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Mundo :: 18/06/2014

Hay que apoyar al equipo de los que protestan

Jules Boykoff
Algunos pedirán que se reprima violentamente, como el gran futbolista Ronaldo que sugirió que la policía aplicara mano dura a los 'vándalos enmascarados'
El Mundial comenzó el jueves en Brasil, pero no hay que esperar a ello para ver acción dramática: el festival del disenso ya ha empezado. Sólo la semana anterior, los activistas del Movimiento de Trabajadores Sin Techo se manifestaron ante el estadio de Sâo Paulo en el que el anfitrión, Brasil, se preparaba para disputarle a Croacia el partido inicial del campeonato. En Brasilia, los indígenas disidentes chocaron con los antidisturbios que dispensan generosamente gases lacrimógenos. El grupo “hacktivista” Anonymous se comprometió a lanzar ciberataques contra los patrocinadores comerciales del Mundial. Los trabajadores del transporte público hicieron uso de la ventaja que les daba la celebración del Mundial para llevar a cabo una huelga que paralizó la ciudad, antes de suspenderla el lunes anterior por la noche Estas intervenciones telegénicas merecen verdadera atención por nuestra parte, pero la solidaridad a larga distancia no va más allá. Para los millones de espectadores que vemos la Copa del Mundo – y las protestas consiguientes – de lejos, es hora de dirigir nuestra atención a los plutócratas que manejan los hilos por detrás de todo el proceso: la FIFA. El organismo de gobierno mundial del fútbol vive en el país del caviar y las limusinas largas. La FIFA es el 1% del 1% global, la manzana de la cólera de Thomas Piketty. Y para una organización sin ánimo de lucro, se trata sin duda de algo muy rentable: el grupo, con sede en Zurich, va a sacarle 4.500 millones de dólares a este Mundial, muy por encima de sus expectativas iniciales. Su 'modus operandi' consiste en aterrizar en un país, disfrutar de su estatus libre de impuestos, sangrar los ingresos de patrocinadores empresariales y medios de difusión, y luego despegar hacia su siguiente destino. Y con Brasil preparándose para albergar los Juegos Olímpicos de 2016, no podemos dejar que la FIFA siente un ejemplo de grandes espectáculos deportivos convertidos en repugnantes desastres económicos y sociales. Si este mes logramos forzar la reforma en el seno de un poderoso organismo, acaso dejemos de amañar las celebraciones internacionales a modo de fiestas desequilibradas para los ricos a expensas de todos los demás. Ya ha habido llamamientos a abolir la FIFA por completo, pero quienes protestan tienen razón. Claro que sí, sin la FIFA el mundo sería mucho mejor, ¿tanto costaría un poquito de democracia? Como ex jugador del equipo olímpico norteamericano de fútbol, encuentro irritante la forma de actuar de la FIFA. El presidente, Sepp Blatter, ha dirigido desde 1998 la "familia de la FIFA" – como son propensos a llamarla los enterados – como padrino mafioso supremo, y es absolutamente necesario que se marche. Bajo su dirección, hemos visto escándalo tras escándalo – la semana anterior al inicio del Mundial las alegaciones de compra de votos para el Mundial de 2022 en Qatar estremecieron a la organización –, pero Blatter, de 78 años de edad, anunció que estaba dispuesto a desempeñar otro mandato al timón, y el lunes pasado se lamentó de que hubiese “mucha discriminación y racismo”. Además, la FIFA debería compensar a aquellas comunidades que en todo Brasil se ven negativamente afectadas por el Mundial. Después de que las protestas se extendieran por todo Brasil durante la Copa Confederaciones del año pasado, la FIFA soltó más de 100 millones de dólares, como si tratara de imponer la 'omertá' al conjunto de la población con un desembolso que para ellos es una relativa nimiedad. La FIFA no es tan generosa – al fin y al cabo, la federación del campeón del mundial sólo ganará 35 millones de dólares – pero si se la presiona debidamente, aflojará la mosca. Y con 1.400 millones de dólares en reservas, tiene bastante como para no escatimar. Resulta que quienes protestan en Brasil tienen a buena parte de la población de su lado: una encuesta de Pew Research concluyó que el 61% de los brasileños considera el Mundial como una suerte de ostentoso torbellino que engulle recursos que sería mejor invertir en educación, atención sanitaria y servicios sociales. Pero hasta cayendo como está en todo el mundo el apoyo público al fútbol, la FIFA ha insistido en que el Estado brasileño gaste 14.000 millones – y seguimos contando – en el Mundial, aun a expensas de programas sociales cruciales. Los manifestantes han contrarrestado las exigencias de estadios a la altura de la FIFA – hasta Pelé afirmó que el coste “fue en algunos casos mayor de lo que debería haber sido” - con exigencias de escuelas y hospitales a la altura de la FIFA. Y decir que la FIFA ha quedado consternada por esta explosión de disentimiento democrático es quedarse corto. En la FIFA, la escasez de democracia supone de hecho un plus. Tal como declaró el año pasado el secretario general de la organización, Jérôme Valcke: “Diré algo que es una locura, pero menos democracia resulta a veces mejor para organizar una Copa del Mundo... Cuando se cuenta con un jefe de Estado fuerte que puede decidir, como puede que haga Putin en 2018... eso nos facilita las cosas a los organizadores”. Sí, hay muchos que decidirán que quienes protestan son aguafiestas del deporte. Todavía peor, algunos pedirán que se les reprima violentamente, como hizo el gran futbolista Ronaldo cuando sugirió que la policía aplicara mano dura a los vándalos enmascarados: “Creo que tienen que usar la porra con contundencia y echarlos de las calles”. Pero no tenemos nosotros que dedicarnos a la muerte de la empatía. Tenemos que mirar al campo y a las calles, maravillarnos con Lionel Messi mientras llamamos la atención sobre la deshonra mundial de la FIFA. De manera que escuchemos las arengas del disentimiento - 'Nao vai ter copa' (No va a haber Copa) – mientras nos permitimos disfrutar de los partidos. No olvidemos, sin embargo, la consigna directa de las calles, – 'Na copa vai ter luta' (En la Copa habrá lucha) – y no olvidemos tampoco que quienes protestan forman un equipo al que vale la pena apoyar. The Guardian. Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón. Revisado por La Haine
 

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