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Bolivia :: 21/05/2026

Dias de furia en Bolivia

Huella del Sur
Seis meses después de asumir, el régimen de Rodrigo Paz enfrenta una rebelión social que le puede costar la continuidad de su gobierno. Decenas de heridos y más de 150 detenidos

Votado como "el menos malo" en un ballotage, se ha convertido en el principal destinatario de la furia popular por sus medidas derechistas.

El domingo 19 de octubre de 2025, en segunda vuelta, se consagró presidente de Bolivia a Rodrigo Paz Pereira del Partido Demócrata Cristiano que se presentó como una opción "centrista" frente al representante de la más tradicional derecha local, Jorge "Tutto" Quiroga, de Alianza Libre.

Frente a la crisis del MAS, muy golpeado por la floja gestión de Luis Arce, y por las divisiones internas, Paz pudo acceder a la segunda vuelta planteando algunos compromisos que los diferenciaban del candidato ultraderechista. Afirmó que no modificaría la Constitución del estado Plurinacional, que mantendría los derechos obtenidos por los trabajadores y comunidades originarias y que haría una mejor gestión de los recursos. Prometió además una ampliación de la cobertura social y acceso universal a prestaciones sociales.

Rodrigo Paz, nacido en España, era hijo del ex presidente Paz Zamora, que gobernó Bolivia entre 1989 y 1993 con medidas neoliberales y corrupción. Se presentó como una alternativa progresista, con un discurso moderado. Y fue votado por un 54% del pueblo boliviano como el "menos malo" de quienes se presentaban al ballotage.

El supuesto progresismo de Paz duró muy poco. Desde que asumió el gobierno inició un feroz ajuste que quitó el subsidio a los combustibles, avanzó en la políticas de privatización y saqueo de los bienes naturales, tomó iniciativas para "municipalizar" la salud y la educación pública, intentó abrir las puertas a la megaminería y se propuso avanzar con impuestos sobre las pequeñas propiedades agrarias particulares y comunitarias. Entre sus fechorías mas impopulares, importó combustibles de mala calidad que afectaron a buena parte del parque automotor.

Bolivia ha estado cruzado tradicionalmente por diferencias en el seno del pueblo que separan a los mineros, trabajadores y pequeños comerciantes urbanos, de las poblaciones del interior conformadas por familias campesinas con un mayor componente originario. Pero estas diferencias empezaron a atenuarse cuando los vecinos de El Alto, el conurbano de La Paz, que habían votado mayoritariamente al nuevo presidente, empezaron con sus demandas que se empezaron unir con la de los mineros artesanales y las comunidades originarias campesinas del interior.

El gobierno de Paz ha contestado a los mas de 70 bloqueos de carreteras, promovidas por la Central Obrera Boliviana, con una fuerte represión que hasta el momento tiene el saldo de cuatro muertos, decenas de heridos y más de 150 detenidos. Como ocurría en los tiempos de la resistencia a las gestiones coloniales, los bloqueos a la ciudad de La Paz impiden llegar alimentos y otros bienes a la capital administrativa del país y sede los poderes Ejecutivo y Legislativo. Allí se produjeron la mayor cantidad de heridos y detenciones.

Con el correr de los días y el agravamiento de los conflictos, las consignas de las movilizaciones dejaron de ser sectoriales y se sintetizaron en el pedido de la renuncia inmediata del presidente que asumió hace seis meses. De hecho el conflicto se ha nacionalizado y ya desde otros bastiones de la derecha, como es la gobernación de Santa Cruz, se exige mayor represión, acabar con los bloqueos y que se aplaste la protesta a sangre y fuego.

También han aparecido actores internacionales involucrados en el conflicto. El más notorio es el presidente argentino, el ultraderechista Javier Milei, que envió una supuesta ayuda humanitaria en dos aviones Hércules. Los manifestantes denuncian que lo que se envió en esos aviones fueron armas y equipos para la acción represiva. Evo Morales ha advertido que además esos aviones militares fueron utilizados para transportar contingentes represivos desde cuarteles del interior de Bolivia hacia La Paz.

Se ha denunciado también la injerencia del Comando Sur de EEUU que se ha hecho presente con visitas a cuarteles militares en los últimas semanas, dando indicios de ya están colaborando con el accionar represivo de la misma forma que lo están haciendo en Ecuador. En el relato mediático de lo que está sucediendo en el país también han empezado a operar el ejercito comunicacional que responde a los intereses estadounidenses, que intenta desvirtuar los motivos del conflicto.

En las calles de La Paz, y en distintas localidades del interior se advierten la formación de asambleas donde se expresa la protesta popular y se está discutiendo como continuar este plan de lucha para echar al presidente. En los debates aparecen cuestiones que no solo tienen que ver con la resistencia al ajuste, sino con la oposición a las política de sumisión a poderes internacionales de un presidente que no ha nacido en el país y no habla lenguas originarias.

Quién aparece con expectativas de capitalizar el conflicto es el actual vicepresidente, el ex policía, abogado y político Edman Lara Montaño, conocido como "Capitán Lara". Este funcionario del alto gobierno entró en colisión con el primer mandatario ni bien se inició su gestión y en consecuencia fue desplazado de la toma de decisiones. Lara se ha opuesto a las políticas de ajuste, especialmente a la eliminación de los subsidios a los combustibles. Utilizando las redes sociales, ha criticador hechos de corrupción, atribuidos a la actual gestión. También se ha deslindado del reciente accionar represivo.

El 19 de mayo envió una carta abierta a Rodrigo Paz afirmando que "gobernar no es perseguir o encarcelar a quien piensa distinto". Cuestionó además la orden de detención librada contra Mario Argollo, principal dirigente de la COB, y 34 de sus dirigentes. Debido a que el actual vicepresidente sigue al frente del Parlamento, puede ocurrir que el conflicto en las calles se traslade a lo institucional.

Por su parte el expresidente Evo Morales se ha expresado denunciando las políticas de saqueo, condenando la represión y sumándose al reclamo popular de que el presidente Paz debe renunciar y en 90 días se debe convocar a nuevas elecciones.

Es difícil pronosticar lo que sucederá en Bolivia, un país poblado por mayorías indígenas y campesinas que se resiste a ser recolonizadas. Lo más significativo es que la crisis política boliviana no es un conflicto de palacio. Lo que ocurra en adelante, se producirá con el pueblo en la calle y una fuerte presencia de movimientos populares y centrales sindicales organizadas.

 

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