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EE.UU. :: 24/09/2005

Huracán "Neoliberalismo": Los Estados Unidos al desnudo

Corriente Roja
Algo importante y nuevo ha sucedido esta vez ante una catástrofe natural. La opinión general se está comportando como hasta ahora sólo lo hacían los cálculos izquierdistas: relacionando el hecho con una serie de factores sociales, económicos, políticos y ecológicos.

Esto indica que se han roto algunos diques aparte de los que protegían a Nueva Orléans. Quizás signifique también que nos hallamos cerca de una encrucijada histórica, cuando tanta gente y en tan poco tiempo toma conciencia de ciertos asuntos escabrosos.

La percepción del asunto ha ido progresando así: primero se produjo un estado de opinión, de fuerza uno, que criticaba duramente la mala gestión de una catástrofe prevista con bastante antelación. La segunda fase se forjó al cabo de los días, con las imágenes acumuladas que no dejaban más opción que percibir en toda su brutalidad el racismo estructural y las escandalosas diferencias sociales del "país modelo". Luego, y ante la increíble falta de recursos para paliar lo que sucedía se comenzó a perfilar lo relacionado que esto estaba con los gastos y recursos derivados hacia la guerra en Irak y Afganistán. Por último se ha empezado a propagar la sospecha de que el planeta está crecientemente irritado con un inquilino feroz, el capitalismo, incapaz de racionalizar la furia productivista y el desorden ecológico y climático que ello genera.

La primera evidencia es que ha funcionado la lógica del sistema: quienes se han quedado a merced del huracán y las inundaciones, ha sido los más pobres. ¿Pero no nos habían dicho que la ciudad había sido evacuada? Si los diques hubieran resistido no habría quedado al desnudo la realidad clasista de que un tercio de la población no tenía recursos para afrontar el abandono de su vivienda. Resulta tenebroso: el estado neoliberal no ampara ni siquiera en casos de vida o muerte masivas, a su propia población.

El fenómeno se empieza a generalizar: aviones que se caen porque sus usuarios son más pobres y acuden a compañias más "competitivas", terremotos que a igualdad de intensidad causan infinitamente más víctimas según se trate de una sociedad rica o pobre, bloques de viviendas que arden más y mejor por hacinamiento y vetustez, es decir por pobreza; y ahora huracanes que inundan y ahogan a quienes no disponían de recursos para alejarse. Vivimos en un mundo donde las cosas empiezan a estar demasiado claras.

Después de más de dos décadas de avance de la política neoliberal estamos cosechando el salto cualitativo, en cuanto a consecuencias, de este modelo. Ya no se pueden ocultar los daños y sufrimientos, como se intentó durante mucho tiempo, procurando que precariedad, desmantelamiento industrial, alcoholismo o drogas quedaran inscritos en lo individual, como denuncia la película "Los lunes al sol". La obsesión de optimizar beneficios está trayendo consecuencias catastróficas a una escala ya inocultable. En el caso que nos ocupa se habían reducido drásticamente los presupuestos municipales impidiendo fortificar los diques y mejorar el sistema de drenaje. Los daños económicos y humanos se podrían haber limitado considerablemente de no haber entrado el huracán Katrina en un territorio donde ya había actuado previamente el huracán del neoliberalismo, el capitalismo más extremo.

La comparación con Cuba es inevitable. Este país es visitado también regularmente por huracanes y cuenta con muchos menos recursos que los Estados Unidos. Y se sabe que allá¡ las evacuaciones son previstas con antelación, y que se hacen de una manera igualitaria, bajo la responsabilidad del estado y de una sociedad civil altamente solidarizada. Para desgracia de los pijos de Miami y del resto del Imperio, esta isla del Caribe ha quedado agrandada, dando una lección por constraste con "el vecino del norte", respecto a la Ética superior del sistema socialista con su filosofía igualitaria y organizada.

La cuestión ecológica no es para echarla a un lado. El huracán Katrina habría tenido seguramente menos fuerza destructiva si no mediaran la irracional planificación del entorno de Nueva Orléans y el enloquecimiento del clima. Todo apunta a que el calentamiento de la atmósfera, consecuencia de un desacertado modelo económico, está extremando los fenómenos climáticos y naturales: huracanes, inundaciones, desertización, deshielo polar. Es indispensable reorientar economía y valores. Si seguimos con la lógica del beneficio máximo e inmediato acompañado de un hedonismo que sólo fabrica energúmenos sin criterio, vamos aceleradamente al precipicio.

¿Es EEUU un modelo? Sus patologías sociales, la defensa de la propiedad privada hasta el extremo de disparar a gente desesperada por obtener agua o comida, la deserción de quienes debían enfrentarse al caos, la feliz y ajena vida de sus dirigentes durante los primeros días de la catástrofe, hablan de una romanización del Imperio americano. Tenemos que sacar consecuencias de lo sucedido en los estados del sudeste de EEUU: los beneficiados por esta lógica depredadora podrán escapar y seguir cómodamente en otra parte, al amparo de sus propiedades y cuentas corrientes, los responsables políticos no se harán responsables y las grandes masas que no sepan sobreponerse a la desidia y la enajenación que el sistema inocula, pagarán las consecuencias.

El sistema capitalista es poco digno de confianza para cada vez más gente: puedes caer en un avión que ha abaratado costes, puedes ser un paria abandonado incluso en las sociedades capitalistas más "avanzadas", puedes desde luego perder los sacrificados ahorros "de toda una vida de trabajo", como sucedió en Argentina a mayor gloria de la banca. Y si el derrumbe es más grave, ya ha quedado claro, el estado se inhibe y eso sí, quienes han estado beneficiándose del estado de cosas, cogerán sus maletas, sus cuentas corrientes y dirán un hermoso adiós. El neoliberalismo aboca al colapso. Los sectores más conscientes socialmente y las organizaciones de izquierda deben calibrar la responsabilidad que les incumbe ante la desidia y el cinismo oficiales, para que en este proceso no se desemboque en el caos sino en una respuesta inteligente ante una progresiva ruina del sistema.

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