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17/09/2019 :: México, EE.UU.

México en el laberinto de la política migratoria y de la reelección de Donald Trump

x Adrián Sotelo Valencia
Las pretensiones imperialistas de Washington, ahora y en todos los tiempos, no tienen límites ni condicionantes

Después del anuncio triunfalista del Secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, en el sentido de haber reducido hasta 56% el flujo migratorio dirigido a EEUU -en virtud del “acuerdo” (impuesto) con ese país y firmado el 7 de junio pasado con el fin de evitar la amenaza de Trump de imponer “sanciones” arancelarias a las exportaciones mexicanas- la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet -la misma que, hay que recordar, como presidenta de Chile, reprimió y violó los derechos humanos de mapuche, trabajadores y estudiantes; la que ni una palabra ha expresado respecto a la política represiva que ejerce el gobierno chileno encabezado por el presidente Sebastián Piñera contra los movimientos populares y la población en general al mismo tiempo que, en su actual posición, avala la política injerencista de Washington contra Venezuela-; dijo estar “preocupada” por las políticas implementadas por los gobiernos de México, EEUU y de otros países centroamericanos, supuestamente por “exponer a los migrantes a mayor riesgo de violaciones y abusos de derechos humanos”.

Desafortunadamente tenemos que convenir con esta persona al aceptar que efectivamente el gobierno mexicano ha actuado como Muro de Contención de las políticas genocidas y racistas de Washington a través de la acción combinada de la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Migración y la Policía Federal, incluyendo a policías municipales con el resultado que menciona la señora Bachelet de que lo anterior “expone a los migrantes a riesgos y violaciones de los derechos humanos”.

En una entrevista con la revista Proceso, Marcelo Ebrard señaló que confía en que el diálogo que va a sostener este martes 10 de septiembre en Washington con las autoridades estadounidenses va a conjurar el peligro de que se impongan aranceles, dado el “buen desempeño” del gobierno mexicano en materia migratoria. Así, declaró que: “... confía en que el mencionado diálogo en Washington esté libre de amenazas de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, porque el gobierno mexicano ha conseguido reducir el flujo migratorio hacia EEUU. Si comparamos mayo con los últimos días de agosto, hay una reducción de aproximadamente 60%” (Proceso n. 2236, 8 de septiembre de 2019, p. 22).

Pero lo que no dijo el Canciller Ebrard es el dato de que entre enero y agosto de 2019, 48 mil 254 extranjeros pidieron refugio a México, según la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), lo que significa un incremento de la tasa de refugiados de 331% en relación con el año anterior. Problemática que le da más cartas de presión y bríos al gobierno norteamericano para presionar e imponer sus políticas migratorias a México.

En efecto, el Secretario de Relaciones Exteriores viaja a Washington para reunirse con funcionarios estadounidenses con quienes evaluará las políticas migratorias implementadas por México en los últimos 90 días. Del resultado de las conversaciones dependerá el incierto y ambiguo comportamiento de Trump que reacciona de acuerdo con sus intereses personales y de los “consejos” de sus asesores, particularmente en relación con sus pretensiones reeleccionistas.

Testimonios de inmigrantes y de defensores de derechos humanos aseguran que a raíz de la imposición de las políticas México-norteamericanas en materia migratoria y de seguridad en las fronteras norte-sur, se han incrementado las rutas clandestinas altamente peligrosas que no son vigiladas por las corporaciones policiacas, pero sí acechadas por los grupos criminales y los traficantes de personas conocidos como “polleros”.

Lo que evidentemente ignora tanto la Comisionada de la ONU, como las autoridades de ambos países, en la medida en que basan sus informes en función de las entradas y salidas contempladas en las guardias migratorias legalmente constituidas.

Si bien estos resultados mejoran la imagen de Donald Trump con vistas a las elecciones presidenciales de EEUU el próximo año , así como a la probable reelección del magnate neoyorkino- mientras se deteriora la del gobierno de Mexico por su actitud de complacencia y docilidad hacia EEUU - no ocurre así para los miles y miles de inmigrantes y los trabajadores indocumentados que todavía permanecen en territorio norteamericano bajo la amenaza permanente de ser deportados a México que, en los hechos, se ha convertido en “Tercer País Seguro” (¡!), por mucho que lo nieguen las autoridades de este país. En su lugar lo califican con el slogan de tufo turístico: “quédate en México”, que implica la permanencia forzosa en condiciones de inseguridad, insalubres (sobre todo para los niños) y precarias; o, como última alternativa, la ingrata deportación.

Pero las pretensiones injerencistas e intimidatorias de Washington no dejan lugar a dudas de que este es su verdadero objetivo, porque lo es de la campaña electorera de Trump. Es así como en vísperas de la reunión entre el canciller mexicano con funcionarios estadunidenses, el comisionado interino de Protección Fronteriza, Mark Morgan, en conferencia de prensa en la Casa Blanca afirmó que México “debe de hacer más en el control migratorio”. Y también el vicepresidente, Mike Pence, argumentó en su cuenta de Twitter que “¡Hay todavía mucho trabajo por hacer!" (Newsweek México, “EEUU reporta disminución de flujo migratorio, pero busca que México ‘haga más”, 9 de septiembre de 2019, en: https://newsweekespanol.com/2019/09/eu-flujo-migratorio-mexico-haga-mas/).

En este sentido el mismo Morgan aseguró que ya se negocia, al igual que con el gobierno hondureño, y antes con el guatemalteco, el tema de que México se constituya en Tercer País Seguro para frenar la migración. Cuestión que evidentemente no ha salido a la luz y tal vez se sepa más al respecto después de las conversaciones entre ambos gobiernos.

Como se puede apreciar sin ser muy docto en la materia, las pretensiones imperialistas de Washington, ahora y en todos los tiempos, no tienen límites ni condicionantes más que los que ordena la Casa Blanca en el marco de sus intereses geopolíticos y estratégicos a escala latinoamericana e internacional.

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