Londres: Debate de masas y polémica en el Foro Social Europeo

De acuerdo a un delegado que llegó desde Senegal, "lo mejor de la conferencia es que se ve que el capitalismo mundial ha roto las promesas que hizo con motivo de "la muerte del comunismo" y que muchos millones de personas no ven ningún futuro bajo este sistema".
Estas palabras expresan el espíritu con que actuaban muchos asistentes al FSE del 15 al 17 de octubre. Tenían muchas ideas muy contradictorias acerca de los problemas del mundo y querían escuchar a personajes políticos, hablar con gente informada y entre sí, sobre todo para ver qué hacer. Algunas personas querían saber qué hacer con su vida.
El FSE está afiliado al Foro Social Mundial celebrado por primera vez en Puerto Alegre, Brasil, en 2001. Ésta fue la tercera reunión del FSE, siendo la primera en Florencia en 2002 y la segunda en París en 2003. Los organizadores dijeron que se habían registrado 20.000 personas, menos de la mitad que en los dos foros anteriores. Se celebraron 500 actividades en un salón de convenciones, locales sindicales y salones universitarios: talleres de diversos tamaños, decenas de reuniones de masas y cantidades de actividades culturales y políticas marginales. En el palacio Alexandra, el local principal, grandes multitudes llenaban los corredores. Recorrían el gran salón lleno de mesas de literatura de diversas corrientes políticas y todo tema imaginable. Una gran proporción de los asistentes provenía de Francia, Alemania, España, Italia y otros países europeos, y una pequeña cantidad de los países del tercer mundo. Muchos participantes, sobre todo de otros países, eran integrantes de sindicatos del sector público y/o activistas políticos. Asistieron personas de todas las edades, si bien principalmente jóvenes y veteranos de los años 1960 y 1970.
Los impulsores eran principalmente individuos y organizaciones que están firmemente atrincherados en el orden establecido de la clase dominante británica o que al menos están dispuestos a vivir con él. Por eso, el foro tuvo un carácter más contradictorio. Lo patrocinaron y lo financiaron en buena parte el alcalde londinense Ken Livingstone, un miembro disidente del gobernante Partido laborista británico, el Congreso de Sindicatos (TUC), Unison y otros sindicatos y federaciones sindicales con lazos históricos a ese partido. El cotidiano británico The Guardian, tradicionalmente pro-laborista, era el patrocinador de los medios informativos. Muchos moderadores de los talleres y una buena cantidad de los asistentes en general trabajaban con las organizaciones no gubernamentales.
No obstante, tal como en los anteriores Foros, muchos oradores y una gran cantidad de los asistentes ubicaron al enemigo en el imperialismo. Si bien no todos pensaban o expresaban esta posición, aplaudieron más en respuesta a aquellos que denunciaban y se oponían al imperialismo. Lo que más unificó el sentir del público era el odio a la dominación estadounidense del mundo, si bien no les quedaba claro el papel de Inglaterra. A veces, opinaban que la actual alianza angloyanqui provenía de las malas políticas de Blair y no de los intereses estratégicos del imperialismo británico. La guerra en Irak representaba, correctamente, el deslinde principal. Cuando los organizadores y los oradores se opusieron más fuertemente a la guerra y a la participación británica, lograron unir al público. Cuando se hicieron bolas por sus relaciones con la estructura de poder británico y el sistema imperialista, muchos asistentes discutieron fuertemente en su contra.
A pesar de la declarada posición de no violencia del Foro, uno de los discursos más acogidos se dio en una reunión sobre la globalización a que asistieron mil personas el sábado por la mañana, porque se generó un debate entre los oradores y el público sobre cómo analizar la resistencia iraquí. Unos oradores tuvieron una posición de no apoyar a la ocupación ni a la resistencia, sino de seguir una "tercera vía". George Galloway, expulsado del Partido Laborista en 2003 por oponerse de manera muy consecuente a la guerra, dijo que el deslinde no era la no violencia sino con qué lado tomar partido, a favor o en contra de la resistencia, que todos los oprimidos tienen el derecho de levantarse con armas y que hay que apoyar a los habitantes de Falluja. El público le dio una tumultuosa acogida.
Irónicamente, Galloway, un miembro del parlamento y un defensor de soluciones electorales, era de los oradores más radicales de esta reunión, y Aleida Guevara, la hija del Che Guevara, era de los más moderados. Los representantes del gobierno cubano y los grupos procubanos tuvieron una destacada participación en el Foro, diciendo que Cuba era un paraíso ecológico en que todo mundo recicla la basura y las sabias organizaciones no gubernamentales fijan las pautas. Ni siquiera mencionaron la revolución y el socialismo, de los cuales anteriormente este país se decía representante.
