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30/01/2009 :: Europa

Efectos de la crisis. Francia: huelga de funcionarios, huelga de acomodados, huelga de blancos

x Víctor Morales
Retrato de una movilización de clase media acomodad francesa, que no es capaz de romper el corsé sindical (ni probablemente quiera) que la saca a la calle de paseo

Las cifras son espectaculares: 2,5 millones de manifestantes, de los cuales más de un millón sólo en París (¡según la policía!); 195 manifestaciones en todo el país; 11 sindicatos llamando a la huelga de manera coordinada por primera vez desde hace más de 30 años; más de 20 sectores reivindicando diferentes cuestiones... En resumen, el descontento que la soberbia del pequeño emperador "Sarko I" ha ido acumulando desde que comenzó su mandato en distintos ámbitos de la sociedad ha confluído en este día de huelga general. Sin embargo, como plasmó David Cerny en su polémico mural de Estrasburgo (ver foto), la jornada de hoy no ha sido más que una farsa, la confirmación de un estereotipo.

Y es que ha sido la amenazada clase acomodada francesa la que ha salido a la calle: la que ha podido hacer huelga. Huelga de funcionarios, huelga de aristocracia obrera, huelga de trabajadores de empresas públicas, huelga de trabajadores con derechos, en definitiva, huelga de blancos. La diferencia entre los que cogen todas las mañanas los trenes de cercanías y los que poblaban hoy el boulevar Beaumarchais por donde circulaba la manifestacion parisina es espectacular.

Hoy se podían ver manifestandose a trabajadores de la sanidad, de SNCF (Renfe francesa), EDF (Endesa francesa), Peugeot, Renault, profesores, médicos y enfermeros o estudiantes. Pero al lado de los manifestantes, en la calle, todos los comercios permanecían abiertos, todos los restaurantes o cafeterías, los establecimientos de grandes cadenas como FNAC, Picard o Franprix también estaban abiertos (con gente comprando) y los tramposos servicios mínimos de transportes daban la guinda de normalidad a la jornada. Las imágenes de la televisión de las estaciones de trenes y aeropuertos semivacíos son una muestra de que la huelga ha alcanzado de manera muy importante a sectores concretos de la sociedad, pero ni mucho menos ha paralizado el país.

Diferencias con las manifestaciones de apoyo a Gaza

Tras las marchas de solidaridad con Palestina y Gaza que han recorrido París en las últimas semanas, la manifestación de hoy deja un sabor a romería. Hoy no había manifestantes que gritasen. Como una metáfora de quién controla la movilización social, los gritos de los "animadores" de las furgonetas sindicales era lo único que amenizaba la marcha. Tras los gritos de estos animadores, por la megafonía también suenan a todo volumen los grandes éxitos de los 80 y 90: The final countdown, Money for nothing, Ska-P... Incluso se pudieron escuchar por megafonía la famosa consigna "Yes, we can". Y al lado de "las masas", decenas de los puestos callejeros de salchichas y cervezas... que estaban atendidos por blancos. Todo un retrato de una movilización de clase media acomodad francesa, que no es capaz de romper el corsé sindical (ni probablemente quiera) que la saca a la calle de paseo para liberar un poco de presión social.

La ausencia de presencia policial indica hasta qué punto el sistema tiene asimilado este tipo de manifestaciones. En la última mani de Palestina (el domingo pasado) desde un kilómetro antes de llegar al final, todas, absolutamente todas las bocacalles de la gran avenida por la que se circulaba estaban bloqueadas por furgonetas de la policía y antidisturbios. Hoy prácticamente no había ni un solo antidisturbios. El domingo, los gritos de la gente ocultaban la megafonía de las furgonetas, se notaba que había sangre en las venas. Hoy, una gran parte de los manifestantes, portando todo el merchandising de los sindicatos de turno, hacía fila en las aceras de las avenidas para "ver pasar" al resto de manifestantes. Como en los tontódromos de los pueblos: los que están paseando miran a los que están sentados y viceversa.

Muchas cosas quedan en evidencia en días como hoy: el racismo oculto que divide Francia en dos mitades separadas, el control institucional y la farsa de estas grandes movilizaciones de masas, la tranquilidad con la que el gobierno francés encara este tipo de movilizaciones y la prostitución de los conceptos de lucha, manifestación y huelga. Los grandes sindicatos de masas siguen siendo pilares insustituíbles del sistema capitalista. Adaptando lo que dijo un individuo de cuyo nombre no quiero acordarme, el mundo ha cambiado y debemos cambiar con él (si queremos cambiarlo).

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