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13/07/2017 :: Venezuela

Encuesta exclusiva: así participarán los venezolanos en el plebiscito de la derecha

x José Roberto Duque
Lo del plebiscito es un intento de hacerle creer a los lectores de periódicos de España y dos o tres países más que son unos carajos muy limpios y respetuosos de las leyes

A estas alturas de la conspiración en marcha importa poco si el fascismo emite declaraciones como “A partir de hoy Maduro no es presidente” (¿les suena?), “el nuevo presidente de Venezuela se llama Engelbert Humperdinck” o “El 16 vamos a hacer un plebiscito”.

***

En rigor, todo ciudadano en uso de sus facultades mentales es hábil para efectuar actos legales y de beneficiarse de sus efectos. Pero hay algo capaz de deslegitimar cualquier maroma legal o legaloide, y es la contumacia, el empeño maldito en querer tumbar gobiernos mediante actos violentos pero escudándose detrás de una presunta capa de santidad institucional.

Usted no puede jactarse de su tremenda efectividad para contratar criminales y empujar a la violencia a muchachos sin conciencia ni formación, en la tarea de destruir y asesinar, y al día siguiente lanzarse una pulcra acrobacia de sesiones y papeles sellados, de oratorias y aires de tribunos, para informarle al pueblo de Venezuela y al gobierno de EEUU que va a hacer una consulta nacional. Me dedico a licuarle las tripas a los ciudadanos convocando a acciones criminales (ilegales) que despedazan el derecho a una vida ciudadana, y de pronto me pongo el disfraz de ciudadano probo y apegado a las leyes, nada más para no sucumbir al “qué dirán” de los amantes de la ley, si es que existe alguno de esos ejemplares en el fascismo mundial.

Lo del plebiscito es un intento de hacerle creer a los lectores trasnochados de periódicos de España y dos o tres países más que unos carajos muy limpios y respetuosos de las leyes son los que quieren cambiar al Gobierno. Aquí todo el mundo se conoce y no va a venir el Freddy Guevara [diputado de derecha] a decir que él un día se cree comandante de una guerrilla urbana y al día siguiente mayordomo de la Asamblea Nacional, y que alguien le va a creer el cuento de la bipolaridad política así de gratis.

Si usted decidió ponerse el traje de paladín callejero entonces haga el favor de exponer el pellejo en la calle, ahí donde mandó a un montón de muchachos a matar y morir, y sea consecuente con su discurso gafo lleno de tiranos, dictaduras, combatientes clandestinos y guardias tan perversamente crueles que se dejan matar e incendiar las patrullas por unas viejitas pacíficas armadas con cacerolas. ¿Quiere ser radical o parecerlo? Anuncie un gobierno de transición y declárese en desobediencia real, no haga anuncios rimbombantes que se caen porque la gente no quiere salir a obedecerlo sino trabajar y hacer su vida.

Exclusivo: las cifras del plebiscito

Lo anterior fue con los pretendidos conductores de un pueblo al que ni siquiera se parecen. Esto otro va conmigo mismo: coño, viejo, hasta cuándo vas a usar palabras gastadas sobre lo malo e ilegal que es hacer una consulta en la que ni ellos mismos creen, porque no podrán hacerla, nadie la estará monitoreando y al final nadie creerá en sus resultados. El 16 de julio, si los fascistas hacen su simulacro de plebiscito, los resultados serán estos: 74 millones de venezolanos, algo así como el 200 por ciento de la población, dirá que quiere derrocar a este presidente y poner uno que le guste a la Caracas del este. Esas cifras las va a certificar o a creer el coñísimo de tu madre. Si le dedicas quince minutos de tu vida a demostrarle al mundo que esa pantomima ha sido falsa habrás perdido 15 minutos de tu vida. Pudiera responder el chavismo el 30 de julio diciendo con toda cancha que 837 millones de venezolanos votaron por los nuevos constituyentistas. Pero estoy seguro de que, lamentablemente, no hemos alcanzado esos niveles de cinismo o de descaro.

Dato cruel aportado por la perspectiva histórica: aquellas batallas gloriosas que definieron el nacimiento y el curso de la República, y que “pasaron a la historia” y son citadas y comentadas en cada aniversario patrio, fueron un poco más nutridas que estas escaramuzas que pretenden cambiar el curso de todo un país e imponerle otro: el añorado por empresarios y estúpidos que creen poder ser empresarios. Hubo batallas renombradas donde no participaron más de 2 mil soldados (Mucuritas) y otras fueron simples escaramuzas de unos pocos cientos de combatientes. En la batalla de Junín, que abrió paso a la independencia de Perú, participaron entre 16 mil y 18 mil soldados (nótese el margen de error, producto del desacuerdo entre autores), y en la de Carabobo probablemente combatieron 20 mil (no perder de vista al batallón que se perdió en un enredijo selvático y cuando llegó al campo de Carabobo ya se había terminado la batalla). En todo el país seguramente había en armas unas 80 mil personas, pues no todas estaban en el mismo lugar participando en las mismas acciones. Carabobo selló el fin de un período histórico con la participación de algo así como el 3 por ciento de la población. Cualquiera puede decir qué clase de sistema era aquél en el que tal escuálido puñado de personas era suficiente para cambiar de gobierno, pero nadie puede poner en duda la expresión “el país entero estaba en guerra”, entre otras cosas porque todas las familias venezolanas de entonces perdieron a algún miembro o desaparecieron borradas por la violencia.

En aquellos años (1811-1821) la población de Venezuela pasó de 800 mil a poco más de 600 mil habitantes, a causa de aquella conflagración. Vaya echando números como práctica de cara al próximo ejercicio: ¿qué porcentaje de un país de más de 30 millones de habitantes representa ese combo de desquiciados que hoy quieren presumir de combatientes, y cuya mayoría se limita a echarse la foto parada en medio de una autopista? No meta a los “guerreros”, que de elecciones no quieren saber nada: sume nada más los que van a echarse la foto con la esperanza de mostrarla “cuando caiga este régimen” y conseguir algún cargo o contrato. Súmele a esa triste cifra la cantidad de diputados y habladores de los partidos políticos y sus sirvientes de los medios de información.

¿Quiere meter ahí a los parlanchines tuiteros que tan duro truenan pero no terminan de llover? Métalos. Y ya está: esa masa insignificante es la que pretende dar el paso del plebiscito, un paso cosmético y propagandístico del fascismo en su empeño en acabar por las malas con un gobierno que se mantendrá gobernando hasta que el pueblo decida otra cosa en comicios libres.

Estamos en el tiempo de la democracia más profunda de nuestra historia y no va a venir una cofradía de irresponsables a disfrazar de legitimidad un vulgar secuestro de conceptos y funciones. Plebiscito duro y confiable, el que revela el rechazo de las mayorías a la aventura empresarial de tratar de acceder al poder disfrazada de movimiento de masas.

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