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Argentina :: 25/06/2008

Frente a la ?directiva de la verguenza?: unidad de los inmigrantes

Asamblea Popular y Originaria "Carlos Coro Mayta"
Pronunciamiento de la Asamblea Popular y Originaria "Carlos Coro Mayta" de la colectividad boliviana en Buenos Aires:

Los gobiernos europeos encaran con una medida brutal la problemática inmigratoria de sus países: la expulsión, por la fuerza, de cerca de ocho millones inmigrantes en situación irregular de diversas partes del mundo y, lo más grave, se arrogan el derecho de encarcelarlos en centros especiales por tiempos que fluctuarán de seis a dieciocho meses, lo que constituye una grave violación a los más elementales derechos de todo ser humano, ya que no se puede condenar a nadie sino se ha cometido un delito, y la condición de inmigrante irregular, no es un delito en ningún lugar del mundo.

Existen en Europa, principalmente España, 360.000 bolivianos, de los cuales alrededor de 300.000 están en condición irregular. Sobre sus cabezas pende la espada de Damocles de la expulsión y/o cárcel en una suerte de campos de concentración. En España estos centros “especiales” en instalan en naves abandonadas de los puertos, en polideportivos, garajes de comisarías, etcétera y seguramente tendrán que improvisar y construir muchísimos mas centros de esta vergüenza para la dignidad humana.

Ha habido reacciones de condena en todo el mundo frente a esta medida. En Bolivia, el presidente Evo Morales ha calificado a esta directiva aprobada por la CE como la “directiva de la vergüenza”. Este abanico de condenas tienen tono variado; las más firmes pronunciamientos han provenido de los gobiernos como Bolivia y Venezuela; este último ha amenazado con prohibir inversiones de capitales europeos y posibles nacionalizaciones; Bolivia, con boicotear los acuerdos de libre comercio del Pacto Andino con la UE. En el otro extremo del abanico, hay pronunciamientos al borde de la cínica complacencia , es el caso de los periódicos bolivianos La Razón y La Prensa de Bolivia. La Razon, editorializó el pasado viernes, que no conviene responder la dura medida, pero -que sería- “legalista”, y afirma que a la postre redundará en beneficios para los “migrantes”. La Prensa, casi en tono festivo dice que Europa “hace bien en restringir la migración si lo que se busca es conseguir un crecimiento sostenible con el flujo migratorio” y en un tiro por elevación dice que esto posibilitará, que “nuestros gobernantes comiencen a generar las condiciones que permitan vivir ese sueño en nuestra América morena”, insinuando, poco menos, que es culpa del gobierno actual la inmigración. Desde luego, que se podía esperar de estos medios, cuyos dueños son precisamente parte de monopolios mediáticos de origen español.

En medio de estos múltiples pronunciamientos ¿Qué decimos las víctimas, los inmigrantes?

Digamos primero, ¿Quiénes somos los inmigrantes en el mundo? ¡Somos trabajadores! Mano de obra abaratada para los empresarios independientemente de su nacionalidad, trabajadores precarizados que optamos por el exilio económico para sobrevivir.

Antes de ser un problema para los Estados hemos contribuido a superar, en el caso de España por ejemplo, el crónico déficit de natalidad que sufría ese país hace una década. Pero también,, y de manera general, en otro países, somos imprescindibles para ciertos sectores de la economía, como el de la construcción, el textil, el campo y el servicio doméstico.

Dicen ahora, que no hemos convertido en un problema, que hemos dejado de ser útiles. De víctimas hemos pasado a ser verdugos, los causantes del desempleo y del deterioro salarial de otros trabajadores ¡Falso!

Los discursos xenófobos, de donde provienen estas argumentaciones, son encubridores de las verdaderas causas del deterioro de los salarios, el del empleo y de la pobreza. Las verdaderas causas hay que buscarlas en la explotación capitalista y colonial que impera. Lo que busca este discurso xenófobo y discriminador es solo atacar los síntomas de la enfermedad , pero no sus causas, éstas causas radican en la grosera desigualdad social, entre los países y al interior de cada país, y la crónica demanda de mano de obra “en negro” de inmigrantes por parte de las economías más desarrolladas.

La principal causa de la inmigración radica en el grave deterioro de los términos de intercambio del comercio internacional, del tormento del crecimiento permanente y pago de la deuda externa y la transferencia de los excedentes económicos del tercer hacia las llamadas economías del primer mundo.

Los portavoces del capitalismo se llenan la boca de palabras tales como “integración”, “globalización”, sin embargo, lo único que se globaliza y se integra es el capital. Los trabajadores no tenemos derecho ni a la libre circulación.

Queremos preguntar y preguntarnos ¿No será hora de dejar de dejar de proclamar líricamente “trabajadores del mundo unámonos”, dándole contenido a esa consigna? Si los inmigrantes, ante todo, somos trabajadores ¿No deberíamos ser, acaso, los primeros en llevar a la práctica esta consigna? El camino lo señalaron los trabajadores inmigrantes latinos en los EEUU hace un par de años. Debemos avanzar hacia una jornada mundial de rechazo a la llamada “Directiva de retorno de los inmigrantes ilegales”. Es en las calles donde debe traducirse el rechazo a esta afrenta a la dignidad humana y los derechos del pueblo trabajador en el mundo.

Pero no basta protagonizar protestas en un día mundial, o protestas de inmigrantes en todos los países donde existen importantes contingentes de inmigrantes, es necesario también avanzar en propuestas globales concretas, como ser:

- Reglas de comercio justo
- No al pago de la deuda externa
- Derecho de los pueblos del tercer mundo a reapropiarse de su recursos y empresas públicas.
- El derecho a la inmigración como un Derecho Universal.

En América Latina, nuestros gobiernos deben llevar a la práctica lo que hasta ahora es solo condena e indignación. Frente a la expulsión de inmigrantes latinos de Europa, nacionalización de empresas con capitales europeos y ruptura de acuerdos de libre comercio con Europa.

Buenos Aires, Junio del 2008

 

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