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11/06/2019 :: Europa, Asia

Aung San Suu Kyi en Hungría: Un símbolo escalofriante de la islamofobia global

x Peter Oborne
El espectáculo de la reunión de la Premio Nobel birmana con Viktor Orban pone de relieve la monstruosa amenaza a que se enfrentan los musulmanes en todo el mundo

Durante muchos años, Aung San Suu Kyi fue una heroína para Occidente. A lo largo de un prolongado período de arresto domiciliario, su solitaria batalla por la libertad y la democracia en Myanmar la convirtió en un ícono casi tan grande como Nelson Mandela. En 1991, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz; Mandela lo compartiría dos años después.

Pero los tiempos han cambiado. Desde que fue nombrada consejera de Estado de Myanmar, se ha convertido en la apologista política más visible de la limpieza étnica –yo diría que del genocidio- de alrededor de 25.000 musulmanes rohingya en la oleada de violencia que se extendió por todo el país en 2017.

Otros 700.000 fueron expulsados de sus hogares. Grupos por los derechos humanos han acusado a las fuerzas de seguridad de la violación sistemática de mujeres y niñas rohingya.

Sin embargo, Aung San Suu Kyi cree que en Myanmar no se ha hecho nada censurable. Esto ha quedado muy claro tras su repugnante reunión del miércoles pasado con el primer ministro húngaro, Viktor Orban, en Budapest.

Clima de temor”

Una declaración emitida después de la reunión señalaba que los dos líderes tienen mucho en común. Se mostraron particularmente de acuerdo en “la aparición del problema de la coexistencia con poblaciones musulmanas en continuo crecimiento”.

Tanto Orban como Aung San Suu Kyi suscriben las versiones de la nociva tesis del “choque de civilizaciones” expresada por el académico estadounidense Samuel Huntington en la década de 1990. Para Orban, el cristianismo es la última esperanza de Europa frente a la expansión islámica, y Hungría es la última línea de defensa. Esto ha llevado a Orban a atacar a los inmigrantes musulmanes, refiriéndose repetidamente a ellos como terroristas.

Para Aung San Suu Kyi, el islam representa una amenaza existencial para la cultura budista de Myanmar. Ya en 2013, fue criticada por negar la limpieza étnica de los musulmanes en la región, culpando de la violencia al “ambiente de miedo”.

Occidente estaba tan ansioso de apoyar a Aung San Suu Kyi en su batalla contra los generales de la dictadura militar de Myanmar, que ignoró las señales de su adhesión a un nacionalismo budista que se ha manifestado de forma muy brutal en los últimos años.

Aung San Suu Kyi recibida por el ultraderechista primer ministro de Hungría Viktor Orban el pasado 5 de junio.

Retórica nacionalista

La budista Aung San Suu Kyi y el cristiano Orban son parte integral de un movimiento político transcontinental que ve al islam como una amenaza mortal para los países que ellos lideran. Es un sentimiento adoptado por la China de Xi Jinping, que está llevando a cabo actualmente un genocidio cultural contra los uigures del este del Turquestán.

La situación es preocupantemente similar en la India de Narendra Modi, donde cada vez más musulmanes se enfrentan a un nivel de persecución que no se veía desde los tiempos de la independencia.

Esta reunión de Orban y Aung San Suu Kyi plantea preguntas importantes para el resto de nosotros. Se ha convertido en el idioma predeterminado de los regímenes de derecha y nacionalistas para atacar a sus minorías musulmanas. El encarcelamiento, el asesinato y la tortura se justifican con base en la idea de que todos los musulmanes son enemigos internos que encarnan la amenaza existencial del islam.

El mismo lenguaje antimusulmán puede escucharse en el Partido Conservador gobernante en Gran Bretaña, así como en el derechista Partido del Brexit y en los restos del UKIP (siglas en inglés del Partido por la Independencia del Reino Unido). Es el lenguaje común entre los partidos de extrema derecha en el continente europeo y representa una horrible perversión de la verdad.

Una amenaza mítica

Luego tenemos, por supuesto, al presidente de Estados Unidos Donald Trump. Sus esfuerzos para que se prohibiera la entrada de musulmanes en ese país y su agenda general contra la inmigración son casi idénticos a los puntos de vista de Orban.

Los dos estaban llenos de elogios y admiración mutua cuando Orban visitó la Casa Blanca el mes pasado. El apoyo a Trump entre los monjes antimusulmanes de Myanmar está asimismo bien documentado.

La supuesta amenaza del islam para Occidente no es sino un mito. Millones de musulmanes se han establecido en Occidente para disfrutar de los beneficios de la vida occidental y para contribuir como trabajadores, empresarios y ciudadanos.

Millones más están haciendo campaña por lo mejor de los valores occidentales: libertad de pensamiento y expresión, Estado de derecho e igualdad de oportunidades frente al oscurantismo.

Sin embargo, el último espectáculo de la reunión entre Aung San Suu Kyi y Orban debería servir de recordatorio importante de la monstruosa amenaza a que se enfrentan los musulmanes por todo el mundo. Si alguien está bajo amenaza son los rohingya en Myanmar, los inmigrantes musulmanes en Hungría y los cientos de miles de uigures que aún se encuentran recluidos en campos de detención.

Desafiando falsedades

Hace menos de 25 años, más de 8.000 bosnios musulmanes fueron asesinados en la masacre de Srebrenica. Los autores serbio-bosnios valoraron sus acciones como una defensa de su identidad nacional y étnica. Otros incluso siguen negando que se produjera ese genocidio.

El comandante del ejército que llevó a cabo el genocidio en Srebrenica fue Ratko Mladic, también conocido como el “carnicero de Bosnia”. Finalmente, fue condenado por el genocidio y sentenciado a cadena perpetua hace dos años. Pero cuando fue llevado ante la Corte Penal Internacional por vez primera en 2011, estas fueron sus palabras: “Defendía a mi pueblo y a mi país”.

¿Cuánto tiempo más debemos seguir escuchando a los líderes mundiales usar este mismo lenguaje escalofriante contra los musulmanes antes de empezar a desafiar sus falsedades y mitos?

Middle East Eye. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. Extractado por La Haine.

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