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24/03/2020 :: Mundo, México

En medio de la pandemia, un adiós a Alejandro Nadal

x Federico Delgado
Falleció uno de los mejores economistas críticos de México, autor habitual de La Haine

El 17 de marzo falleció Alejandro Nadal. Uno de los mejores economistas críticos de México y cuyos análisis disfrutamos a través de sus escritos. El 26 de junio de 2017, Nadal enfatizó que “La crisis financiera desatada en el año 2008 señaló el fracaso del proyecto de globalización neoliberal, evidenciando la necesidad de contar con nuevas herramientas analíticas para comprender las dinámicas propias de esta etapa del capitalismo global, así como con nuevas políticas que corrijan las nocivas consecuencias del desenfreno de los mercados y la desregulación financiera. Una de estas nuevas políticas es la Renta Básica universal e incondicional (RB)” Un tiempo después, el 13 de marzo de este año y en plena crisis global del coronavirus, expresó que “Los ciclos y crisis en el capitalismo pueden suceder de manera irregular. Esto es parte del movimiento anómalo de una economía que es intrínsecamente inestable. La gran crisis de 2008 fue resultado de ese tipo de procesos. Y para sacar a flote a una economía que ha caído en el desequilibrio se necesita inyectarle liquidez en buenas cantidades”

Estas citas arbitrarias no pretenden resumir su vasta obra. Simplemente son una invitación para mantener vivo su pensamiento crítico. En particular, en situaciones como la argentina. Nuestro país debate, en medio de la estanflación y la desarticulación social derivada del paradigma neoliberal, cómo enfrentar la pandemia global. La primera gran respuesta del gobierno nacional para hacer frente a los efectos sociales y económicos de la crisis la conocimos el 17 de marzo. Las medidas constituyen una señal alentadora, ya que en términos generales se dirigen a inyectar recursos para dinamizar la actividad económica. En otras palabras, se alejan de las políticas de austeridad neoliberales, que inexorablemente culminaron en mayor endeudamiento nacional e individual, en mayor desempleo y en mayor precariedad.

Como en la crisis de 2008, el poder del Estado puede sostener con sus bríos a los sectores financieros que se distinguen en este capitalismo posindustrial o utilizar su fuerza para paliar esta crisis civilizatoria. Sabemos que en esta fase de la historia el Estado es guardián estructural de la relación social capitalista. Y a partir de esa premisa, sabemos también que, en determinados contextos, para preservar esa relación el Estado puede y debe inclinarse en favor de los sectores más vulnerables precisamente para salvar este formato general del funcionamiento social, anclado en la extracción de plusvalor de unos pocos respecto de la inmensa mayoría.

Pero quizá miramos un solo él lado de la crisis que más directamente nos afecta y olvidamos otros. Por ejemplo, el de las posibles salidas. Como sostenía Nadal “Para una economía que ya se encontraba en fase de semi estancamiento, la situación se ha complicado mucho” (Sin Permiso 13-3-20) Ello invita a pensar nuevos escenarios en los que residen las oportunidades.

¿Oportunidades de qué? Básicamente de evitar que nuestra realidad material se aleje cada día más del contenido político de la “Declaración de los de Derechos del Hombre y del Ciudadano” de 1789. Es evidente que los efectos económicos del coronavirus se van a traducir, en el marco del neoliberalismo, en mayor desenfreno de los mercados, en más auge de la desregulación financiera y en un incremento del disciplinamiento social inherente a esos vectores. En otras palabras, la distancia entre el mundo de la vida de las grandes masas y el derecho a la existencia aumentará. Por ese camino, “la fraternidad” a la que aludieron los revolucionarios franceses; es decir, la independencia civil derivada de contar con los mecanismos para acceder de propia mano a los medios materiales para vivir, será una quimera.

Sin embargo, la fractura que esta combinación de un sistema económico alejado de las mayorías y afectado por la pandemia global, generó un escenario abierto para profundizar la discusión sobre la pertinencia de las políticas republicanas de izquierda. Entre ellas, la Renta Básica Universal; es decir, una distribución de dinero de carácter universal y sin ningún tipo de condiciones, como un primer paso para reconstruir materialmente el derecho a la existencia.

De hecho, Ediciones Continente y Peña Lillo, acaban de editar en la Argentina el libro de David Casassas, “Libertad Incondicional”. Es una obra que explica con nitidez la solvencia teórica y las posibilidades prácticas de un dispositivo que apunta a hacer efectiva la concepción republicana de la libertad que se resume, precisamente, en la posibilidad de vivir sin pedir permiso.

De inmediato surge la pregunta evidente ¿Cómo financiar en el contexto argentino una prestación de estas características? No soy un experto y, en consecuencia, no tengo la solución. No obstante, la teoría política sugiere algunos caminos para explorar. Se trata, básicamente, de discutir cómo repartir la riqueza que genera la sociedad. Esto significa que se trata de un debate político en el sentido más puro del término que, por lo tanto, corresponde a la sociedad. Una sociedad que a lo largo del tiempo naturalizó la pérdida de derechos y el desmantelamiento del Estado de Bienestar que, con sus limitaciones, esa propia sociedad perfiló a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. 

La educación pública, el sistema de salud, el acceso a la vivienda, la calidad institucional y la seguridad pública forman alguna de las dimensiones a través de las que se puede palpar esta espiral descendente de la pérdida de derechos. Pero sobresale el sistema impositivo. Los argentinos consentimos que el salario tribute el impuesto a las ganancias, convivimos con el impuesto al consumo que pagamos cada vez que compramos alimentos y, a la par, nos acostumbramos a no poner en la agenda pública si las rentas financieras deben tributar ni tampoco indagar acerca de la posibilidad de aplicar la tasa Tobin o la denominada tasa Google.

Si, de acuerdo con Alejandro Nadal, uno de los caminos para paliar la crisis se vincula con la inyección de liquidez, es más que pertinente revisar el esquema tributario y pensar en la Renta Básica Universal como un paso para hacer efectivos los derechos que nos acuerda la Constitución Nacional. O, dicho más sencillo, de recuperar las categorías republicanas del proyecto constitucional, cuya directriz se resume en la fórmula “mandar obedeciendo”, ya que la ley no debería ser más que la expresión de los valores ciudadanos en determinados contextos históricos. Así, discutir quienes pagan impuestos y cómo se reparten construye una tarea irrenunciable del ciudadano-legislador. Poner sobre la mesa la Renta Básica Universal, por lo tanto, también.

Estamos en cuarentena y repensando cómo mantener nuestra vida social en medio de la pandemia. Pero deberíamos mirar toda la película y no solamente la fotografía del miedo al posible contagio, porque quizá el formato de la economía global también está en cuarentena y allí estriba la gran chance.

* Fiscal federal de Argentina y docente universitario
sociedadfutura.com.ar

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