Colombia: La difícil reconstrucción del progresismo

Tras la asunción del derechista Abelardo de la Espriella, Gustavo Petro e Iván Cepeda lanzaron el "Gabinete por la Vida" para fiscalizar al gobierno desde la oposición. Sin embargo, la persistencia del liderazgo hiperpersonalista, el desgaste de figuras tradicionales y la peligrosa marginación de los movimientos sociales, feministas y las comunidades étnicas amenazan con debilitar la resistencia frente al retroceso conservador.
La semana pasada, el expresidente Gustavo Petro y el congresista Iván Cepeda lanzaron el Gabinete por la Vida, una iniciativa que reúne a un grupo de personas llamado a ejercer seguimiento al gobierno de De la Espriella. La propuesta guarda semejanza con el "gabinete a la sombra" de la tradición política británica: un espacio en el que, desde fuera del Gobierno, se examinan sus decisiones, se confrontan técnica y políticamente y, al mismo tiempo, se formulan alternativas para presentarlas ante la ciudadanía y la nación.
Sin embargo, este remedo a la colombiana presenta varios aspectos inconvenientes que podrían dificultar el ejercicio de una oposición eficaz. En primer lugar, la figura omnipresente y casi caudillista del expresidente Petro parece limitar la emergencia de nuevas y necesarias voces en la oposición, capaces de encarnar un liderazgo diferente, renovado y oxigenado. En segundo lugar, la continuidad de buena parte del gabinete del pasado cuatrienio presidencial traslada a esta nueva oposición un cierto desgaste mediático y discursivo, que puede hacer predecible su actuación y facilitar la respuesta del establecimiento.
Y, por último --y quizá lo más grave--, está la escasa pluralidad en la conformación del Gabinete por la Vida: no hay una presencia de los pueblos étnicos, los sindicatos, los sectores feministas, la academia, los movimientos estudiantil y ambiental, el campesinado y, en suma, de buena parte de las vertientes sociales y políticas que han sustentado al progresismo en Colombia.
En este momento, en que se configura un retroceso sistemático en las reivindicaciones y conquistas en materia de derechos y garantías sociales y populares, se requiere una oposición amplia, organizada, sistemática y argumentada para sustentar su accionar. Los vetos, como el que se le propinó al histórico abogado y defensor de derechos humanos Alirio Uribe para llegar al Consejo Nacional Electoral, poco contribuyen a la tarea de avanzar en bloque para contener las arremetidas del actual Gobierno.
El unanimismo en torno a la figura omnipotente de Petro llevará a la oposición a cometer errores que terminarán facilitando los propósitos del actual Gobierno. Petro es el líder natural del progresismo, pero es Cepeda quien debería tener la estatura política para orientarlo y propiciar un consenso en el accionar que no excluya a ningún sector. ¿Cómo creen que se sienten en el Pacífico, después de haber apoyado como ninguna otra región a Petro y a Cepeda, al no tener hoy un asiento en el Gabinete por la Vida?
Es momento de tomarse en serio el ejercicio de la oposición. Es, quizá, la única acción capaz de salvar al país de un retroceso histórico y de impedir que los postulados medievales laureanistas terminen imponiéndose en una sociedad del siglo XXI. Negar que De la Espriella es el presidente, como lo hizo ayer una senadora del Pacto, poco contribuye a ese propósito; pero seguir exaltando a Petro como un líder insustituible tampoco permitirá que emerjan posiciones y planteamientos diversos, capaces de aportar creatividad y amplitud para contener la embestida antiderechos que ya empieza a materializarse.
Es un anhelo personal: cuánto me gustaría que una mujer como Carolina Corcho tuviera un mayor protagonismo en el escenario de la oposición, ya que no pudo --o no la dejaron-- tenerlo en el escenario electoral.
*Abogado y Magíster en Educación. Coordinador del Equipo de Trabajo de Medellín en el Proceso de Comunidades Negras.
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