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13/06/2021 :: Bolivia

El encarcelamiento de Arturo Murillo hunde a la derecha en Bolivia

x Sebastián Ochoa
"Ni Camacho ni Áñez ni Murillo deben saber lo que es el falangismo. Pero en términos ideológicos expresan eso, aunque no sepan qué es"

La escandalosa captura del exministro de facto Arturo Murillo en EEUU generó en Bolivia un sinfín de acusaciones y desconocimientos entre políticos que apoyaron el golpe de 2019. El Órgano Judicial sigue investigando los delitos cometidos por el régimen de Jeanine Áñez.

El arresto en EEUU de Arturo Murillo, exministro de Gobierno de la presidencia de Jeanine Áñez (2019-2020), provocó un temblor en la política interior boliviana, que amenaza con tumbar a varias fichas, protagonistas del golpe de Estado del 2019.

Mientras los líderes de la derecha se despegan de los exfuncionarios de Áñez presos —ella encarcelada también—, se observa una avanzada judicial sobre algunos opositores que ganaron en las elecciones subnacionales de abril pasado.

Con la caída de Murillo, "se derrumbó la imagen política del régimen de la señora Áñez. Seguido a ello, este hecho de corrupción desportilla a todo el bloque de derecha política al MAS", dijo a Sputnik el politólogo Marcelo Arequipa.

El régimen de facto de Áñez gozaba de cierto apoyo en la población más rica, el mismo sector que aún asegura que Evo Morales (2006-2019) cometió fraude en las elecciones presidenciales del 20 de octubre de 2019. Bajo esa sospecha —que se demostró falsa— se avaló el derrocamiento del líder del Movimiento Al Socialismo (MAS), también la matanza de al menos 37 personas en varias masacres, como las de Sacaba (Cochabamba) y de Senkata (La Paz).

La caída en desgracia de Murillo causó, en un primer momento, una avalancha de negadores: nadie lo conocía, nadie lo había recomendado para el cargo, todos los integrantes del gabinete de Áñez aseguraron que siempre lo habían criticado, aunque por lo bajo. Luego de esta primera reacción, continuó una segunda ola de desconocimientos y críticas, esta vez entre los mismos políticos que habían participado o apoyado al gobierno golpista.

Casi todos se desentendieron de Áñez, quien también está implicada en el caso Gases —llamado así por la compra fraudulenta de gases lacrimógenos en EEUU a cargo de Murillo—: la expresidenta firmó la salida de 5,6 millones de dólares del Banco Central para la transacción. Esta investigación "encuadra al señor Murillo como uno de los personajes más peligrosos y funestos de la historia política reciente de este país", agregó Arequipa.

En definitiva, "este hecho termina siendo una victoria moral del masismo sobre el antimasismo", dijo. Desde que volvió al poder, el MAS anhela realizar un juicio por responsabilidades contra Áñez y sus colaboradores por los crímenes que habrían cometido durante su régimen inconstitucional. Para ello necesitaría los votos de dos tercios del Parlamento, pero actualmente el MAS solamente tiene el 50% de asambleístas.

Sin embargo, tal daño generó el caso Murillo en la derecha que incluso Carlos Mesa, líder del mayor partido de derecha (Comunidad Ciudadana), dijo que sus asambleístas viabilizarán los juicios por responsabilidades contra Áñez y su gente "solamente si están adecuadamente fundamentados, sin dejar de lado la exigencia de que se garantice el debido proceso y que se realicen respetando la independencia y transparencia en la administración de Justicia".

La caída del Nº 2 de Áñez

Murillo fue detenido en Florida, EEUU, acusado de lavado de dinero y de participar en sobornos para la compra de material represivo para la Policía boliviana. Si bien esta causa se desarrolla en el país del norte, en Bolivia se iniciaron investigaciones por el mismo hecho.

Fueron llamados quienes integraron el gabinete de Áñez. Ella misma declaró por siete horas, hasta que se descompensó. En EEUU hay cinco personas involucradas en este caso, entre ellas Murillo. En Bolivia hasta ahora son cuatro los detenidos: dos exfuncionarios del Ministerio de Defensa, así como el excuñado de Murillo, Daniel Aliss, y su exedecán, el capitán Daniel Bellot.

Sobre la detención de Murillo, la socióloga Rocío Estremadoiro dijoque "así debería caer todo corrupto de cualquier Gobierno. Pero lamentablemente eso está supeditado a quienes manejen coyunturalmente el poder".

El Gobierno boliviano pide que la "expresidenta" Áñez y su gabinete declaren en caso de corrupción

Por ello, evaluó que el MAS "está haciendo un uso politiquero de lo que ha pasado a Murillo", que se enmarca "en esta permanente

pugna de poder que desde 2019 se da entre el masismo y la fragmentada derecha partidaria"."Ya con Áñez vimos cómo los malos manejos en gestión pública se ventilaban solamente cuando le convenía al Gobierno de ese entonces, por ello se persiguió a algunos exfuncionarios y exautoridades del MAS", dijo Estremadoiro.

Para la socióloga, "es igual en el actual Gobierno. Solamente se ventilan los casos de corrupción cuando se trata de dañar al rival político".Y repuso: "Si cuando estás en el poder persigues a tus opositores, pero tú como gobernante eres prácticamente impune —así hayas cometido delitos semejantes o parecidos a los del opositor político— entonces la lucha contra la corrupción se desvirtúa".

'Pititas' (niños bien) reciclados

El apresamiento de Murillo propició la caída del aparato discursivo que sostuvo al régimen de Áñez y que dio argumentos a algunos opositores para legitimarse en las elecciones subnacionales de abril pasado, cuando varios políticos pititas accedieron a cargos de poder, como alcaldías y gobernaciones.

