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19/05/2022 :: Europa

¿Recuerdan los finlandeses la Guerra de Invierno?

x Mohammad Faraj
El gobierno de Finlandia repite el mismo error histórico y apuesta por las garantías de seguridad que ofrece la OTAN, tal como hizo con los nazis en la II Guerra

Tan pronto como Finlandia salió de la agitación provocada por la Primera Guerra Mundial, se encontró en medio de una guerra civil entre la Guardia Blanca y la Guardia Roja; en el momento en que se derrumbó el zarismo ruso, Finlandia deambulaba buscando su nueva identidad geográfica; la Guardia Roja, entusiasmada con la revolución que se inició en 1917 en San Petersburgo, esperaba incorporar el país al espacio soviético, aunque fuese adoptando alguna forma de autonomía, tal como lo fue en tiempos del zarismo ruso. Mientras tanto, la Guardia Blanca estaba preocupada por la confiscación de sus privilegios a través del régimen emergente de la revolución, y cosechando los frutos del apoyo y el entrenamiento alemán, el ex general del ejército zarista ruso Carl Gustaf Mannerheim logró imponer su control sobre Finlandia. Para tener una cita veinte años después en un segundo enfrentamiento con el Ejército Rojo y en una segunda guerra mundial. 

Aunque el Pacto de No Agresión Ribbentrop-Mólotov entre la Unión Soviética y Alemania fue firmado bajo ciertas condiciones, Stalin no se deshizo de su preocupación de larga data en relación a cualquier acción repentina alemana que desconociera todos los tratados. Esto ya había sucedido con el desconocimiento del Tratado de Versalles.

Stalin observó la franja geográfica que se extendía desde los estados bálticos, Estonia, Lituania y Letonia, así como Finlandia, con mucho detenimiento y bajo dos criterios; el primero, el de la “acción urgente sobre el terreno”, y el segundo, el de la “venganza histórica”. En cuanto al primero, significaba que había que tomar una medida relámpago de parte de Rusia para asegurar la profundidad estratégica necesaria frente a la expansión de los alemanes, hecho que no había tomado a los soviéticos por sorpresa, eso lo esperaban en todo momento. En cuanto al segundo, este se trata de la venganza del Tratado de Brest-Litovsk, en el que Rusia se vio forzada a prescindir de las mayores extensiones de territorio posible, con el fin de salir en paz de la Primera Guerra Mundial y dedicarse a construir el nuevo estado. 

Finlandia no pudo evaluar la urgente necesidad estratégica de Moscú y no proporcionó suficiente espacio para el despliegue del Ejército Rojo, lo cual obligó a Stalin a declarar la “Guerra de Invierno” contra Finlandia para hacerse con el control del lago Ladoga y los bosques de Karelia.

Los finlandeses recuerdan con cierto orgullo la "Guerra de Invierno" cuando se enfrentaron al ataque soviético, infligiéndole cuantiosas pérdidas; por otro lado, la ideología militar soviética no se inclinaba por la lógica de calcular las pérdidas durante los combates, sino tras la finalización de la tarea, es decir, alcanzar la meta era lo más importante, y luego se lidiaba con las pérdidas humanas y materiales que habían tenido.

Aunque los finlandeses trajeron muchas sorpresas al Ejército Rojo (los soldados esquiadores, la voladura de tanques con cócteles Molotov, la implementación de operaciones sencillas para descomponer los trenes, como lo era el plantar troncos anchos y cuñas en las vías, y cortar la comunicación entre grandes unidades militares), sin embargo el resultado al final era lo que buscaban los soviéticos, o sea, controlar un territorio que aseguraba una profundidad estratégica. Los soviéticos creían que esto era suficiente para impedir el avance de las fuerzas nazis.

En la tercera etapa de la Operación Barbarroja (Operation Barbarossa) nazi en la invasión de la Unión Soviética, las fuerzas finlandesas se aliaron con los nazis en contra de la Unión Soviética; si bien la franja geográfica histórica (Estonia - Letonia - Lituania - Finlandia) fue el flanco por el que las fuerzas nazis se adentraron en las profundidades de Rusia, el resultado final de la guerra fue el paso de las fuerzas soviéticas por esas mismas tierras, pero esta vez en dirección hacia Berlín; Finlandia se percató de su grave error en el momento en que se izó la bandera soviética sobre el edificio del Reichstag.

Tras la derrota, los tratados firmados por Finlandia en 1947 y 1948 con la URSS tuvieron como consecuencia una serie de compromisos políticos de desnazificación, así como concesiones territoriales. Finlandia perdió más del 10% de su territorio y su segunda ciudad, Viipuri. Además, un número considerable de fascistas tuvo que ser evacuado y realojado en otras partes del país. A pesar de las concesiones políticas y territoriales, así como de las indemnizaciones de guerra impuestas, Finlandia nunca fue ocupada por los soviéticos. No tomó parte en la Guerra Fría en ninguno de los dos bandos, sino que fue neutral hasta ahora.

Hoy, en un momento quizás menos tenso, la política finlandesa tiene un abanico más amplio de opciones para tomar con relación a la confrontación ruso-atlántica en curso. En comparación con los momentos en que Stalin estaba empeñado en tomar el control total de amplias extensiones de territorio en Finlandia, alquilar algunas tierras y destruir algunas infraestructuras para favorecer el paso de sus tropas, Vladimir Putin solo le pide a Finlandia que permanezca neutral y no se involucre en las alianzas hostiles.

Sin un repaso cuidadoso y sosegado de la historia y sin calcular el costo que tendrá la “alianza del vecino geográfico de Rusia con su enemigo”, el gobierno de Finlandia sigue repitiendo el mismo error histórico, y apuesta por las garantías de seguridad que ofrece la OTAN, en medio de un entorno cambiante en cuanto a la seguridad. Es así como lo indicó el borrador del informe presidencial del gobierno conjunto presentado para la incorporación a la OTAN. Sin embargo, parece que este entorno cambiante le brinda a Finlandia oportunidades más atractivas que unirse a la alianza anti rusa.

En Finlandia, los ruso parlantes son una mayoría después de aquellos que hablan el finlandés y el sueco (más de 77.000 personas según las estadísticas oficiales a finales de 2017), y Finlandia comparte 1.300 km de frontera con Rusia, por lo que está relativamente aislada de la geografía de la OTAN. La decisión de Finlandia es un desafío a la lógica de la historia y de la geografía, y una falla en la asimilación de sus lecciones, hecho que puede inspirar el espíritu de la “Guerra de Invierno” en algún momento en el combatiente ruso.

Al Mayadeen / La Haine

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