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EE.UU. :: 14/05/2006

Más allá del lobby israelí

Michael Neumann
¿Por qué apoya EE.UU. a Israel? Tiendo a estar en desacuerdo con Walt y Mearsheimer. Puede ser que la influencia del lobby israelí sea la única explicación lógica, pero eso no significa que la explicación sea correcta. Las naciones no se comportan siempre de manera lógica

El Lobby israelí y la política exterior estadounidense, de los profesores Walt y Mearsheimer es una importante contribución al debate Israel-Palestina. Es una lástima que una parte importante se haya perdido en el melodrama.

El melodrama trata del lobby israelí, alias el "lobby judío". Un tufillo de teoría de conspiración judía, y escuadrones de columnistas parten a combatir a los nazis que se ocultan en las universidades. Pero tomemos un poco de distancia: es difícil vislumbrar por qué semejantes historias del lobby son tan fascinantes.

Varias organizaciones sedicentes judías y entes pro-israelíes, así como numerosos grupos de presión política, se vanaglorian de su éxito. Nadie sugiere que estén mintiendo. ¿Cuánta influencia tienen exactamente sobre la política de USA? ¿Hasta qué punto son responsables por conducir a EE.UU. a Iraq?

No tenemos la menor idea. Las decisiones políticas de EE.UU. son un asunto complicado. Una parte es secreta. Los motivos y los procesos mentales de la gente son a menudo ocultados. ¿Y en qué medida los lobbyistas empujan a los que toman las decisiones por un camino que ya desean seguir? Ni siquiera considero que estas preguntas sean interesantes.

Lo que importa en realidad es si el apoyo a Israel sirve los intereses de USA. Si es así, ¿por qué demonios nos preocupa un lobby pro-Israel? Si no es así, el lobby es algo malo, incluso si no conspiró para llevarnos a Iraq.

Walt y Mearsheimer son de los pocos que encaran de frente este importante tema. Dicen: "Israel es en realidad un lastre en la guerra contra el terror y el esfuerzo más amplio de lidiar con estados delincuentes." Argumentan enérgicamente en defensa de esa afirmación. Parte de la culpa es también suya por no lograr que su mensaje llegue a sus lectores, porque este material no merece el tratamiento de segunda que le dan.

No es que el mensaje necesite mucho para que llegue a los lectores; en realidad no es tan complicado. No cabe duda de que EE.UU. está muy preocupado por el petróleo del Medio Oriente; a menudo se sugiere que es el principal interés de EE.UU. en la región. Bueno, ¿cómo se sirve dicho interés cuando se trata de quedar bien con el único país en el área que es odiado por los productores de petróleo? Algunos eruditos nos dicen, con un aire de sagacidad, que Israel es útil para controlar el petróleo, y sugieren que las Compañías del Gran Petróleo se benefician con el contubernio. ¿Pero cómo, exactamente, ayuda Israel a controlar el petróleo?

Israel tendría que meterse por Siria o Líbano o Jordania para acercarse a algo de petróleo. Al hacerlo provocaría una conflagración mayor e -imaginen lo que pasaría- destruiría enormes capacidades de producción de petróleo. Además, EE.UU. no precisa de Israel para controlar el petróleo. EE.UU. podría ocupar cualquier campo petrolífero en Medio Oriente por sí solo sin ayuda israelí.

No es que nadie necesite ocupar algún campo petrolífero. Cada país en Medio Oriente vende gustosamente petróleo a USA. Sadam Husein no tuvo ningún problema al hacerlo, y somos nosotros los que no compramos petróleo a Irán, no son los iraníes los que no nos quieren vender petróleo. Si jamás fuera necesario ejercer presión militar sobre los países del Medio Oriente, EE.UU. podría establecerse en el Golfo Pérsico y sobre los oleoductos que provienen de las regiones productoras de petróleo para controlar por completo el flujo de ese petróleo. Así que no, tu todo terreno no circula gracias a Israel.

¿Por qué entonces apoya EE.UU. a Israel? En este aspecto tiendo a estar en desacuerdo con Walt y Mearsheimer. Puede ser que la influencia del lobby israelí sea la única explicación lógica, pero eso no significa que la explicación sea correcta. Las naciones no se comportan siempre de manera lógica.

