A 24 años de la Masacre de Avellaneda

Entrevista con Sergio Nicanoff, historiador, docente y exmilitante del peronismo revolucionario en el programa Enredando las Mañanas, el informativo de la Red de Medios Alternativos, emitido el martes 23 de junio desde Radionauta, en la ciudad de La Plata.
Estamos en comunicación con Sergio Nicanoff y una nueva columna de Historia Reciente. Hoy vamos a tener un programa atravesado por lo que fue, lo que significó el 26 de junio de 2002, y sobre eso será la columna de hoy, ¿es así Nica?
Así es, Pablo. Todo un tema los junios. De hecho, en esta columna hace poco rememorábamos los fusilamientos de José León Suárez y de Lanús.
Es el mismo mes de los bombardeos de Plaza de Mayo. Y obviamente es el mes de la Masacre de Avellaneda. Entonces, lo primero es poner un poco de contexto, sobre todo para quienes no lo conozcan, no lo recuerden. Caída de De la Rúa, ciclo de luchas populares del 1996 al 2002, desde el segundo gobierno de Menem, gobierno de la Alianza, y el 19 y 20 del 2001, la salida de la convertibilidad, que hace Duhalde, que llega al gobierno con un país en llamas, y que tiene como un objetivo central volver a tener el control de la calle, que evidentemente el sistema, los partidos sistémicos, habían perdido.
Entonces, ese contexto es fundamental para pensar el 26 de junio. Desde el punto de vista represivo, el veintiséis fue el estreno de un operativo conjunto de las fuerzas represivas, gendarmería, prefectura, bonaerense, federal, y de personal civil y paraestatal, que también operaron ese 26 de junio. Está bueno traer este recuerdo, sobre todo cuando esto se ha naturalizado totalmente, y la doctrina Bullrich lo repite reiteradamente.
Había dentro de los grupos represivos patotas con munición de plomo, la represión implicó la violencia clásica de gases, balas de goma, pero había por lo menos dos patotas especiales, que contaban con balas de plomo, una era la que dirigía el comisario Franchiotti con el cabo Acosta, que son los que van a asesinar a Maxi y a Darío en la estación, y otra conducida por el suboficial Leiva en la avenida Mitre. Estamos hablando de que hubo en esa jornada treinta y pico de heridos, heridas de balas de plomo.
¿Y cuál era la idea? Bueno, el discurso que quisieron instalar los medios al día siguiente de la masacre fue que se trató de un enfrentamiento entre piqueteros, los muertos han sido producto de ese enfrentamiento, y obviamente la idea era ilegalizar a los movimientos, encarcelar y reprimir a las referencias que aparecieran, y recuperar el control de las calles.
Ahí es un elemento importante recordar que algo que preocupaba muchísimo al gobierno era la posibilidad de que ese movimiento piquetero enlazara con las asambleas, muy vigentes todavía en este momento, que enlazara con las fábricas recuperadas, con otros espacios sociales que participaban de la protesta. Creo que un objetivo esencial era fragmentar, dividir, separar y obviamente desalojar de la gente. Y la masacre requería de muertos, requería de instalar en la sociedad todas estas cuestiones.
La responsabilidad previa del poder económico, cualquiera que revise las declaraciones de la Sociedad Rural, de algunos grandes empresarios, va a encontrar reiteradamente el reclamo a Duhalde para que reprima.
Parte de esa articulación que se empezaba a dar, como una expresión del canto de "Piquete y Cacerola, la lucha es una sola". Algunas expresiones que empezaban a darse pre-20 de diciembre y también los primeros meses del 2002.
Me tocó presenciar en primera persona que cuando las columnas cruzaban el Puente Pueyrredón e ingresaban a la capital pasando por Montes de Oca, amplios sectores medios salían a los balcones y aplaudían la movilización piquetera. Esto que hoy parece ciencia ficción ocurría en ese contexto. Había un grado de simpatía de sectores sociales y de articulación del movimiento piquetero, trabajadores, asalariados.
Todo sabemos que la movilización inmediata tras la masacre y las fotos que sacaron dos fotógrafos fueron fundamentales para que se cayera la mentira que quería instalar el gobierno y los medios de comunicación. El segundo día ya esa mentira se había desmoronado claramente, a pesar de la demora de Clarín que contaba con las fotos y no las había querido publicar al día siguiente de la masacre. Y como dice ese documental, había titulado que "la crisis había cobrado dos nuevas muertes", no la policía, no la represión.
