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24/10/2019 :: Medio Oriente

La verdadera razón detrás de la convocatoria de elecciones de Abbas

x Ramzy Baroud
La convocatoria del presidente de la Autoridad Palestina en los Territorios Ocupados palestinos es una estratagema política

No habrá elecciones genuinas y democráticas bajo el liderazgo de Abbas. La verdadera pregunta es: ¿por qué las convoca en primer lugar?

El 26 de septiembre pasado, Abbas utilizó la plataforma política más importante del mundo, la Asamblea General de las Naciones Unidas, para convocar "elecciones generales en Palestina, en Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental, y la Franja de Gaza".

El líder palestino presentó su anuncio haciendo hincapié en la importancia de la democracia en su pensamiento. "Desde el principio, hemos creído en la democracia como base para la construcción de nuestro Estado y nuestra sociedad", dijo con inconfundible seguridad en sí mismo. Pero, resultó que era solo Hamas, no Israel, y ciertamente no el legado antidemocrático, opaco y corrupto de la Autoridad Palestina (AP), la que ha hecho imposible la misión democrática de Abbas.

A su regreso de Nueva York, Abbas formó un comité, cuya misión, según los medios oficiales palestinos, es consultar con varias facciones palestinas cara a las elecciones prometidas.

Hamás aceptó de inmediato la convocatoria de elecciones, aunque solicitó más aclaraciones. La principal demanda del grupo islámico, que controla la asediada Franja de Gaza, es la elección simultánea del Consejo Legislativo Palestino (PLC), la presidencia de la AP y, lo más importante, del Consejo Nacional Palestino (PNC), el componente legislativo del Organización de Liberación de Palestina (OLP).

Si bien la OLP está bajo el fuerte control de Abbas y una camarilla dentro de su propio partido Fatah, las instituciones restantes han operado sin ningún mandato democrático y popular durante casi 13 años. Las últimas elecciones del PLC se celebraron en 2006, seguidas de un enfrentamiento entre Hamas y Fatah que resultó en la actual disputa política entre los dos partidos. En cuanto al mandato de Abbas, también expiró en algún momento en 2009. Significa que Abbas, quien supuestamente cree "en la democracia como la base para la construcción de nuestro Estado" es un presidente que gobierna sin un mandato democrático ni de otro tipo, para gobernar sobre los palestinos.

No es que los palestinos eviten dejar en claro sus sentimientos. Una y otra vez, le han pedido a Abbas que se vaya. Pero el hombre, de 83 años, está empeñado en permanecer en el poder; un poder que habría que definir en que consiste bajo el yugo de la ocupación militar israelí.

El análisis predominante después de la convocatoria de Abbas es que las elecciones son simplemente imposibles, dadas las circunstancias. Para empezar, después de obtener el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como la capital de Israel, es poco probable que Israel permita que los palestinos incluyan a la Jerusalén Oriental ocupada en ningunas elecciones futuras.

Por otro lado, es probable que Hamas rechace la inclusión de Gaza si las elecciones se limitan al PLC y excluyen la presidencia de la AP y al PNC. Sin elecciones al PNC, la reestructuración y la resurrección de la OLP seguirán siendo imposibles, una posición que comparten otras facciones palestinas.

Consciente de estos obstáculos, Abbas ya debe saber que las posibilidades de elecciones reales, justas, libres y verdaderamente inclusivas son insignificantes. Pero su convocatoria es un último y desesperado movimiento para sofocar el creciente resentimiento entre los palestinos, por su fracaso de décadas en utilizar el llamado proceso de paz para obtener los derechos largamente negados de su pueblo.

Hay tres razones importantes que obligan a Abbas a hacer este movimiento ahora.

Primero, el agotamiento del proceso de paz y la solución de dos estados, por una sucesión de medidas israelíes y estadounidenses que ha dejado a la AP, y a Abbas en particular, aislada y con pocos fondos. Los palestinos que apoyaron ese espejismo político ya no constituyen la mayoría.

En segundo lugar, el tribunal constitucional de la AP resolvió, en diciembre pasado, que el presidente debía convocar a elecciones en los próximos seis meses, es decir, en junio de 2019. El tribunal, bajo el control de Abbas, tenía como objetivo proporcionar al líder palestino un marco legal para disolver el parlamento elegido existente, cuyo mandato expiró en 2010, y crear nuevas bases para su legitimidad política. Aún así, no se adhirió a la decisión del tribunal.

Tercero, y lo más importante, el pueblo palestino está claramente harto de Abbas, su autoridad y todas las maniobras políticas de las facciones. De hecho, el 61 por ciento de todos los palestinos en Cisjordania y Gaza quieren que Abbas dimita, según una encuesta de opinión pública realizada por el Centro Palestino de Investigación Política y de Encuestas en septiembre.

La misma encuesta indica que los palestinos rechazan todo el discurso político que ha servido de base para las estrategias políticas de Abbas y su AP. Además, el 56 por ciento de los palestinos se opone a la solución de dos estados; un 50 por ciento cree que la gestión del actual gobierno de la AP de Mohammed Shtayyeh es peor que la de su predecesor; y el 40 por ciento quiere que se disuelva la AP.

De manera reveladora, el 72 por ciento de los palestinos quiere que se celebren elecciones legislativas y presidenciales en todos los territorios ocupados. El mismo porcentaje quiere que la AP levante su parte del asedio impuesto a la Franja de Gaza.

Abbas está ahora en su situación política más débil desde su llegada al liderazgo, hace muchos años. Sin control sobre los resultados políticos, que determinan Tel Aviv y Washington, ha recurrido a hacer una ambigua convocatoria de elecciones que no tiene posibilidades de éxito.

Si bien el resultado es predecible, Abbas espera que, por ahora, aparezca una vez más como un líder comprometido que representa el consenso internacional y los deseos de su propio pueblo.

Llevará meses de energías desperdiciadas, disputas políticas y circo mediático vergonzoso antes de que la estratagema electoral se desmorone, dando paso a un intercambio de acusaciones entre Abbas y sus rivales que podría durar meses, si no años.

Esta no es la estrategia que el pueblo palestino, que vive bajo una ocupación brutal y un asedio sofocante, necesita o quiere. La verdad es que Abbas, y la clase política a la que representa, se han convertido en un verdadero obstáculo en el camino de una nación que necesita desesperadamente la unidad y una estrategia política significativa. Lo que el pueblo palestino necesita urgentemente no es una convocatoria ambigua de elecciones, sino un nuevo liderazgo, una exigencia que se ha expresado repetidamente, aunque Abbas se niega a escucharla.

counterpunch.org. Traducción: Enrique García para Sinpermiso. Extractado por La Haine.

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