Nepal: Con dirección maoísta, ex esclavos aguan fiesta del rey

9 de febrero de 2004.- Nepalganj está a sólo seis km del cuartel regional del Ejército Real de Nepal (ERN), y se esperaba que el rey pudiera hospedarse ahí con tranquilidad. Pero, no pudo lograr que las masas asistieran al acto, masas que, se suponía, debían mostrar su apoyo al rey y dar sus tardías felicitaciones por su ascenso al trono.
El Gobierno Autónomo Tharuwan respondió declarando el acto una actividad ilegal y prohibiéndolo. Convocó a huelgas del 6 al 7 de febrero y a un bandh (paro) el 8. Los medios informativos nepaleses tomaron nota de huelgas en diez de los distritos de la región. El día de la recepción, un diario en lengua nepalí informó: Es nulo el movimiento de vehículos en Nepalganj y otros lugares. Según otro diario, se cerraron grandes instituciones y empresas, y hasta los salones de té.
El propio rey y su séquito tuvieron que entrar a hurtadillas a Nepalganj tres días antes, el 5 de febrero, porque al día siguiente las huelgas encabezadas por los maoístas paralizaron el transporte terrestre y aéreo en la región.
Ese día alrededor del local del acto, los maoístas difundieron miles de volantes y pegaron afiches contra la monarquía y la recepción, pese a la presencia de cinco mil policías y soldados reales y miles de policías civiles y espías. Dos helicópteros del ejército y uno de la monarquía sobrevolaban la región. Los caminos estaban atascados de patrullas motorizadas. Las fuerzas de seguridad hicieron presencia en intervalos de diez minutos; las fuerzas de seguridad armadas y espías vestidos de civil estaban pendientes de los movimientos de la población.
En los días previos al acto, dos agentes de seguridad mordieron el polvo en el local de la recepción. En cuatro lugares distintos de Nepalganj hicieron explosión bombas. En víspera de la recepción, ocurrieron media docena de explosiones en la región centro-occidental.
El día del acto, las masas de Nepalganj se quedaron en sus hogares. Una zona de ocho km2 estaba bajo fuerte control del ERN, pero el resto de la región quedó bajo el control de los revolucionarios encabezados por los maoístas.
A las 10:30 horas, apenas 200 personas estaban congregadas en el local, según el cotidiano Mahanagar. El rey y su séquito feudal habían esperado la presencia de unos miles de personas. Acudieron bajo presión algunos oficinistas y otros empleados; la policía y los soldados obligaron por medio de la fuerza que otras personas asistieran, según el noticiero en línea maoísta KSS (Krishnasen Sambad Samiti). Supuestamente, la recepción iba a celebrarse al medio día. Según Mahanagar, empezó con media hora de retraso, pero las 200 personas comunes quedaron engullidas en medio del mar de cientos de viejos panchas y mandales (los miembros y seguidores del sistema monárquico de comités locales compuestos de personajes feudales, o panchayats, y sus esbirros) y los miles de policías y soldados quienes llenaron el estadio.
Según la BBC, cuando los periodistas objetaron la brutalidad de las fuerzas de seguridad, éstas arremetieron en su contra con garrotes.
KSS resumió que, pese a la importancia del acto para la monarquía, la humillación del rey caracterizó el día.
La formación del Gobierno Autónomo Thurawan fue parte del plan del PCN (M) de ganarse el derecho a la autodeterminación para las nacionalidades y regiones oprimidas en Nepal. En los últimos siglos, una gran cantidad de tharúes que viven en la región han tenido que contratarse como jornaleros, casi como esclavos, de los terratenientes ociosos de las clases altas (zamindares) vinculados a la monarquía y al gobierno. En generación tras generación, los campesinos han tenido que matarse trabajando para los terratenientes a fin de pagar sus deudas. Cuatro años después del inicio de la guerra popular, en 2000, el gobierno abolió el sistema formal de trabajo bajo contrato. Pero no realizó una reforma agraria. Hoy, en una buena parte de la región las masas se han apoderado de las tierras y los zamindares han tenido que trabajar. Hace poco, un animado joven estudiante de una familia de jornaleros bajo contrato le dijo a un corresponsal del New York Times: Ahora, todos los zamindares nos tienen miedo.
Según el New York Times, hoy, el ejército sospecha de todos los tharúes y ha hostigado, golpeado, arrestado, secuestrado o asesinado a muchos de ellos.
Eso es lo que se supone que la recepción cívica del rey iba a celebrar y reforzar.







