Bolivia: un volcán en erupción

Bolivia se ha convertido en un gigantesco laboratorio político social. Desde la conquista hasta nuestros días sus pueblos no han dejado de luchar un solo día; acontecimientos como los Tupac Katari, siglo XVIII, Zárate Villka, siglo XIX, Ramos Chipana, mediados del siglo XX, los movimientos sociales de 1952, las acciones contra las dictaduras en los años 70, los alzamientos de 2000, 2002, 2003 y ahora marcan el termómetro de las luchas sociales. Esta vez, son tres los asuntos que enfrentan a los indígenas con la oligarquía cruceña y la administración anodina y chalanera de Carlos Mesa: la nacionalización de los hidrocarburos, las autonomías y la convocatoria a la Asamblea Constituyente. Los indígenas de todo el país se oponen a las autonomías y piden las dos otras medidas urgentes con un plazo hasta el día martes de la próxima semana, de lo contrario se ampliarán las acciones de hecho: bloqueo de caminos y huelgas indefinidas en diversos segmentos sociales.
La coyuntura actual puede caracterizarse como una movilización nacional de los sectores populares, encabezadas por los indígenas, en torno a peticiones concretas como las ya mencionadas. Un gobierno pusilámine, maniatado por sus propias contradicciones y ambivalencias, sin respaldo político, aislado de la sociedad. Un presidente que no gobierna, sin iniciativa encerrado en su "palacio quemado", esperando los acontecimientos.
Un parlamento, portavoz de las petroleras, sin dignidad, completamente devaluado y rechazado por el pueblo, con sus maniobras, y las reticencias del ejecutivo a promulgar la Ley de Hidrocarburos, desataron una división real entre los que defienden al país y sus recursos naturales.
En este contexto las Fuerzas Armadas, preocupadas por las autonomías reclamadas por la oligarquía cruceña, especta el desarrollo de los acontecimientos con la advertencia de que no tolerará acciones "fuera del marco constitucional".
Lo que se vive, en estos momentos en Bolivia, es una crisis política caracterizada por un gobierno que no pueda gobernar más porque los problemas son tan grandes y graves, y el pueblo que ya no soporta más al régimen, en consecuencia, debe resolverse esta situación en el término concedido por las masas a los poderes legislativo y ejecutivo.
Por su parte, empresarios, Derechos Humanos, Defensor del Pueblo y La Iglesia llaman a un encuentro para superar el momento, pero no son escuchados, prque la contradicción es fuerte y espera decisiones, no diálogo. Es el poder dual que coexiste: por un lado el gobierno con todas sus fuerzas militares en apronte, que busca salidas sin conseguirlo, y por otro, el pueblo, con sus fuerzas sociales listas para radicalizar más acciones en los próximos días y en espera de respuestas a sus dos peticiones: nacionalización de los hidrocarburos y convocatoria a la Asamblea Constituyente.
La paz y el diálogo invocado por autoridades del gobierno, no funcionan, porque esas fueron siempre un arma de doble filo y favoreció en todas las ocasiones al gobierno y sus aliados. Ahora se trata de dos decisiones que debe tomar el ejecutivo sobre los dos temas muy delicados. Al parecer la solución al conflicto no es fácil para el gobieno, pero las masas están decididas a continuar sus luchas hasta lograr sus objetivos.
Pero las luchas de los indígenas ya no son simplemente por algunas reivindicaciones sociales y políticas; sus combates cotidianos apuntan a la toma del poder estatal, después de 180 años de gobiernos oligárquicos.
Todas sus acciones llevan a esta conclusión, es pues el fin del Estado K'hara. Es impotante señalar que no habrá paz y tranquilidad para nadie entre tanto no se resuelva la contradicción interna principal: o el gobierno sigue estando en manos de los K'haras hasta que llegue el momento oportuno, o los indígenas, encabezando a todos los sectores populares asumen el gobierno para establecer un nuevo Estado nacional que requiere el país. Esa parece ser la solución de fondo a corto plazo.
La Paz, 27 de mayo del 2005
Eusebio Gironda Cabrera