La alianza de EE.UU. con Israel provino de la política de la Guerra Fría de los años cincuenta. Usamérica apoyó a Egipto contra Inglaterra, Francia e Israel en 1956. Pero cuando Nasser comenzó a comprar armas del bloque soviético, las cosas cambiaron. Usamérica, obsesionado con visiones de un Medio Oriente comunista, sintió la necesidad de tener un aliado y una base de operaciones desde la cual pudiera intimidar a los países más sospechados de orientarse hacia el campo soviético: Egipto y Siria. Mientras más mejoraban las capacidades militares de Israel, más parecía un aliado valioso.

Con el fin de la Guerra Fría, la justificación de esa alianza dejó de existir, pero no la alianza. Gran parte del gobierno y de la conducta de las naciones se debe a la inercia, y EE.UU. no es una excepción de la regla. Tal como las naciones europeas tardaron decenios en dejar atrás su apego sentimental a los estadounidenses que derrotaron a Hitler, los estadounidenses tardan decenios en dejar atrás su apego sentimental a Israel, su aliado en la lucha contra el comunismo.

Tal vez me equivoque y Walt y Mearsheimer tengan razón. Lo que importa es que EE.UU. ya no tiene ninguna razón para apoyar a Israel, y muchos motivos para no hacerlo. Basta con imaginar si EE.UU. dejara de respaldar a Israel y diera aunque fuera un moderado apoyo a los palestinos. Repentinamente, el Islam y EE.UU. se encontrarían del mismo lado. La guerra contra el terror se convertiría en un paseo. La credibilidad de la democracia usamericana se dispararía en Medio Oriente. Y sería mucho más barato. Parece harto más importante que lo que un neoconservador judío dijo a quién sea.

El profesor Joseph Massad ("Blaming the lobby" [Culpando al lobby], 23 - 29 de marzo de 2006) presenta una argumentación razonable de que la influencia del lobby de Israel sobre la política de EE.UU. ha sido exagerada. Sin embargo, su explicación de lo que impulsa el apoyo de EE.UU. para Israel es menos exitosa, y propugna una interpretación extremadamente dañina para la caEE.UU. palestina.

El profesor Massad afirma que:

"En el mundo árabe y en otros sitio se oponen a Usamérica porque ha mantenido y sigue manteniendo políticas adversas a los intereses de la mayor parte de la gente en esos países y que son sólo beneficiosas para sus propios intereses y para los regímenes minoritarios en la región que sirven esos intereses, incluyendo a Israel."

Se podría decir de tales interpretaciones exactamente lo que el profesor Massad dice de aquellas que culpan al lobby israelí: " el problema con la mayor parte de ellas es lo que queda sin articular". ¿Cuáles son esas políticas, y por qué las mantiene USA? Massad parece referirse a su observación anterior de que EE.UU. ha mantenido una política consecuente desde la Segunda Guerra Mundial de combatir a todos los regímenes en el Tercer Mundo que insisten en controlar sus recursos nacionales, sea la tierra, el petróleo, u otros minerales valiosos. Vale desde Irán en 1953 a Guatemala en 1954, al resto de Latinoamérica hasta llegar a la Venezuela de nuestros días.

Pero es difícil aceptar que esto explique la actual política de EE.UU. en Medio Oriente. Los regímenes de Medio Oriente no forman parte, para ser exactos, del Tercer Mundo, y no es un hecho que Usamérica se haya opuesto consecuentemente a regímenes de Medio Oriente que insisten en controlar sus recursos.

Al contrario, EE.UU. tiene excelentes relaciones con las naciones del Golfo ricas en petróleo, y esas naciones han insistido a través de su historia, con cada vez más énfasis, en mantener ese control.

Se puede decir lo mismo de las compañías petroleras de USA, que obviamente prefieren la cooperación a la fuerza militar cuando se trata de operar en Medio Oriente, Han mantenido esa preferencia incluso cuando significaba una reducción considerable de sus beneficios.

Por motivos similares, las compañías petroleras estadounidenses verdaderamente grandes no apoyaron la invasión de Iraq: destacados economistas petroleros tales como Daniel Yergin y Fareed Mohamedi presentan argumentos convincentes al respecto. De manera que la explicación del profesor Massad no sirve.

* Michael Neumann es profesor de filosofía en la Universidad Trent en Ontario, Canadá
Fuente: CounterPunch
Traducido por Germán Leyens


Más información en La Haine: Noam Chomsky y el lobby pro israelí: catorce tesis erróneas
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