La sombra de la CIA tras el asesinato del poeta Roque Dalton
A propósito de 'La verdad en la garganta', nuevo libro de Pablo Solana sobre el poeta y guerrillero salvadoreño
¿Quién mató a Roque Dalton? ¿Por qué? Desde la ejecución del poeta y militante revolucionario salvadoreño estos interrogantes irrumpieron reiteradamente, entre olvidos y ocultamientos. No faltaron las respuestas inconsistentes, incluyendo las que sembraron dudas sobre la integridad ético-política de Dalton, o las que generaron sospechas sobre la actitud de la patria de la cual él era uno de sus hijos dilectos: Cuba revolucionaria. Y si bien hubo varios trabajos que propusieron hipótesis certeras, nunca hubo uno que lo demostrara con información suficiente y exploraciones detalladas. Hasta ahora.
Este libro de Pablo Solana arroja luz sobre un acontecimiento funesto que también puede resultar agobiante para las predisposiciones más críticas y sensibles, para quienes aún nos identificamos con horizontes revolucionarios; es decir, horizontes (y praxis) de transformación radical: anticolonialistas, antiimperialistas, anticapitalistas y antipatriarcales. Se trata de un acontecimiento perturbador que no deja de imponernos un ejercicio de autocrítica, más allá de nuestra identificación con el poeta revolucionario o con el revolucionario poeta (aquí, se cumple rigurosamente la regla que establece que el orden de los factores no altera el producto).
Ha sido y es tarea ímproba la de reconstruir circunstancias históricas signadas por la clandestinidad de las y los protagonistas, por los vericuetos típicos de las redes de inteligencia y contrainteligencia. Pablo resuelve con éxito estos escollos, desentraña criptografías. Con pequeñas hilachas reconstruye una trama.
Desde el punto de vista heurístico, este libro es avasallante. Aporta documentación original, cables secretos desclasificados, archivos de organismos como la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA) y diversos testimonios, muchos de ellos de primera mano, obtenidos a partir del contacto del autor con familiares y compañeras y compañeros de Dalton. Pero la riqueza analítica no le va a la zaga. Pablo se encarga de develar lógicas sistémicas, tanto las que caracterizan al poder hegemónico (imperialista) como las que condicionan a las propias organizaciones revolucionarias.
Sin abandonar la tensión planteada entre una "solución" fraticida, efecto del dogmatismo desquiciado de una organización guerrillera, y la compleja y enrevesada conspiración del imperialismo, la interpretación de Pablo trasciende esta tensión. Con sutileza pone en evidencia los nexos subterráneos entre el fraticidio y la conspiración, entre una disputa interna y una operación encubierta. Unos nexos filosóficos y simbólicos que, en primera instancia pueden parecer abstractos, pero que tienen efectos bien concretos.
Al mismo tiempo, plantea la cohesión del lugar de enunciación de Dalton. Un lugar donde se entrelazan la expresión y la representación. Un lugar que es poético y político a la vez. Porque si la rebelión consiste en "mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos" como decía Alejandra Pizarnik, también exige organizar a las masas, expropiar a los expropiadores y disputarles el monopolio de la violencia.
Pablo da cuenta de todos los pormenores de la operación de la CIA sobre Dalton, desde su secuestro hasta el final de sus días. Con una destreza literaria que no conspira contra la función pedagógica, traza diversos perfiles. Perfiles que presentan contrastes fuertes, sin ir más lejos, el de Dalton y el del agente de contrainteligencia Harold Francis Swenson. Queda expuesto el abismo entre la solidaridad internacional y la política imperialista.
Pablo sigue con lujo de detalles el accionar de "asesores", desertores, delatores y marionetas y el trajinar de familiares, amigos y compañeros; las intervenciones de personajes, ora oscuros y sinuosos, ora transparentes y rectos. La historia cuyo desenlace fatal ocurre en Quezaltepeque, en el Salvador, el 10 de mayo de 1975, tiene antecedentes y un contexto de dimensiones internacionales. El recorrido propuesto por Pablo se detiene en El Salvador, Cuba y EEUU, en Ciudad de México, Frankfurt y Praga.
Pablo no pasa por alto los mecanismos "discretos" que la CIA podía llegar a desplegar, combinándolos con otros más "agudos"; todos, de algún modo, con un fondo de extorsión. Fueron precisamente los mecanismos discretos los que crearon zonas grises, confusas, ambiguas y protagonistas iguales de grises, confusos y ambiguos.
Como parte de una estrategia contrainsurgente, la CIA quiso "anular" a Dalton como militante revolucionario. El poeta no le interesaba demasiado. Pero, como vimos, en Dalton esas condiciones no estaban escindidas. ¿Acaso la agencia imperialista estaba en condiciones de detectar en la poesía una práctica significante? No pareciera.
