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EE.UU., Mundo :: 29/08/2025

La estrategia estadounidense para el dominio mundial con la Inteligencia Artificial

Michael Hudson
Al igual que con el acero o los productos farmacéuticos, Trump puede simplemente imponer un arancel a los servicios de inteligencia artificial que venden de sus empresas tecnológicas

El comercio de cualquier país con EEUU puede ser utilizado como arma convirtiéndolo en una relación de dependencia.

Durante muchos años, los estrategas estadounidenses utilizaron su dominio de las exportaciones de granos y del comercio mundial de petróleo como arma. Amenazaron con matar de hambre a China cuando intentaron impedir la revolución de Mao (las sanciones fueron rotas por Canadá) y con las exportaciones de petróleo trataron de impedir la compra del petróleo ruso, iraquí y sirio.

En el ámbito tecnológico, EEUU utilizó las exportaciones de armas como una herramienta similar para imponer relaciones de dependencia. La compra de aeronaves, submarinos, barcos y otras armas estadounidenses requiere reparaciones y repuestos casi constantes. EEUU puede cerrar el grifo a los países que utilizan armas estadounidenses con fines militares no autorizados por EEUU.

Hoy la IA se ha convertido en el ámbito clave para asegurar una ventaja tecnológica estadounidense. Europa comprende que si Trump logra bloquear la capacidad europea para regular la IA, la obligará a depender de las corporaciones estadounidenses de IA y de las plataformas de internet. Dependencia similar ocurrirá con los fabricantes de chips y, por ende, de las computadoras, teléfonos y otros productos en los que los estrategas de seguridad nacional estadounidenses pueden implementar geolocalizadores e interruptores de seguridad.

China reconoce esta amenaza y recientemente decidió no confiar en los chips Nvidia por temor a que se instalen este tipo de interruptores.

La contraestrategia de China --y de Asia y los BRICS en su conjunto-- consiste en abrir su IA y la tecnología de la información relacionada (programándolas en código abierto). Esto impide la posibilidad de imponer puertas traseras como geolocalizadores, interruptores de seguridad y espionaje.

Europa reconoce esta estrategia y está intentando evitar quedar atrapada en las fuentes de alta tecnología estadounidenses. Esto quedó claramente explicado en un artículo de opinión de Marietje Schaake en «Cuidado con el colonialismo de la IA en EEUU», Financial Times (21 de agosto de 2025):

Las guerras comerciales de Trump están dando al mundo una dura lección: las dependencias se convierten en armas. En opinión de la Casa Blanca, el comercio internacional es de suma cero. Con su Plan de Acción de IA, que promete un dominio tecnológico indiscutible, el nuevo control y dominio es evidente.

¿Reconocerá el resto del mundo que adoptar la inteligencia artificial estadounidense ofrece a Trump una herramienta de coerción aún más potente?

Desde sus aranceles del «Día de la Liberación», Trump ha emprendido una agresiva campaña para obtener concesiones de los socios comerciales de EEUU. Décadas de integración comercial significan que no hay un camino fácil para volver al punto de partida. Las dependencias son profundas y el desarrollo de mercados alternativos, cadenas de suministro y flujos de bienes y servicios requiere tiempo.

Con la IA, aún no existe tal entrelazamiento global. Entonces, ¿por qué un país cedería voluntariamente más influencia a la Casa Blanca?

La IA es un proyecto ideológico de la administración Trump, y el Plan de Acción de IA de Trump establece una clara estrategia para la hegemonía tecnológica estadounidense. Sus pilares se centran en impulsar el desarrollo y la adopción de la IA a nivel nacional, con el objetivo de generar beneficios económicos y evitar el uso de modelos progresistas como el Chino. Esta es la arquitectura que espera obligar a que el mundo adopte.

Más que las tecnologías anteriores, los sistemas de IA crean dependencias excepcionalmente vulnerables. Los algoritmos no son transparentes y pueden manipularse para sesgar los resultados, ya sea desafiando las normas antimonopolio o apoyando el proteccionismo.

Con un grupo significativo de directores ejecutivos del sector tecnológico estadounidense prometiendo lealtad a esta administración, la sinergia entre las agendas políticas y corporativas es evidente. Las empresas de IA incluso han desplegado miembros de sus equipos en las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Las posibilidades de instrumentalización son amplias. Tomemos como ejemplo la Ley de la Nube, que obliga a los proveedores nacionales de servicios de nube, cuyos sistemas dominan el mundo, a divulgar datos extranjeros almacenados.

Es fácil ver cómo la tecnología puede convertirse en una moneda de cambio aún más importante en la política exterior estadounidense. Al igual que con el acero o los productos farmacéuticos, Trump puede simplemente imponer un arancel a los servicios de inteligencia artificial o a elementos críticos de la cadena de suministro.

La administración ya está presionando a la UE para que debilite su Ley de Servicios Digitales y consideró aprovechar los aranceles para forzar un cambio en las leyes de seguridad en línea del Reino Unido a principios de este año.

Lo que hace que la dependencia de la IA sea particularmente peligrosa es su opacidad. A diferencia del comercio de bienes físicos, los procesos de toma de decisiones de la IA suelen ser cajas negras, lo que hace que la manipulación sea casi imposible de detectar. Estos sistemas se integran profundamente en procesos críticos, con altos costos de reemplazo.

Muchos países ya tienen una dependencia significativa de las empresas tecnológicas estadounidenses. Si se añade la IA, los poderosos efectos de dependencia se intensificarían. El rápido ritmo de su evolución dificulta que los proveedores alternativos mantengan alternativas competitivas, lo que añade efectos de cuellos de botella. Con la integración de estas tecnologías en los sistemas de infraestructura, defensa y seguridad, hay mucho en juego.

La administración Trump presenta falsamente la carrera de la IA como una competencia entre modelos democráticos y autoritarios. Sin embargo, esto oculta una realidad preocupante para EEUU: la brecha entre los enfoques estadounidenses y chinos en los avances tecnológicos se está reduciendo y China ha ganado batallas importantes con su software libre.

Mientras tanto la gobernanza se vuelve cada día más autoritaria en los EEUU de Trump, con intervenciones políticas que alcanzan a empresas individuales. Se está agotando la posibilidad de convencer a los países socios de los estadounidenses de que adopten importaciones de IA integrales (donde las empresas estadounidenses venden acceso a plataformas en lugar de productos).

Los gobiernos están aprendiendo de sus errores en la guerra comercial e invirtiendo en alternativas soberanas con la esperanza de evitar dependencias críticas. Garantizar la transparencia y los requisitos de seguridad, así como incorporar protecciones contractuales contra la interrupción del servicio, podría ser útil a corto plazo, pero las coaliciones con democracias afines para fomentar ecosistemas de IA alternativos, libres de cambios unilaterales en las políticas estadounidenses, serán más sostenibles.

La disyuntiva que enfrentan los líderes mundiales no es entre el dominio estadounidense o chino de la IA, sino entre la soberanía tecnológica y el colonialismo digital. Cada confrontación comercial debería enseñar a los socios potenciales que las relaciones comerciales de hoy pueden convertirse en la herramienta coercitiva del mañana.

Las guerras comerciales demuestran hasta dónde está dispuesto a llegar Trump. El Plan de Acción de IA ofrece al presidente los medios para ampliar y hacer más permanente su visión imperial.

* Economista estadounidense.
www.observatoriocrisis.com

 

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