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02/05/2019 :: Venezuela

El retiro de Venezuela de la OEA y el multilateralismo en ascenso

x Adrián Sotelo Valencia

Sin que sea nuestro tema central apuntamos que mientras escribimos estas líneas, en la madrugada de este 30 de abril de 2019 se registró un nuevo intento de golpe de Estado frustrado, por cierto, por la Guardia Nacional Bolivariana encabezado por el presidente bufo Guaidó y el preso común de ultraderecha, Leopoldo López, ambos pertenecientes a la fascista agrupación de ultraderecha Voluntad Popular contra la Base Aérea La Carlota, en Caracas. A pesar de que, como siempre, la prensa corporativa pro norteamericana lanzaba loas al golpe y afirmaba el "éxito" de la operación, la información veraz indicó que alrededor de las diez de la mañana la intentona había sido completamente controlada y derrotada.

*

Dos acontecimientos trascienden la coyuntura reciente: el retiro de Venezuela de la OEA y la afirmación del multilateralismo frente a la rigidez del unilateralismo del imperialismo norteamericano.
En efecto, en un trascendental cambio histórico-diplomático e internacional de la correlación regional de fuerzas, finalmente Venezuela abandonó el Sistema Interamericano y el Ministerio de Colonias que es la OEA (como la caracterizó en su momento el comandante Fidel Castro): un instrumento cuasi-policiaco de control e imposición de los intereses geopolíticos y estratégicos de Estados Unidos. Y a propósito de esto cabe la siguiente pregunta: ¿será el preludio de la bancarrota de este inútil instrumento corrupto de dominación? ¿Quién seguirá el ejemplo digno de Venezuela?
Este hecho cumplimenta el anuncio dado conocer hace dos años por el presidente Nicolás Maduro Moros, a través de la Cancillería, en virtud de la creciente e intensa injerencia de ese organismo regional en los asuntos internos del Estado y del gobierno venezolanos, particularmente, por su Secretario General, el innombrable señor Luis Almagro, fiel representante de los intereses del gobierno norteamericano y del llamado Grupo de Lima.
Como es de sobra conocido, Estados Unidos y, a la postre, con el servil apoyo de la ultraderecha venezolana y de algunos gobiernos títere de la región, principalmente de Colombia, Brasil y Chile, confeccionó un defectuoso muñeco que se autoproclamó "presidente" (bufo) de Venezuela (el 23 de enero de 2019) para coronar su golpe de Estado y remover al gobierno constitucional y legítimo democráticamente electo de ese país, con el fin de apropiarse del territorio y de sus recursos naturales y energéticos para  ponerlos al servicio de la acumulación de capital de los Estados Unidos y de su geo-política y estrategia de confrontación a mediano y largo plazo contra el inminente ascenso de Rusia y de China en el contexto del multilateralismo internacional.
La perorata amenazante contra Venezuela relativa a la consigna de que "todas las opciones están sobre la mesa", incluyendo la intervención militar sea de manera directa o a través de terceros países, pontificada por los halcones del pentágono, ha sido completamente impotente para doblegar al gobierno bolivariano y derrumbar la revolución chavista en curso, como consta en la introducción de este artículo.
A diferencia del bloqueo histórico norteamericano impuesto contra Cuba hace más de 60 años - (Estados Unidos introdujo formalmente el "embargo comercial" completo contra Cuba el 3 de febrero 1962 mediante un decreto emitido por el presidente John F. Kennedy) - e intensificado a raíz de la disolución de la ex-Unión Soviética (25 de diciembre de 1991) - el actual bloqueo económico y financiero que el imperialismo practica contra Venezuela no ha podido doblegar al pueblo y a las masas trabajadoras de ese país. Entre otras razones porque en el mundo actual inteligentemente el gobierno bolivariano supo fraguar y entretejer alianzas estratégicas con potencias ascendentes de verdadero porte nuclear, principalmente con China y con Rusia, sin dejar de lado otras alianzas importantes con Turquía e Irán y, aún, con la India.