Pablo da cuenta de los pormenores de la ejecución de Dalton (junto a José Armando Arteaga) por parte de el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de El Salvador (una de las organizaciones que más tarde se agruparon en el FMLN). Despliega el cuadro de las diferencias: entre una línea pro-china y otra pro-cubana. Entre el purismo y un supuesto pragmatismo. Reconstruye el microclima de una organización político-militar y su devenir sectario; las circunstancias que instalaron la sospecha y el terror y expulsaron la amistad política.
Se detiene en la incompatibilidad de caracteres entre el aparatoso y marcial líder del ERP, Edgar Alejandro Rivas Mira, y el poeta heterodoxo. O entre el poeta y otro personaje responsable de su asesinato: Joaquín Villalobos, el sucesor de Rivas Mira en la conducción del ERP (hoy asesor en seguridad y resolución de conflictos en distintos países con gobiernos derechistas). Pablo no pasa por alto las diferencias de criterios y el choque de semblantes en el marco de procesos e instituciones revolucionarias.
Con extrema meticulosidad, Pablo identifica algunas coincidencias extrañas: hacia mediados de la década de 1960, tenemos al estudiante Rivas Mira en la universidad de Tubinga y, a pocos kilómetros, en Frankfurt, al agente Swenson. Tampoco desecha los trayectos erráticos (para definirlos piadosamente) de Rivas Mira o el de Villalobos. Cierto periodismo, cierta historiografía, se estacionarían en estas coincidencias y trayectos, y eludirían la complejidad histórica para solazarse en el spa de las teorías conspirativas. Pablo hace todo lo contrario: pone en evidencia una encrucijada donde se cruzan el dogmatismo, la ortodoxia y la razón burocrática; donde impera la confusión entre medios y fines.
Justamente allí es donde la organización dizque revolucionaria y la CIA (y todo el sistema instituido por el capitalismo y el imperialismo) se encuentran, y en una danza macabra se entremezclan y se complementan. Con esa maniobra, Pablo nos instala frente a temas de fondo: desde la introyección del dominador y la reproducción de sus lógicas por parte de las fuerzas revolucionarias, hasta la delgada línea que, en ciertas circunstancias, separa la épica, no solamente de lo ordinario, sino de lo bochornoso. También está el peso de las representaciones racionalistas y de los vicios iluministas que hacen mella en las fuerzas que han asumido (y asumen) horizontes liberadores y emancipadores.
Siempre tendemos a pensar a la poesía y a la revolución como diferentes expresiones de una misma praxis. Nadie duda del carácter antipoético de las fuerzas contra-revolucionarias. Pero cuando la política revolucionaria se torna antipoética, cuando la antipoesía se ejerce en nombre de la revolución, ahí se nos queman todos los papeles. Cuando una política revolucionaria se desentiende de la poesía, rompe con la vida, rompe con la realidad, rompe con las personas que están desesperadas y a la intemperie. Entonces, esa política, deja de ser revolucionaria.
El punto es que muchas veces las revoluciones (o las políticas revolucionarias) exigieron para las y los poetas los mismos roles que la burguesía. Las y los quisieron serviles, ornamentales; bardos domesticados. Apéndices de algún Estado, partido o iglesia. Burocráticamente obligaron a las y los poetas a ser menos poetas para ser más revolucionarias y revolucionarios. Gravísimo error. Las y los obligaron a la deserción o al silencio. Así, las revoluciones desecharon unos de sus principales combustibles. Sin horizonte poético las revoluciones indefectiblemente se malogran. Cuando la rebeldía se separa de la poesía, se abren de par en par las compuertas de la degradación. Los que estaban llamados a fusilar la noche y la terrible miseria colectiva, fusilaron al poeta. Mataron el porvenir.
Con un registro que nos remite a Ryszard Kapuscinski y a John Le Carré, pero que, principalmente, retoma la senda trazada por Rodolfo Walsh, este libro de Pablo Solana está llamado a formar parte de la mejor tradición de ese periodismo (¡y esa historiografía!) que sabe conjugar la trilogía compuesta por el rigor en la investigación, la belleza en la expresión y el compromiso político-militante con las distintas luchas por la liberación y la emancipación.
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La verdad en la garganta. La sombra de la CIA tras el asesinato del poeta Roque Dalton. De Pablo Solana. (Buenos Aires: Batalla de Ideas-Escuela José Carlos Mariátegui, Bogota: La Fogata, 2026).
Lanús Oeste, Buenos Aires, Argentina,7 de mayo de 2026.
huelladelsur.ar







