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07/09/2020 :: Asia

Ho Chi Minh y Nguyen Giap, la síntesis de una sucesión de victorias

x Carlos Aznárez
Modalidad exitosa a la hora de combatir a los invasores: la guerra de todo el pueblo a través de la construcción de un Ejército popular

Hablar de Vietnam en este 75 aniversario de su Independencia es evocar cientos de batallas y gestos de dignidad de su pueblo para quitarse de encima las manos de diversos y crueles imperios. Así fue como ejércitos invasores Japoneses, franceses, estadounidenses mordieron el polvo de la derrota enfrentando a mujeres, hombres, niños y niñas, ancianos y ancianas que defendieron la soberanía de su territorio hasta las últimas consecuencias. Y vencieron.

Tanta potencia revolucionaria tuvo miles y miles de anónimxs protagonistas, pero sin embargo hay dos nombres que sintetizan esa gesta de 75 años de lucha: Ho Chi Minh y Nguyen Giap. Cada uno fue, como esos hermanos inseparables, el complemento del otro, para la guerra y para pensar en la paz. De allí que en este nuevo 2 de septiembre, evoquemos sus trayectorias y nos sigamos comprometiendo en honrar su legado.

La humildad, la fuerza y la sabiduría del Tío Ho

Su verdadero nombre era Nguyễn Sinh Cung y es recién en 1943, cuando asume la comandancia de lucha contra las fuerzas francesas que invaden su país que adopta el nombre de guerra de Ho Chi Minh, «el que ilumina».

El Tío Ho fue toda su vida un combatiente por las ideas del comunismo y un organizador nato. Nacido en la Indochina francesa, sus primeras armas en la militancia se dieron cuando con su familia emigró a París.
Allí participó en la fundación del PC francés en 1920, luego pasó a China donde reunió a un grupo de exiliados para impulsar una revolución anticolonial en Indochina, y tiempo después, en 1930, fundó el PC Indochino. Allí empezaría a recorrer un camino de sacrificado compromiso que duraría hasta su muerte.

La guerra popular de liberación y el rol de Ho Chi Minh

Primero fueron los franceses, los que a mediados del Siglo XIX habían emprendido la conquista del país, y se encontraron con una resistencia heroica que “una y mil veces nos hizo retroceder en nuestros intentos”, como lo explicaría posteriormente uno de los jefes militares de París.

Sin embargo, el poderío de fuego y la masividad en la intervención militar facilitó que progresivamente el país se convirtiera en una colonia. Pero desde el establecimiento de la dominación de los imperialistas franceses el Movimiento de Liberación Nacional del pueblo vietnamita se desarrolló continuamente.

En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, Francia fue rápidamente ocupada por los nazis, y Vietnam pasó a transformarse en colonia de los japoneses. Fue ese el momento en que el Partido Comunista de Vietnam analizó con prontitud y certeza la nueva situación, concluyendo que se iniciaba un nuevo ciclo de guerras y revoluciones.

Poco después se formaba el Vietminh (Frente de la Independencia de Vietnam) que inició la guerra de guerrillas, que se agigantarían a partir de 1945 (cuando el Ejército Rojo soviético y las fuerzas aliadas derrotarían al ejército japonés) y culminarían con una insurrección general y la instauración del poder popular en Hanoi y en todo el país. Ho Chi Mính, el máximo líder de todas las victorias vietnamitas presidía el gobierno y se proclamaba la independencia y se creaba la República Democrática de Vietnam, primera democracia popular del sudeste asiático.

Sin embargo, el 23 de septiembre de 1945, el Cuerpo Expedicionario francés abrió el fuego en Saigón, generando a partir de ese día, y durante nueve años, el desarrollo de una guerra de liberación nacional que finalizó con la victoria vietnamita en Dien Bien Fu.

El cuarto y último capítulo de esta escalada de ataques imperiales de distinto signo que sufrió Vietnam comenzó en 1959 y se prolongó hasta 1975, protagonizando esta vez el intento el poderoso aparato militar de los EEUU, que trataba así de impedir la reunificación de Vietnam en una sola nación. Cientos de miles de marines se dispusieron a defender al gobierno títere de Vietnam del Sur, y como le ocurriera a franceses y japoneses, chocaron con el muro de resistencia de todo un pueblo enrolado en el Frente de Liberación de Vietnam. A partir de ese momento y durante quince largos años de contienda despareja, en la que los invasores utilizaron las más sofisticadas armas de destrucción masiva contra la población civil vietnamita, se escribió una de las páginas más estremecedoras y emotivas de la historia revolucionaria mundial.

El resultado de la agresión fue demoledor: más de cinco millones de muertos, entre los cuales 58.100 fueron soldados norteamericanos y el resto pobladores y milicianos vietnamitas, a lo que hay que sumar la devastación generalizada de un territorio, sus viviendas e infraestructura, que fueron miles de veces bombardeados con alrededor de 8 millones de toneladas de potentísimas cargas explosivas y también con napalm y “agente naranja” que arrasaron con aldeas y seres humanos. A todo este accionar bélico norteamericano hay que agregar lo que para sus tropas de intervención en distintos países es algo común: los malos tratos generalizados, las torturas y todo tipo de sevicias contra los pobladores detenidos, tanto que el propio gobierno de EE.UU tuvo que reconocer posteriormente que 278 soldados fueron condenados por tribunales militares por las atrocidades cometidas.

Ho Chi Minh y Giap

Vietnam venció y no fue por casualidad, sino que su liderazgo revolucionario, protagonizado por muchos hombres y mujeres, entre los cuales emergen con luz propia el presidente Ho Chi Minh -quien lamentablemente falleció en 1969- y el general Vo Nguyen Giap, impuso una modalidad exitosa a la hora de combatir a los invasores: la guerra de todo el pueblo a través de la construcción de un Ejército popular.

Como el propio Giap lo definiera: “La resistencia era precisamente la continuación de la revolución nacional democrática bajo la forma de una lucha armada”.

El Tío Ho no pudo ver la victoria que recién ocurrió en 1975, tras una ofensiva final que generó verdaderos estragos en las fuerzas estadounidenses. Sin embargo, cuando ya el último helicóptero yanqui decoló cargado de humillación y derrota desde la embajada de ese país, y los milicianos del Vietcong comenzaron a lanzar ráfagas al aire por el triunfo, el nombre del Tío Ho estuvo en todos los labios, su sonrisa se retrataba en los niños y niñas que él tanto amó y protegió. El nombre del gran hacedor de la unidad de su pueblo se había hecho bandera y ejemplo para los revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo. Su legado y su ejemplo de constancia ayudarán, seguramente, a las nuevas batallas antiimperialistas que se avecinan.

Resumen Latinoamericano

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