La revuelta de los Inmigrantes en EEUU

Cualquier observador ducho de movimientos políticos como este, acordaría de inmediato con que las manifestaciones que agruparon a más de un millón de trabajadores inmigrantes en los Estados Unidos - utilizando los cálculos más conservadores - es un fenómeno excepcional de la lucha de clases.
La pregunta que surge casi naturalmente ante semejante espectáculo es ¿"por qué un movimiento de tal envergadura se conforma con pedir algunas reformas a una ley anti-inmigrante, en lugar de luchar por plenos derechos para todos los inmigrantes?"
Estos trabajadores han abandonado las sombras - como han dicho varios periodistas - y se han lanzado a las calles masivamente a exigir reformas a la Ley Sensenbrenner (HR4437) aprobada por la Cámara de Diputados y ahora bajo discusión en la Cámara de Senadores.
El Comité encargado de hacer recomendaciones para la reconciliación de la propuesta del Senado con la ya votada por la Cámara de Diputados -- dirigido por el liberal Demócrata Edward Kennedy -- lo ha hecho introduciendo una serie de reformas que liman los dientes de algunas de las cláusulas más represivas de la propuesta ley.
No eliminan estas reformas, sin embargo, muchos de los aspectos peligrosos de las mismas como el reforzamiento y militarización de las fronteras, especialmente la del sur del país; varias de las penalidades para los inmigrantes, el establecimiento de programas de "trabajadores huéspedes" y muchos otros aspectos punitivos de la legislación.
Cientos de miles en diferentes ciudades han marchado por horas. Miles de estudiantes han realizado huelgas en sus escuelas, apoyados por sus maestros la mayoría de las veces.
En algunas ciudades se ha reportado que decenas de miles de trabajadores no se han presentado a trabajar en señal de apoyo a las manifestaciones. Para el 1ro de Mayo se habla de una "Día sin Latinos," es decir, de una huelga general étnica, que paralizaría algunas industrias en California, Texas, Nuevo México y otros estados y entorpecería enormemente el funcionamiento de otras.
También se barajan la realización de más protestas masivas durante el mes de abril.
¿Por qué si esta efervescencia existe, la movilización esta en auge y la gente ha perdido el miedo, no se apela directamente a la anulación de la ley y se impone la discusión de una solución definitiva y humana para la situación de todos los trabajadores inmigrantes? ¿Por qué no exigir una amnistía, general, total e incondicional inmediata? ¿Por qué no exigir el establecimiento de una estatuto o enmienda constitucional que brinde plenos derechos igualitarios para todos los que viven en este país?
Las respuestas a estas preguntas son un poco complejas.
Por una lado están las limitaciones de la dirección política del movimiento; por el otro las condiciones bajo las cuales se movilizan millones de trabajadores, particularmente Latinos.
La cuestión de la dirección
Este es la principal barrera para el avance del movimiento en su conjunto hacia la plean igualdad en la sociedad. La Iglesia, algunos dirigentes sindicales, los locutores de radio y televisión Latinos y los dirigentes de los clubes sociales y deportivos de la comunidad Mexicana son la dirección visible del movimiento. Pero detrás, y por encima de ellos, está la mano del Partido Demócrata.
Las instituciones, de "base" por así decirlo, tienen intereses estrechos y por lo tanto un programa muy limitado. La iglesia, los clubes, algunos sindicatos y las estaciones de radio y TV quieren cuidar su "mercado."
Si todos los inmigrantes - como quiere la ley Sensenbrenner - son declarados criminales por el solo hecho de estar indocumentados (y no infractores como lo serían hoy de acuerdo a la ley vigente) y se obliga a patrones, quiénes los ayuden y aún a los maestros de escuela y las iglesias a denunciarlos, se termina el negocio, el mercado, los consumidores de las cadenas de información, los feligreses de las iglesias, los alumnos de las escuelas (de cuya cantidad depende el presupuesto de las escuelas) y, bajo el estigma de la criminalización, organizar a los trabajadores inmigrantes en sindicatos (la población mas dinámica de los últimos años en las campañas de afiliación) se derrumbarían. Y con ellos los negocios de empresarios, curas y burócratas sindicales.
Por lo tanto estas direcciones limitan sus programas a las necesidades de sus organizaciones. Están a favor de reformar la ley hasta el punto que les permita seguir operando con una comunidad que - aunque siga súper-explotada - no esté expuesta a la liquidación mediante la deportación masiva o a la clandestinidad más absoluta.
El Partido Demócrata ha visto en esta campaña una oportunidad de oro para eliminar una base social de millones para los Republicanos y exacerbar con propósitos electorales la inquina de "progresistas", "liberales", los grupos étnicos Latino, Asiático y otros con el gobierno de Bush.
Los intereses electorales de los Demócratas se limitan, en las comunidades étnicas, a quienes votan, no a los inmigrantes indocumentados o los residentes legales que no pueden votar hasta que sean ciudadanos sino a sus familiares, amigos o miembros de la misma comunidad que, siendo ciudadanos, serían alienados de cualquier voto al partido que se vería como el responsable de la persecución de su comunidad.
