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15/04/2018 :: Colombia

Colombia: La amargura de Gabriel Ángel

x Alberto Pinzón Sánchez
El comandante guerrillero Gabriel Ángel saca la daga de la venganza y pide "juicio justo" para su camarada de armas y de infortunio, Jesús Santrich

El montaje judicial que han hecho contra Jesús Santrich, dos enemigos declarados de la paz en Colombia, uno, el juez de los EEU Geoffrey S. Berman, ficha de Donal Trump según la siguiente nota https://www.las2orillas.co/el-juez-ficha-de-trump-que-ordeno-la-captura-contra-santrich/, y otro, el Fiscal de Colombia Martínez Neira, de quien todo el país sabe que es ficha económica del multimillonario Sarmiento Angulo y agente político del delfín oligárquico enemigo de la Paz Vargas Lleras, no solo ha estremecido los cimientos del pacto Santos-Timochenko para liquidar la guerrilla de las Farc-EP e imponer una enrevesada paz neoliberal Santista, sino que ha estremecido al partido surgido de ese pacto. Y también, al parecer, ha sacudido profundamente la “limpia conciencia guerrillera” de Gabriel Ángel, el destacado alumno de los jesuitas en el colegio de San Bartolomé, quien gracias a sus dotes de escribano bien redactado y a la antigua enfermedad de su jefe en el Bloque Oriental Timochenko, no la cardiaca ni la pulmonar sino la obstrucción de la arteria cerebral interna derecha (ver parte médico https://canal1.com.co/noticias/nacional/clinica-shaio-revela-parte-medico-timochenko/), se convirtió en su alter ego intelectual y político, y en su redactor y vocero escrito.

Yo también conocí a Gabriel Ángel en el Caguán a fines del siglo XX, cuando en aquella famosa Comisión de los Notables, debí entrevistarme con algunos de los comandantes guerrilleros que adelantaban los diálogos de paz con el pérfido gobierno de Pastrana. Un bonito y soleado día caguanero se me acercó y largándome un rollo escrito titulado “la luna del forense”, ya amarillento de tanto cargarlo en su “mochila guerrillera” de donde parece proviene toda su artera artillería literaria, contenía una serie de relatos bien escritos de su vida guerrillera, vistos bajo la sufrida óptica de un abogado colombiano que había aplazado el ejercicio exitoso de su profesión de “doctor en leyes” para irse al monte a defender sus ideales revolucionarios. No lo volví a ver nunca más. Creo que hice alguna mención a su prosa y continué leyéndolo con atención en los escritos de Timochenko y en su columna en el portal de las 2 orillas.co.

Hoy, también después de leer la última columna de Gabriel Ángel en las 2 orillas dedicada a su compañero de armas Santrich (https://www.las2orillas.co/duele-lo-que-le-pasa-santrich-amarga-su-efecto/) he tenido un estremecimiento, que me subió a la garganta y a la punta de los dedos, rompiéndome la prudencia. Creo que como dijo el poeta, callar en este momento más que una cobardía, es una Ignominia.

El columnista usa la mejor de las armas discursivas jesuíticas aprendidas en su bachillerato: comienza su columna mostrando bellamente su amistad y cercanía con su ex camarada acusado, involucrando sentimientos bastante nobles de amistad y hasta de compañerismo, para luego en los párrafos finales y al descuido del lector, meterle por la espalda la daga trapera de la acerbía de su venganza descompuesta:

“Santrich (quien osó contradecir a su jefe durante las negociaciones en la Habana que terminaron con el pacto Santos-Timochenko para liquidar y aplastar política, militar, ideológicamente y luego electoralmente todo el acumulado histórico de más de cinco décadas de resistencia popular al terrorismo de Estado contrainsurgente) debe mostrar su inocencia en un juicio Justo”. Los audios que presenta la Fiscalía no solo son creíbles, "…sino desconcertantes. Produce verdadero estremecimiento imaginar el significado que tendría lo que de ellos se desprende, tanto que no me atrevo a escribirlo."

El escritor que antaño reclamaba solidaridad a la sociedad civil y a la movilización social y popular con los guerrilleros de las Farc-EP, acusados por la justicia estadounidense y su extensión contrainsurgente de Colombia de ser narcotraficantes, o por lo menos cómplices y conspiradores del delito oficial del narcotráfico. Aquel forense que bajo la luna de las selvas colombianas convivió y compartió cambuches, cancharinas, chontos y aguaceros con raspachines y campesinos cocaleros, con cantineros, ex coperas, ex meseras y ex sirvientas de casas ricas y una que otra intelectual cordobesa, etc. Que cobró “gramajes” a los “compradores y cascareros del narco”, ahora con la conciencia limpia por el pacto liquidador (no sabemos aún con cual fin, quizás ya se negoció secretamente en alguna reunión privada en palacio la cabeza de Santrich para dejar en paz la de los demás “extraditables de las Farc” ), grita desvergonzadamente desde las otra orilla con el mismo grito de quienes aspiran a la inmortalidad de los ángeles: ¡Al Ladrón! ¡Cojan al Ladrón!

¿Para qué, se preguntaría uno?

Pues para presentarlo ante la justicia de los dominantes y que allí responda, sin que pueda responder, por el montaje que bien le han montado, y le hagan el juicio justo de los tomistas y doctores de la ley. Luego soltarle encima todo el peso de la ley hasta aplastarlo de por vida en una mazmorra sin luz. ¡Un ciego en una mazmorra sin luz y a treinta metros bajo tierra, posiblemente en Guantánamo Bay! Como a Simón Trinidad. ¡Vaya con los revolucionarios tan solidarios!.

¿Son esos los ideales nobles, humanistas, altruistas y solidarios de un revolucionario que durante muchos años ha luchado y disparado tiros matando e hiriendo hijos de Dios, o seres humanos semejantes enviados a capturarlo por ser un enemigo interno?

Todo revolucionario sabe, no por libros sino por propia experiencia y mucho más en Colombia donde se vivió en carne fría, que su diferencia con un BANDIDO son esos ideales. La Ideología revolucionaria. Esa que Gabriel Ángel invoca hipócritamente (no para él sino para los demás), antes de sacar la daga de la venganza y pedir el juicio justo para su camarada de armas y de infortunio, quien tuvo la osadía de discrepar abiertamente de los yerros producidos por la afasia mental de su jefe protector, a quien le escribe sus escritos y discursos.

...”Si queríamos mantener nuestra frente en alto, debía caracterizarnos la transparencia más absoluta” …..

Ante esto, bien vale la pena preguntarse ¿Ya se acogió Gabriel Ángel, en su calidad de comandante guerrillero de alto rango, a la Justicia Especial para la Paz (JEP) como SI lo ha hecho valientemente Santrich, para contarle a los colombianos del Común sobre su trasparencia más absoluta, en aquellas silenciosas selvas colombianas alumbradas por le eterna luz de la luna?

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