parches momentáneos que pongan los de arriba a esta situación, es ahí donde hace falta tener preparadas las tareas complementarias, paralelas, aquellas que además de debatir lo inmediato,
pongan a nuestros/as compañeros/as, a nuestra clase, a discutir un nuevo estado, solo posible bajo un gobierno de los/as trabajadores/as.

El eje que consideramos de vital importancia para esta tarea innegociable de HOY, no de mañana, es el de recuperar los mínimos históricos de lucha, recuperar los métodos históricos de lucha que son imposibles de desligarlos de la efectividad de las demandas. Hay que recuperar ese terreno hoy, ya, desde la planificación unificada de toda nuestra clase cuyo norte inmediato sea el de destruir y derogar toda la reglamentación y legislación laboral actual nacida del legado dictatorial previa a la transición, teniendo al estatuto del 77 como articulador constitucional, institucional todas las reformas laborales y todas las jurisprudencias que atacaron y atacan nuestras mínimas bases de organización y nuestros derechos legítimos e históricos, esto implicará también una lucha a fondo contra cualquier tipo de maquillaje y concesión tramposa de los mismos que se intente hacer.

Debemos recuperar el sentido de la huelga sin servicios mínimos, sin preaviso, sin descuentos, recuperar nuestras reuniones asamblearias en horario de trabajo en nuestros lugares de trabajo, el derecho a huelga en las calles para quienes no tienen ni tendrán patronal a quien reclamarle, etc. Y será el eje principal porque sin estos derechos, cualquier paliativo, cualquier migaja de los de arriba, servirá para aplacar la lucha con el peso de legalidad burguesa y la represión.

Y aquí viene el otro punto fundamental de nuestros pilares organizativos del plan de lucha que se viene: LOS DERECHOS DEMOCRÁTICOS. Pensar tumbar las reformas laborales que nos ubiquen en mejores condiciones históricas para avanzar en nuestras luchas, no puede pensarse desligado de la lucha por tumbar todas leyes represivas y criminalizadoras del estado en su conjunto. Desde la ley mordaza a la libertad de los/as presos/as políticos/as de todo tipo, y el desprocesamiento
de los/as luchadores/as populares. 

Fijémonos como una de estas burguesías, la burguesía catalana, esconde y tapa más que nunca a los privilegiados presos del procés, tratados por este estado, por su clase, de forma muy diferente que otros/as presos/as comunes y procesados/as de otras organizaciones políticas, sociales, sindicales. A pesar de ser los mismos presos, los Junqueras y los Jordis, los mismos que piden palo para los de abajo y callan ante las negociaciones con las demás burguesías socias en este estado español unificante, entendemos que somos quienes no debemos bajar jamás la bandera de la lucha política antirrepresiva, por las demandas democráticas indispensables para garantizar ese mínimo histórico de lucha que buscamos recuperar, el que generará verdaderas contradicciones profundas a cualquier régimen que pretenda avanzar sobre bases cada vez más autoritarias en este contexto.

Debemos unificar las demandas obreras, populares, sociales y democráticas en un mismo plan de lucha que advierte desde ya cual va a ser el camino de este Plan de los ricos, los de arriba, que más que Plan Marshall será Plan Sheriff. 

Debemos dedicarnos en estas horas a pensar en nuestras organizaciones obreras y populares, en los sindicatos, en las organizaciones de base, en los lugares de trabajo, con las/os vecinos del barrio, con aquellos/as compañeros/as que ya se saben en el paro y en la calle, con los/as estudiantes que se identifican con los/as trabajadores/as, en nuestras futuras intervenciones y propuestas en las asambleas de cada sector de nuestra clase, en las multitudinarias concentraciones y luchas populares que vendrán, en la propuesta de un plan de lucha unificado, en la unidad más amplia posible en las calles haciendo crecer la conciencia y las demandas a medida que producimos victorias.

La lucha se va a dar con determinación y hay que prepararse, para encontrar propuestas prácticas ancladas en desarrollar la conciencia, el compromiso, el amor al prójimo, la solidaridad, y fundamentalmente, la voluntad de lucha, la combatividad, la identidad de clase, la fuerza de clase, la fuerza expropiadora de la clase, esa que siente que cuando avanza recupera algo que fue quitado y no mendigado, esa fuerza que solo reconoce méritos propios y no ajenos, esa fuerza que más temprano que tarde se transformará, nuevamente, en la fuerza de la historia, la que nos lleve a un gobierno de los/as trabajadores en transición a una sociedad socialista/comunista de nuevo tipo, humanista y radical, la única capaz de dar solución de fondo a esta barbarie.

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