Uno de ellos es el exministro de Obras Públicas de Áñez, Iván Arias, devenido alcalde de La Paz. Fue citado a declarar como testigo del caso "Gases". A la salida del juzgado, sermoneó ante la prensa: "Uno de los aspectos que más ha afectado a la credibilidad de la democracia es la corrupción. En estas circunstancias, el peso de la ley debe sancionar a cualquiera que sea encontrado culpable".

Agregó que "en el caso de los gases lacrimógenos, el gabinete firmó un decreto. Tras cumplir todas las formalidades, se aprobó que se compren gases lacrimógenos. No se aprobó un decreto para que un exministro se corrompa", dijo en referencia a Murillo.

Como presidente del Comité Pro Santa Cruz, el empresario ultraderechista cruceño Luis Fernando Camacho lideró varias movilizaciones violentas contra Morales en los días previos a su derrocamiento. Incluso le había llevado a La Paz una carta para su renuncia. Actualmente es gobernador de Santa Cruz de la Sierra (este), el departamento más grande del país.

Camacho ha designado a dos ministros del primer gabinete de Áñez (para darles impunidad): Jerjes Justiniano como ministro de Gobierno y Luis Fernando López como ministro de Defensa. Este último también está involucrado en el caso Gases, pero está escondido en Brasil.

Camacho, rápido de reflejos, sacó un tuit apenas supo lo de Murillo: "En su momento fuimos claros: el pueblo luchó contra el fraude, pero después los viejos políticos se apropiaron del poder y traicionaron nuestra lucha".

Días atrás, José Luis Camacho, padre del gobernador cruceño y fascista de viejo cuño, huyó a EEUU. Está incluido en la denuncia por el golpe de Estado de 2019, formulada por la exdiputada Lidia Patty. Por esta misma causa se encuentra tras las rejas Áñez.También quienes fueron sus ministros de Justicia, Álvaro Coímbra, y de Energías, Rodrigo Guzmán.

José Luis Camacho fue involucrado en esta denuncia por su propio hijo, quien apareció en un video asegurando que su papá "había arreglado" con militares para que apoyaran el golpe (argumento acordado con su padre para aparecer limpio ante la gente). El actual río revuelto fue aprovechado para avanzar en el enjuiciamiento de otro opositor al MAS: Manfred Reyes Villa, quien estuvo 10 años huido en EEUU luego de que fuera derrotado por Morales en las elecciones presidenciales de 2009.

Regresó a Bolivia luego del derrocamiento de Morales, a pesar de que sobre él pendían denuncias, procesos y condenas por sus gestiones como alcalde y prefecto de Cochabamba. No obstante, en las elecciones de abril pasado fue elegido alcalde de esta ciudad.

A principios de junio, la Comisión Mixta de Justicia Plural de la Asamblea Legislativa aprobó tres informes para iniciar juicios de responsabilidades por los hechos de 2007 recordados como Enero Negro, cuando tres personas fueron asesinadas en peleas entre civiles y fue incendiada la Prefectura cochabambina. Uno de los acusados es Reyes Villa, en ese momento prefecto de Cochabamba —actualmente este cargo corresponde al de Gobernador—.

Para Arequipa, "creo que las investigaciones van a continuar. Me da la impresión de que van a seguir apareciendo en las siguientes semanas casos parecidos al de Murillo".

Huida desbandada

Ante la actual avanzada judicial, cada opositor escapa por su lado. "La oposición partidaria tradicional al partido hegemónico, que es el MAS, siempre ha sido fragmentada, nunca ha podido unificar un proyecto político", dijo Estremadoiro.

La socióloga describió a la derecha como poseedora "precariamente de una ideología conservadora que rescata algunos aspectos del falangismo. Por otra parte, está constituida por el llamado 'neoliberalismo tradicional'. Pero creo que la derecha no representa una ideología clara por su misma fragmentación. Los une simplemente la oposición al MAS".

El 21 de febrero de 2016 se hizo un referéndum para que la población decidiera si viabilizaba una cuarta postulación presidencial para Morales, en 2019. Aunque esta posibilidad fue rechazada en las urnas, el entonces presidente recurrió al Tribunal Constitucional, que finalmente habilitó la nueva reelección.

"La hegemonía del MAS empezó a decaer luego del famoso 21 de febrero [de 2016]. Esa leve pérdida de hegemonía finalmente se condensa en lo que ocurrió en 2019. Efectivamente, esa expresión de malestar de cierto sector de la población hizo que se precipite el Gobierno de Morales", afirmó Estremadoiro. "Obviamente, ahí pescaron en río revuelto los partidos tradicionales opositores", continuó.

De este modo, el proceso que encaramó a Áñez "tiene pues ribetes ideológicos falangistas, ultraconservadores; plantea discusiones sumamente anacrónicas, como la vuelta de la Biblia al Palacio de Gobierno, como si viviéramos en plena Edad Media".

El falangismo, surgido en España en la década del 30, fue un movimiento de extrema derecha que prendió con fuerza en algunos países de América Latina. En Bolivia tuvo su partido en la Falange Socialista Boliviana (FSB), que enaltecía el nacionalismo de ultraderecha y el catolicismo, más que nada.

"Ni Camacho ni Áñez ni Murillo deben saber lo que es el falangismo. No creo que tengan mucha lectura de la historia política del país. Pero en términos ideológicos expresan eso, aunque no sepan qué es", comentó Estremadoiro.

Sputnik / La Haine

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