Creo yo que un elemento importante como para charlar y dialogar, puesto muy brevemente este contexto, es pensar qué legado, qué nos dice hoy lo que ocurrió en Avellaneda, pero sobre todo, qué nos dicen aquellas prácticas. Qué nos dicen Darío y Maxi a la militancia actual, a los que buscamos enfrentar a la ultraderecha y construir un proyecto emancipador diferente.
Bueno, yo creo que en primer lugar hay que decir que esa lucha de los movimientos en aquel momento visibilizó algo que es estructural del capitalismo actual. Que es la precarización de la vida, la precarización del trabajo, la fragmentación del mundo del trabajo, y puso el tema del desempleo, el tema de la precarización, en la vía pública. Ocupó el espacio de la vía pública y sacó de la invisibilización en aquel momento todo esto que estaba pasando.
Lo sacó la movilización del 26, pero también lo sacó ese ciclo de lucha, cuyo arranque podríamos situar en el piquete de Cultralcó en adelante. Visibilización de algo que es inherente al funcionamiento del capitalismo actual, la precarización extrema de la vida. Creo que nos recuerda también, sobre todo pensando en el devenir, en un movimiento territorial que en gran parte se estatalizó, se incorporó, vía reivindicaciones legítimas y justas, a una estructura estatal que le limó sus aspectos más disruptivos. Creo que es bueno recordar que para construir un movimiento emancipador vos necesitás de la disputa de los recursos del Estado, pero también de prácticas políticas autónomas.
Que no dependan solo de los recursos estatales, requiere de politización, requiere de empoderamiento por abajo, requiere de algo que decía Antonio Gramsci que es el espíritu de escisión. Es decir, construir un nosotros que esté claramente diferenciado en valores, en prácticas, en acciones, de la lógica del poder. Nos recuerda también algo importante, sobre todo en los momentos donde se demoniza a los jóvenes en la actualidad, incluso desde el pensamiento progresista, se vincula la totalidad de la juventud con la ultraderecha.
Está bueno traer a colación a aquella juventud, la juventud que salió de ese ciclo de lucha, y de los que eran parte fundamental Dario y Maxi, que se llenó de pibes y pibas, que reclamaban, que se movilizaban, que luchaban, que construían cotidianamente, y que no veían a sus pares o a los más cercanos como sus enemigos, sino que apuntaban hacia arriba. Una bronca se dirigía hacia arriba y no se horizontalizaba. Este es todo un tema como para traer a la discusión hoy.
Pero además, está bueno recordar que en las movilizaciones masivas del 24 de marzo, en la del 3 de junio, en el entierro del Indio, hubo decenas de miles de jóvenes. Y ahí anida un núcleo de buen sentido que dialoga sin lugar a dudas con lo que fue el 26, con lo que simboliza la figura de Darío y Maxi. Y hay que buscar las formas de articular, de conectar esa experiencia con esos núcleos de buen sentido que todavía están vigentes y que operan fuertemente, y que son barreras que la ultraderecha todavía no puede superar.
Aún en un mundo y en una región donde la ultraderecha se fortalece. Claro, es necesario agregarle a eso, a esos núcleos de buen sentido, organización, prácticas autónomas y la construcción de una subjetividad de lucha. Creo que el peso del gesto de Darío, el gesto que inmortalizó Florencia Vespignani, una mano con Darío y la otra frenando, poniendo un límite a los represores, ese gesto simbólico, ahí anida un mundo.

Se ha dicho mucho, pero ahí hay una pedagogía de dignidad, de solidaridad, de empatía con el otro, que es antagónica con la ultraderecha, que implica relaciones humanas distintas, comunitarias, de igualdad, y que además no reduce la política a la construcción de lo existente, sino que la política es una política de cambio, de construcción de otros valores, de transformación profunda. Yo creo que en ese sentido no hay pensamiento emancipador que se pueda construir sin símbolos. Darío y Maxi se abrazan con el Che, con la prioridad de los valores morales como forma de construir una subjetividad que no se reduce a lo estatal, sin negar lo estatal, una subjetividad de combate.