Los Demócratas entienden que cada indocumentado en el país tiene familiares, amigos, compañeros de escuela o de trabajo que son ciudadanos, que votan y que son influidos por como tratan, o maltratan, a sus amigos y familiares.
El interés de los Demócratas, así como los de la Iglesia, los burócratas sindicales y las cadenas de difusión se limita necesariamente a estos intereses propios y a uno adicional: los Demócratas y los otros no pueden pelearse con los conservadores y derechistas que también llenan las urnas de votos, ocupan las bancas en las iglesias y sí, también están afiliados a sindicatos. Para ellos, los Demócratas, curas y burócratas deben moderar lo suficiente sus demandas para lograr, sino el apoyo de los conservadores de sus organizaciones, al menos su neutralidad u oposición pasiva.
Lo que determina entonces la política y programa de los Demócratas, fundamentalmente como representantes de todos los demás, es el equilibrio entre los intereses propios, el consenso que puedan edificar con la derecha y, si queda sitio, o el sitio que quede, acomodar algunas de las demandas de movimiento.
Con esta dirección, que se entienda, no iremos mucho mas lejos que cambiar un gran garrote por uno un poco más pequeño, con la salvedad que ambos sean efectivos al golpearnos.
La influencia de la radicalización Latinoamericana
Le juega en contra a las limitaciones que quiere imponerle la dirección al movimiento el hecho de que la mayor parte del mismo es de composición Latina y, por lo tanto, se halla influenciado por los grandes movimientos de masas que se dan en el continente. Desde Bolivia a la Argentina y de Brasil a Venezuela, Perú y en mucho menor grado México, movimientos obreros y campesinos han avanzado notablemente en su re-organización desde la década negra de los 90s.
Esa re-organización ha resultado en la emergencia de gobiernos de centro-izquierda en la región que, si bien no significan en la esencia una derrota del capitalismo ni una alternativa a este, han sido el resultado deformado de las luchas. Esto no puede sino influir en la conciencia y la cultura de los millones de inmigrantes Latinoamericanos que viven en EEUU.
Uno de los grandes problemas en esta área, sin embargo, es que esos gobiernos surgidos de las grandes luchas, y los movimientos centro-izquierdistas que dominan la escena política Latinoamericana no han hecho nada aún por los trabajadores de sus países que viven en los Estados Unidos mas allá de algún palabrerillo ocasional. ¿Dónde están las grandes marchas de protesta, de masas, llamadas frente a todas las embajadas de EEUU por los gobiernos, organizaciones y sindicatos que dominan la escena política en los países de donde provienen los trabajadores indocumentados?
Es el caso entonces para la izquierda revolucionaria y socialista de Latinoamérica el tomar a fondo una campaña de solidaridad con los trabajadores Latinos en EEUU. Eso no-solo es parte del internacionalismo obrero y una tarea de primer orden, sino que además serviría para mostrar las contradicciones entre el discurso y los actos del centro-izquierda de América Latina y enviaría un mensaje claro a los trabajadores del continente que viven en EEUU que se les apoya y facilitarían la tarea de la izquierda socialista en el centro del imperialismo mundial para luchar por una mejor dirección del movimiento.
Las declaraciones de solidaridad de partidos y organizaciones sindicales, tal vez incluso algún paro de sectores combativos, piquetes y manifestaciones de repudio al trato de los inmigrantes en EEUU frente a las embajadas de este país y otras medidas de solidaridad, sin son difundidas entre los Latinos en EEUU significarían una gran ayuda en la politización del movimiento, además que desnudaría a la centroizquierda Latinoamericana.
Esta política no debería estar limitada a Latinoamérica y se podría suponer que la izquierda Europea, de Africa, Asia y Oceanía estaría sumamente interesada en desnudar la política represiva del imperialismo norteamericano.
El retraso de la conciencia
Algunos han señalado, con razón, que el propio movimiento de lucha de los inmigrantes está poblado de banderas norteamericanas y consignas que buscan la integración de la comunidad inmigrante a la sociedad imperialista. Esto no debería sorprender a nadie. Es el punto de partida del movimiento, no dónde la izquierda aspira que termine. Es más que lógico que, en luchas como esta, los inmigrantes busquen - si se quiere ingenuamente - que el propio gobierno del imperio les conceda su estabilidad como comunidad. ¿"No trabajamos, pagamos los impuestos y servimos a la sociedad en su conjunto?" - se dicen a sí mismos. Este punto de partida "razonable" es el estado de conciencia actual del movimiento.
El imperialismo jamás concederá a los trabajadores inmigrantes plenos derechos democráticos y civiles. Si lo hiciera, abriría las compuertas de una mayor radicalización y un giro en la política interna norteamericana que los partidos del régimen bipartidario, Demócratas y Republicanos, no pueden arriesgar.
La lucha deberá arrancar estos derechos y cada uno que se obtenga será el sub-producto de lo que exija y haga en las calles y lugares de trabajo de EEUU. Es en esa experiencia de la lucha concreta, cualquiera sea el punto de partida en términos de consignas y programa, es en el que se nutrirán los saltos en la conciencia de los trabajadores inmigrantes y, por lo tanto, la elevación de sus demandas. Si logramos construir una dirección alternativa a la actual, por supuesto, que no actúe como un soporífero de la acción, sino como un catalizador de la misma..
