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Colombia :: 10/03/2013

¿Ocurrirá una explosión social en Cúcuta?

Horacio Duque
El sistema judicial no funciona pues está prácticamente capturado por las redes de la delincuencia y las cárceles son verdaderos basureros humanos

La ciudad de Cúcuta, capital de Norte de Santander, en la frontera con Venezuela, es la sexta ciudad colombiana. En la actualidad atraviesa por una compleja coyuntura que la coloca al borde de una explosiva situación social y política.

Las condiciones económicas son de extrema gravedad, los indicadores sociales se deterioran sin pausa, la criminalidad es una patología agobiante y el sistema institucional así como los factores de orden político están en ruina. Es urgente un plan gubernamental nacional extraordinario que ofrezca una alternativa adecuada a sus habitantes para impedir la caída en el abismo y la anarquía.

Cúcuta es un centro urbano que despegó su historia con su fundación en el año de 1733, en el valle que servía de asiento a los Bari/Motilones. Gran parte de su existencia ha girado en el ámbito de influencia de la cuenca del Lago Maracaibo y su actividad económica portuaria.

En la actualidad alberga en su área metropolitana, que incluye los municipios de Villa del Rosario, San Cayetano, Los Patios, Zulia y Puerto Santander, casi 1 millón 200 personas. La expansión urbana es muy dinámica, especialmente en el corredor conformado hacia la ciudad venezolana de San Antonio. Su cultura es un sincretismo colombo venezolano que refleja un abigarramiento social muy intenso.

La economía de la ciudad prácticamente se ha desplomado en los años recientes, pues es muy sensible a las fluctuaciones del Bolívar, la moneda del vecino país. La industria es mínima y el comercio está a merced del contrabando con el flujo abierto de combustibles y productos cuyos precios son demoledores para el aparato productivo local y los negocios autóctonos.

Las infraestructuras viales son un desastre. No obstante, las cuantiosas inversiones que se anuncian, las obras no avanzan en las autopistas anunciadas en los ejes centrales de la región, vitales para la capital, como la ruta Cúcuta-Pamplona, Cúcuta-Ocaña y la vía del carbón, hacia el río Magdalena.

Las calles de la ciudad son un desastre y el río Pamplonita se marchita aceleradamente.

Todo lo anterior tiene una demoledoras repercusión en la formación social local. El desempleo aceptado por el gobierno es del 20%, el más alto del país. La informalidad es casi del 80%, personas que viven del rebusque como vendedores ambulantes de todo tipo de mercaderías.

En Cúcuta hay 150 mil personas desplazadas por la violencia militar y paramilitar que impera en el Catatumbo. Son personas que sobreviven en terribles condiciones humanas. Sin vivienda, salud, educación, condiciones sanitarias mínimas, sometidos a la ley delincuencial del más fuerte y objeto de manipulación de parte de caciques políticos barriales de los directorios del clientelismo electoral que tienen capturada la débil institucionalidad gubernamental.

Toda el área metropolitana es el campo favorito de poderosas bandas criminales que actúan en consuno con los dispositivos de la coerción estatal. Los "urabeños", el conglomerado neoparamilitar hegemonico, es un poder factico que opera como un enclave de poderosas élites emergentes.

La corrupción de los gamonales que acuden al Senado es indignante. Miles de millones de pesos apropiados en los rubros fiscales por concepto de regalías petroleras, de reparación a las víctimas de la violencia, de inversiones en carreteras, en acueductos, de subsidios a la salud, a la educación y a la vivienda, van a parar a las arcas de reconocidos funcionarios y de los más caracterizados jefes electorales que dan soporte al señor Santos, actual Presidente de Colombia.

El sistema judicial no funciona pues está prácticamente capturado por las redes de la delincuencia y las cárceles son verdaderos basureros humanos afectados por plagas y epidemias mortales.

La degradación ética es rampante. El espíritu cívico comunitario no existe porque lo que se pondera es el arribismo social y la habilidad para el engaño. Como ocurrió recientemente con la falsa y demagógica oferta del actual alcalde Donamaris Paris Ramirez, de construir 20 mil viviendas para los más pobres, quienes ahorraron miles de millones de pesos en el Fondo Nacional del Ahorro, que posteriormente se abandonó con argumentos cínicos del burgomaestre de tratarse de un simple gancho electoral.

Así que el ambiente social es de explosión sistemica. Varios sectores de la ciudad con conciencia historica y critica actúan para dar forma a una sujeto social transformador que asuma los agudos problemas que amenazan la vida colectiva de Cúcuta y su ámbito metropolitano. Están en curso asambleas, audiencias, cabildos y espacios de deliberación colectiva popular para establecer una estrategia de cambio efectiva. Es legitima y necesaria la expresión masiva con formas y métodos radicales de inconformidad muy similares a los que han debido recurrir los campesinos cafeteros del Huila, Caldas, Tolima, Cauca, para obligar a la administración nacional a ofrecer las soluciones correctas a los problemas de 600 mil familias caficultoras asfixiadas por el neoliberalismo de los Tratados de Libre Comercio.

A los cucuteños y nortesantandereanos no se les puede pedir pasividad, conformidad y resignación con las plagas que los atormentan. Es preciso que salga a relucir su indignación y valentía con potentes movilizaciones organizadas que visibilicen el clamor cívico y popular.

Nuestro compromiso es resuelto y vamos a intervenir para animar la justa protesta popular y democrática.

Cúcuta, 7 de marzo de 2013.
horacioduquegiraldo@gmail.com
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