Al calor de las constantes amenazas (que los gringos denominan "sanciones") de Estados Unidos de atentar contra la revolución venezolana e instaurar un gobierno títere al modo Guaidó, en ese tenor crece el descontento social y popular y, a mi juicio, fortalece la unidad con el gobierno bolivariano que, a pesar de dichas sanciones y de los constantes atropellos a la soberanía del país, así como del boicot alimentario perpetrado por la derecha interna y la oligarquía a su servicio, no ha dejado de cumplir con sus políticas y objetivos sociales, por ejemplo, en materia de educación que, dígase de paso, es completamente gratuita; de salud, vivienda y recreación para la mayoría de la población.
Quiérase o no ello ha acarreado una mayor legitimidad y apoyo al gobierno en su lucha antiimperialista y, en particular, contra las extendidas e intensificadas agresiones norteamericanas.
Es esto lo que explica la gran frustración que se expresa en los círculos de la llamada oposición golpista (empezando por su presidente bufo Guaidó), en los medios corporativos y trasnacionales de comunicación controlados y en los personeros de los halcones que desde la Casa Blanca dirigen el - todavía hasta ahora intento de - golpe de Estado en curso.
En la última semana la forma que asumió la lucha de clases y la confrontación con el imperialismo fue la fragante contradicción entre el unilateralismo norteamericano vs. el multilateralismo que promueven potencias como China y Rusia junto con Venezuela.
En efecto por primera vez se celebró, el 24 de abril del presente año, una histórica Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para conmemorar y promover el "Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz" que fue instituido en el calendario de la ONU el 12 de diciembre de 2018, mediante la adopción de la resolución 73/127 que fue propuesta por Venezuela y respaldada por el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal).
Históricamente Estados Unidos se atribuyó los calificativos de "unilateralismo" y "excepcionalidad" para imponer su hegemonía-dominación en las relaciones internacionales con el fin de auto mostrarse como un "imperio único", sempiterno, designado por la divina providencia para gobernar el mundo a su imagen y semejanza; una especie de film hollywoodense: ¡Estados Unidos contra el mundo! No importando, incluso, violar las leyes y el derecho internacional, así como los derechos humanos con tal de mantener el "orden" frente al caos; la "civilización" contra la "barbarie".
Otra de las facetas en que se expresa este "unilateralismo excepcional" es el neo-proteccionismo que ejerce, a sangre y fuego, el presidente Donald Trump con el poder que le confiere el Estado imperialista que, hasta ahora, utiliza en beneficio propio, particularmente contra los movimientos migratorios.
Pero el hecho importante es que desde mediados de la década de los setenta del siglo pasado ambos conceptos del imperialismo norteamericano vienen en declive frente al ascenso, a partir sobre todo de la década de dos mil, de China y de Rusia promotores en la actualidad del multilateralismo en escala global. La expresión más nítida de este es la promoción China de la Franja y la Ruta de la Seda donde participa un conglomerado de naciones de todos los continentes del planeta en el contexto de la autarquía proteccionista y financierista de un Estados Unidos en proceso de declive y que, entre otras facetas, se expresa en la obsesión trumpista, que raya en la esquizofrenia, de construir el Muro de la Ignominia en la frontera con México.
Mientras los pueblos y los trabajadores del mundo irrumpen en la escena de la historia para afianzar, mediante la lucha, y construir nuevas formaciones sociales y modos de producción alternativos al sistema capitalista en crisis y decadencia, en el plano de la geopolítica global se intensifica el proyecto en ascenso del multilateralismo que por lo menos equilibra y articula los intereses de la mayoría de las naciones frente al decadente unilateralismo imperialista, que subordina a algunos gobiernos latinoamericanos y de la Unión Europea, como el de la Gran Bretaña y su indefinido Brexit, que se sitúa en contra del desarrollo histórico.

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