La Unidad de Acción, el Frente Único Obrero y la cuestión de la conciencia del poder
¿Es entonces superflua la lucha por las reformas como esta planteada actualmente? De ninguna forma ya que ha sido ella la que ha despertado a la acción política a millones de inmigrantes y sus aliados en el centro del imperialismo mundial.
De lo que se trata es de luchar en el seno de este nuevo movimiento de masas para que este eleve sus consignas y que pase de una estrategia defensiva (reformar algunos puntos de la ley) a una política y estrategia ofensivas que no se limite a responder a los ataques sino que exija plena igualdad y derechos para los inmigrantes y sus familias.
Se puede marchar junto a los Demócratas, la iglesia, los clubes de fútbol y las emisoras de noticias en español para empujar el movimiento hacia delante hasta donde se pueda, apoyando las demandas democráticas por mínimas que estas sean. Pero debemos alertar permanentemente sobre el carácter limitado de los sectores de la burguesía norteamericana (representada por los Demócratas, la iglesia, etc.) y la de los capitalistas Latinos (encarnados por las cadenas de radio y televisión y los gobiernos burgueses de Latinoamérica.) Cuando sus intereses se vean cumplidos o cuando el movimiento rebalse y supere sus expectativas e intereses, lo dejarán caer como una papa caliente de sus manos.
Lo hicieron en el 2001 cuando un movimiento por la amnistía se estaba forjando con cierto peso entre los trabajadores inmigrantes y los sindicatos p[ero que fueron abandonados a su suerte por burócratas y el Partido Demócrata que corrieron a abrazarse en la "unidad nacional" con Bus y su guerra después del 11 de Septiembre. Es necesario ir construyendo una dirección que no capitule, que no se venda, que empuje y que represente los intereses de los trabajadores indocumentados, no los de otros sectores privilegiados de la sociedad.
De la misma forma, y simultáneamente, los socialistas norteamericanos y Latinos en EEUU deben forjar otra herramienta, paralela y simultánea a la unidad de acción con todos los sectores en el inicio del movimiento, y es una alianza de los socialistas y sectores sindicales que estén dispuestos a llevar la lucha mas allá. Al terreno de la acción obrera en fabricas y lugares de trabajo, a extender las huelgas a escuelas y universidades y a levantar las verdaderas demandas democráticas e históricas del movimiento: ¡Plena e irrenunciable igualdad!
La clave del movimiento es lograr el apoyo del movimiento obrero de EEUU y Latinoamérica
Las manifestaciones de masas en Los Angeles y una docena de otras ciudades norteamericanas han sido impecables en un sentido. Ni una vidriera rota, ni un acto de violencia, ni un solo detenido. No es precisamente porque sean manifestaciones a las que les ha faltado militancia, sino porque parten del entendimiento de quiénes participan en ellas de que hay mucho en juego y que son muchos quienes se le oponen.
El movimiento no quiere ni puede arriesgar alienar al movimiento obrero norteamericano que es fácilmente engatusado por la propaganda de los medios de difusión de las grandes corporaciones, exhibiendo ante las cámaras de televisión la imagen que se ha encargado de fijar en la sociedad el régimen sobre los inmigrantes..
Existe sin embargo la posibilidad que, tarde o temprano, el régimen político apele a la violencia para detener el avance del movimiento o para mantenerlo dentro del campo de la simple reforma de la ley. Por supuesto, este movimiento, por la condición tan delicada y discriminada de sus miembros en la sociedad tiene que dejar en claro, sin la más mínima duda, que toda violencia será, y lo es históricamente, empezada por el régimen político no por el movimiento.
Esto debe ser así, porque cuando surja la necesidad de defenderse de los ataques físicos de la policía o bandas de ultraderecha, debe quedar en claro para todos de donde surgió la violencia y la legitimidad de la defensa propia.
Por otro lado, hay que profundizar la tarea de organización del movimiento, principalmente en las comunidades afectadas, pero también tiene que existir una política consciente y sistemática de penetrar los lugares de trabajo y los sindicatos con el movimiento y sus reivindicaciones.
La comunidad trabaja en miles de fabricas y centros de trabajo con millones de obreros y trabajadores afroamericanos, blancos y de otras comunidades. A ellos hay que dirigir la propaganda y agitación necesarias, con los argumentos necesarios, para ganarlos para el lado de los trabajadores inmigrantes.
Una legalización inmediata y general de los indocumentados y la obtención de los plenos derechos democráticos y civiles representaría una gran victoria para el movimiento obrero norteamericano en su conjunto porque se barrería con una política de superexplotación de los inmigrantes para deprimir los salarios y condiciones de vida del resto de los trabajadores norteamericanos.
Los trabajadores blancos y negros deben apoyar a sus hermanos Latinos e inmigrantes en general no solo porque es lo moral y políticamente necesario, sino también porque ayudaría a la propia movilización y demandas de mejores salarios y condiciones de trabajo para el conjunto de los trabajadores del país.
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