La ideología del «nosotros contra todos» que alimenta el fanatismo
Las habituales manifestaciones de la izquierda cada 25 de abril, Fiesta de la Liberación del nazifascismo en Italia, han visto este año ataques de sionistas a antifascistas en Milán y Roma
En Milán, por ejemplo, la pancarta y el cortejo conmemorativos de la Brigata Ebraica (Jewish Brigade, o Brigada Judía, del ejército británico, que participó apenas y tardíamente en la campaña itálica de los Aliados) mostraban lemas y banderas de Israel, en un intento de vincular la tradición antifascista con la defensa del genocidio sionista, lo que provocó irritadas reacciones de otros participantes.
El fascista judío que abrió fuego el 25 de abril de 2026 contra la manifestación antifascista de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos (ANPI), viéndose a sí mismo como un guerrero de Israel... Nunca imaginé que llegaríamos al punto de tener que soportar tal vergüenza, tal inversión de la historia. Sentimos una tristeza infinita.
Está dentro de lo imaginable que en Milán los cabecillas de la derecha gobernante puedan intentar justificar una paliza brutal porque arrancar un cartel conmemorativo de la muerte del estudiante neofascista Sergio Ramelli en el aniversario de su muerte significa «buscarse problemas».
Pero no podemos (o no deberíamos poder) concebir que un judío apunte y dispare contra antifascistas. Porque conservamos la memoria de los primeros mártires antifascistas judíos, de Carlo y Nello Rosselli a Leone Ginzburg, y de Emanuele Artom a Eugenio Curiel
Y la de figuras clave de la Liberación como Leo Valiani, Vittorio Foa, Umberto Terracini, Enzo y Emilio Sereni (hermanos divididos por el sionismo, pero unidos contra la marea negra que asolaba Italia). Y, siguiendo sus pasos, comprendemos la aportación de la Brigada Judía, pero en su contexto adecuado, pues desembarcó en Apulia sólo en marzo de 1945. Más de 60 años después de aquellos acontecimientos, el nombre de la Brigada Judía se lo ha apropiado la Unión de Comunidades Judías Italianas (UCEI) con el objetivo de fomentar el separatismo judío frente a las celebraciones del 25 de abril que han expresado su solidaridad con los palestinos en los territorios ocupados por Israel.
Esta importación indiscriminada de la guerra de Oriente Medio al debate público italiano fue una decisión irreflexiva y ha echado sal en las heridas. Ha propagado una mentalidad de asedio dentro de las comunidades judías que ni siquiera han podido contener las relaciones privilegiadas con el gobierno de derechas. En este contexto, llevamos mucho tiempo denunciando una degeneración violenta por parte de algunos que --en nombre de una supuesta «autodefensa» judía-- amenazan y atacan en las escuelas y en las calles a personas a las que identifican como enemigas de Israel.
Esta es la ideología, difundida sin escrúpulos por el régimen israelí, del «nosotros contra todos», de un «antisemitismo eterno» que ignora los crímenes atroces perpetrados por Israel --y, por lo tanto, lo presenta como un modelo de brutalidad necesaria.
Una ideología irresponsable ha empujado a estos jóvenes judíos al fanatismo. Y ante los numerosos episodios de violencia que han perpetrado en Roma, se ha extendido un velo de silencio, incluso por parte de las fuerzas del orden. Se han sentido acogidos en las comunidades judías, y se les ha tratado con indulgencia por parte de quienes deberían haber velado por la seguridad de aquellos a quienes atacaron.
Nosotros también --los judíos que discrepamos de los líderes comunitarios que han optado por convertirse en portavoces acríticos de las matanzas de Israel-- somos blanco de amenazas, y no sólo verbales. Tras la publicación de nuestro llamamiento «No a la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania», me sorprendió recibir una notificación del Ministerio del Interior en la que se me indicaba que, dado el clima reinante, necesitaría protección policial. Me negué. Después de recibir tantas amenazas de fascistas y de algunos miembros de la Lega a lo largo de los años, desde luego no iba a dejar que esta gente me intimidara.
Citaré textualmente un mensaje de WhatsApp que recibí el martes por la noche, apenas unas horas antes de la detención del autor de los disparos, Eitan Bondì: «Gad, ¿te están pagando o estás drogado? ¿Había árabes en la Brigada Judía? ¿Te has vuelto loco? Estás incitando al odio contra los judíos con tu revisionismo histórico. Los palestinos eran aliados de Hitler». Me abstendré de revelar el nombre de la persona que me envió esto, la cual es tan agresiva como ignorante. Dos años antes de que se formara la Brigada Judía en 1944 en el norte de África, el Regimiento de Palestina --que incluía tanto a árabes como a judíos del Mandato Británico-- había ya luchado en el norte de África contra los ejércitos nazi-fascistas.
La historia es más complicada que sus formas más distorsionadas. Por lo tanto, el hecho de que un determinado Gran Muftí de Jerusalén fuera un antisemita pronazi no puede ciertamente justificar que se equipare a los palestinos con los nazis ante un mundo indignado por el genocidio que están sufriendo.
Por desgracia, no es de extrañar que el odio antijudío esté creciendo una vez más y encuentre pábulo en la fascistización en curso de Israel. Los gritos aislados y obscenos del tipo de «pastillas de jabón fallidas» que empañaron las celebraciones del 25 de abril en Milán también hacen urgente que aquellos que hasta ahora han optado por permanecer encerrados en su propio grupo identitario se dediquen a un examen de conciencia. Sentir vergüenza puede ser saludable, nos recuerda Carlo Ginzburg. Ante los disparos en Roma, esperamos que sean muchos los que abran los ojos.
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