Organizarse para resistir: así funcionan los “apaga lacrimógenas”

Detrás de una valla, una granada sale disparada por el aire de forma arqueada en dirección a un grupo de personas y, en el trayecto, deja una estela de humo blanco y tóxico como huella. Toca el piso y explota con vigorosidad. El gas lacrimógeno sale expulsado en pocos segundos, la gente tose, escupe, grita, se tambalea, cae al piso y, finalmente, intenta huir.
Hasta que de pronto, un manifestante con máscara antigas y guantes la toma con la mano enguantada, la deposita en un balde de pintura con agua y bicarbonato, lo tapa y, en menos de cinco segundos, desactiva su efecto. La operación se repite varias veces más con éxito. Así, los manifestantes vuelven, envalentonados, excitados por la revancha, y aguantan de pie el embate.
“Lo que hacemos es mezclar agua con bicarbonato, aprendiendo un poco de las lecciones que nos dejaron los compañeros chilenos en la revuelta (de 2019) para poder por lo menos resistir un poco más en la plaza y no cederle tanto la gorra, que nos viene cagando a palos”, dijo uno de los jóvenes