La reunión "Fin a la ocupación de Irak", el viernes, fue otro importante acto del Foro. Entre los principales opositores de la guerra, figuró Subhi Al-Mashadani de la Confederación Iraquí de Sindicatos, una organización que apoya a la ocupación y al gobierno británico. Cuando se reunió el público, las fuerzas antiimperialistas y miembros del Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo se opusieron fuerte y resueltamente a la participación de Mashadani. (Véase el artículo acompañante.)
El sábado por la noche, otro incidente probó que la presentación de Mashadani el viernes no era un accidente sino que correspondía a la posición política de los organizadores.
El alcalde londinense Ken Livingstone iba a hablar en la reunión "Parar el fascismo y la extrema derecha en Europa". Aunque el propio Livingstone se opone a la guerra, muchos asistentes lo consideran un miembro prominente del partido que la está librando y estaban bien encabronados de que se le permitiera determinar el contenido de la conferencia en el sentido literal: se dice que tenía la última palabra acerca de la lista de oradores importantes.
Otro factor indignante era el papel de la policía londinense, cuya conducta se le adjudica a Livingstone. Los polis habían estado hostigando, trabando escaramuzas y arrestando en algunas ocasiones en algunos actos marginales, tal como hicieron al día siguiente en la manifestación después del Foro. Filmaban descaradamente a todo mundo en el Foro, con la complicidad de los organizadores. Recomendaban que todo mundo no hiciera caso a los polis y descartaban cualquier objeción por "paranoica".
Por todo eso, muchas personas querían confrontar a Livingstone. Al menos cien personas, en su mayoría anarquistas de varios países, se subieron a la fuerza al escenario. Pero Livingstone ya había cancelado su intervención, un hecho desconocido para el público, por temor a un incidente tal.
En medio del alboroto, una francesa se puso de pie para hablar a nombre de Babels, una red de 500 traductores voluntarios en el Foro. Luego explicó que trataba "de calmar el ambiente", que estaba de acuerdo con las críticas de Livingstone y con la manera en que se había organizado la conferencia, y que no estaba de acuerdo con las tácticas de los anarquistas. Los organizadores le cortaron el micrófono, los traductores se salieron enfurecidos de las cabinas y el acto se devino en caos. A diferencia de la noche del viernes, quienes tenían la justicia de su lado no pudieron unir al público.
Una parte del problema es que se decía, incorrectamente, que se trataba de "¿Quién tiene el derecho a hablar?". Cuando los políticos de la clase dominante se opongan a la guerra, está bien, pues así las masas tienen más espacio en que expresar sus propios puntos de vista, pero la oposición de estos políticos tiene un carácter limitado y condicional debido a sus propios intereses y a los intereses generales del imperialismo británico. Permitirles hablar no es lo mismo que permitirles determinar los términos del debate.
Los integrantes de Babel señalaron que por la forma en que se organizó el Foro, éste dependía exageradamente de fondos externos, lo que puso el control en manos de las fuerzas del Partido Laborista, y que tal orientación la imponía el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Como los de Babel eran de los participantes-núcleo del Foro, atestiguaron la dominación del PST en las reuniones de planificación. No refutan este hecho los militantes del PST trotskista, en la actualidad la mayor organización de izquierda en Inglaterra. La traductora criticó al Foro londinense por no haber respetado la carta del Foro Social Mundial, de celebrarse en un "contexto plural, diversificado, no confesional, no gubernamental y no partidario", un sentimiento que compartían muchos asistentes.
El problema no se trata del PTS como partido político; se trata de su posición política. Era una ilusión planear el FSE en reuniones abiertas a todo mundo y tomar decisiones por consenso en un "contexto no partidario". Aunque muchos participantes en este Foro rechazan, correctamente, a los partidos manipuladores que no representan los intereses del pueblo, se necesita una dirección revolucionaria.
A pesar de las deficiencias inherentes al Foro, se dieron animados debates, ricos intercambios de ideas y experiencias y un ambiente de cuestionamiento. Quienes hablaron con los integrantes del Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo o que adquirieron literatura maoísta en la mesa que compartían Un Mundo Que Ganar y otras personas, se interesaron muchísimo en la guerra popular en Nepal, que señala la verdadera solución al imperialismo. Si bien el trotskismo tenía una presencia destacada, muchos jóvenes que deseaban la revolución se habían unido a tales organizaciones por falta de lo que consideraban otra opción. Incluso entre las organizaciones no gubernamentales (ONG) pululaban diversas posiciones y corrientes. Por ejemplo, en un seminario sobre las relaciones comerciales y el tercer mundo, los integrantes de las pequeñas ONG que trabajan en África ("la reconstrucción de África" era un tema oficial del Foro) se quejaban de la hegemonía y de los efectos muchas veces perjudiciales de las grandes ONG y de que éstas representan los intereses de las grandes potencias. Hasta los participantes que no aceptaban la posibilidad de la revolución contribuyeron mucho a denunciar el funcionamiento del imperialismo y a desarrollar un análisis revolucionario.