Y se enlaza con Norita Cortiñas, y su incomparable vida, su búsqueda permanente de justicia, pero además, de empatía con todos los gestos de rebeldía. Me parece que pensando en símbolos, pensando en construcciones, pensando en valores, enlazan perfectamente con esas figuras de Darío y Maxi. Y hay una frase, cuando sacamos el libro Darío y Maxi, 20 junios, a los 20 años de la masacre, y lo presentamos en la estación de Avellaneda, actualmente llamada "Darío Santillán y Maximiliano Kosteki", muchos compañeros y compañeras escribieron para el libro, y hay algo que traía Graciela D'Aleo, que no casualmente es una combatiente clave en la lucha de los 60-70, la frase de un luchador panameño que decía, "así serás eterno aunque vivas pocos años. Lo único que se requiere es tener impreso en alguna parte un mapa de la vida entera". Ese mapa de la vida entera, ese mapa universal, ese acto de vida que enlazó a Darío y a Maxi, enlazó a los que habitamos el 26, enlazó a los que nos movilizamos en ese momento contra el crimen, enlaza aún hoy a los que no renunciamos a la idea de cambiar el horror de lo que estamos viviendo.
Y en ese sentido, ese enlazamiento, ese mapa de vida construye esperanza. Y el punto de partida para cualquier proyecto es esperanza y voluntad de cambio. En ese gesto, en esa lucha, en ese tiempo anidó esa esperanza que hay que traer a nuestro presente, a nuevas luchas, a nuevas formas de construcción y vamos a encontrar otros sentidos que nos permitan ser más fuertes frente al avance de la ultraderecha. Estoy absolutamente convencido de esto.
Y hay algo que sintetiza también la imagen de Darío tanto como Maxi: los movimientos que hemos ido recuperando, más allá del gesto en la estación, de la pedagogía, del ejemplo en ese gesto, Darío en la bloquera, Darío en la olla, Maxi dibujando, algo de lo cotidiano. Hay cuestiones que se han recuperado en esto de construir a Darío y Maxi también como unos compañeros más que hacen que ese gesto, además de acercarlo a Norita, acercarlo al Che, los acercan a nosotros, los acercan a una militancia cotidiana.
Lo comparto, y además eso fue fundamental para enfrentar las consecuencias del 26, porque en ese momento hubo muchos, muchas, que plantearon que había que rescatar lo comunitario, había que rescatar lo cotidiano, y en ese rescate de lo cotidiano mostrar que no se trataba de locos, que se querían demonizar en un enfrentamiento, eso que dijo por ejemplo Luis D'Elia en aquellos días, y otros que fueron funcionales, especialmente a la represión. Hay que traer la vida cotidiana, traer las prácticas cotidianas, las prácticas comunitarias, y creo que ahí residía y reside gran parte de la legitimidad.
Es más, te diría que en el devenir, lo que ha logrado en parte el enemigo es invisibilizar nuevamente esas lógicas comunitarias y esas prácticas, para generar una representación demonizada de los movimientos territoriales y piqueteros, y algo de la necesidad de volver a referenciar esas prácticas y esa ética, ética del ejemplo, se torna fundamental en la actualidad. Además, más allá de que el ataque, el desmantelamiento de la asistencia social y la represión sin duda repercutieron en los movimientos territoriales, creo que el nivel de ajuste, el nivel de pobreza, el capitalismo realmente existente, genera la posibilidad de una reconstitución de los movimientos territoriales, y en esa reconstitución volver a visibilizar y a reconstruir prácticas comunitarias que tengan en cuenta múltiples dimensiones de la vida, va a ser fundamental.
Nica, te agradezco el tiempo, como siempre, la comunicación, las reflexiones, no sé si te queda algo para cerrar antes de despedirnos.
Recordar que además algo que reactualiza la necesidad de tener muy presente esto, es que la condena a los responsables de la Masacre, los responsables directos, operativos, a los Franchiotti, a los Acosta, fue producto de la lucha popular y no concesión de ningún gobierno, y recordar que Duhalde, Aníbal Fernández, que se recicló en el kirchnerismo, Felipe Solá, que en ese momento era gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juanjo Álvarez, siguen siendo personas que operan políticamente y que, sin lugar a duda, fueron los responsables políticos e ideológicos de la Masacre y que siguen sin condena. Y que una y otra vez habrá que repetir esto de manera incansable, así como traer el ejemplo del 26 como la posibilidad constante de otra vida, de otro mundo, de otros valores, de otros significados diferentes al existente.







