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EE.UU. :: 15/12/2009

Obama en Oslo: El discurso de la hipocresia imperial

Miguel Urbano Rodrigues
[Traducido para La Haine por Pável Blanco] El discurso de Obama en Oslo, aclamado por los sacerdotes del sistema opresor, configuró una ofensa a los pueblos agredidos

Tal vez ningún otro Premio Nobel de la Paz haya suscitado tan amplia y justa polémica a nivel mundial como el atribuido a Barack Obama

Admito que en el porvenir el discurso que él pronuncio en Oslo, el 10 de Diciembre pasado, al recibirlo, será recordado como el discurso de la hipocresía imperial.

Nueve días antes, el ciudadano- presidente Obama decidió enviar para Afganistán 30 000 soldados más, elevando a 100 000 los efectivos del ejército norteamericano que invadió aquel país hace 8 años.

Consciente de que el discurso de la paz era en la actual circunstancia incompatible con el involucramiento actual de los EEUU en múltiples guerras de agresión, el nuevo Premio Nobel intentó justificarlas en nombre de valores eternos de la condición humana.

Presentó el apocalipsis afgano como una “guerra necesaria” librada en defensa de la humanidad. Habló de “promesa de tragedia”, reconociendo, apesadumbrado, que en las guerras “unos matan, otros mueren”. Omitió que la tragedia desencadenada en el corazón de Asia no es una promesa, sino una monstruosa realidad. Y omitió también que es su gente, cumpliendo órdenes criminales, quien mata y los “otros” quienes mueren.

No dijo que en Afganistán murieron, hasta fin de Noviembre, solamente 849 soldados norteamericanos, los agresores, y más de 100.000 entre los agredidos, la mitad de los cuales de hambre.

Trazando una frontera entre las “guerras necesarias” y aquellas que no lo son, Obama afirmó que “un movimiento no violento no habría podido detener a los ejércitos de Hitler”. Mas enunció esa evidencia para establecer un paralelo grotesco entre Al Qaeda y el III Reich nazi. Identifica en la invasión a Afganistán una exigencia de la defensa del pueblo de los EEUU porque “los líderes de Al Qaeda (organización inexpresiva en un país donde el árabe es una lengua desconocida por el pueblo) no aceptan deponer las armas”.

Queda implícito que el Estado más rico y poderoso del mundo consideró imprescindible para su seguridad que las Fuerzas Armadas norteamericanas atravesaran un océano y dos continentes para ir a combatir en uno de los países más atrasados y pobres del mundo al líder de una secta de fanáticos. Por primera vez en la Historia un gobierno declaró la guerra no a un Estado, sino a un terrorista, dándole la condición de interlocutor. Con la peculiaridad de que, siendo desconocido su paradero, el objetivo y victima de esa guerra irracional fue y continua siendo el pueblo entre el cual supuestamente se ocultaría Ben Laden.

En el mismo día en que Obama recibía el Nobel de la Paz en Noruega, el general Stanley Mc Crhystal hacia frente al Congreso de los EEUU de gala, con el pecho constelado de condecoraciones – las medallas de los guerreros agresores son tradicionalmente atribuidas en función de la cantidad de masacres que cometieron por la “salvación de la patria. El comandante supremo en el área de Afganistán-Pakistán reafirmó su certeza en la victoria de una “guerra justa y necesaria”.

Son complementarios su discurso y el de Obama.

La Violencia en la Historia

En tanto Obama luchó por la Presidencia y en los primeros meses de Gobierno, su discurso, entonces retorico, presentaba matices humanistas.

Lo mismo entre adversarios ideológicos, perduró durante algún tiempo una duda: ¿sería el joven presidente un estadista fiel a principios y valores éticos y que solamente no iría más lejos por ser atado por el engranaje del sistema del poder?

El balance de su política en once meses no favorece su imagen. No obstante el bombardeo mediático promovido para erigirlo en el “salvador” de lo que el capitalismo en crisis estructural necesitaba; la idea de que el Presidente de los EEUU no concretizó compromisos asumidos por que el gran capital y el Pentágono lo impedirían es negada por la realidad de la vida.

Por si sola, la escalada en Afganistán hizo derrumbar el mito del eticismo del presidente. Sobra solamente la retorica.

El discurso de Oslo oscila sobre la razón y la ética. Bajo el manto del “poder moral”, Obama, moviéndose en un laberinto de hipocresía y de contradicciones, pretende persuadir a los pueblos de que el poder imperial de los EEUU está al servicio de la humanidad cuando dolorosamente recurren a la violencia para defender, según él, la libertad, la democracia, la civilización.

Marx capto la realidad al afirmar que la violencia viene funcionando como partera de la Historia.

Poco cambio en millares de años. En nuestro tiempo la humanidad nada en un océano de violencia. En los últimos 60 años en la guerra y otros flagelos, cuya responsabilidad en lo fundamental corresponde al imperialismo murieron o fueron heridas 60 millones de personas, casi tantas como en la II Guerra Mundial.

En un libro maravilloso [1], Georges Labica –uno de los grades filósofos del siglo XX y uno de los rarísimos intelectuales contemporáneos que hizo de la cultura integrada el cimiento de una obra luminosa por la inteligencia y saber – nos recuerda que el capitalismo es la patria de un sistema que esclaviza (y emancipa a través de la rebelión) y que la globalización de la violencia refleja al final el estado de la sociedad modelada y oprimida por sus engranajes.

Las guerras “necesarias” no son las que los EEUU libran en Asia contra pueblos misérrimos cuyas riquezas saquean.

Esas, las “justas”, son inseparables del derecho a la sobrevivencia de pueblos agredidos por otros, las que oponen la violencia libertadora a la violencia opresora. Ya decía Maquiavelo que “los levantamientos de un pueblo libre son raramente perniciosos a su liberación”.

La Historia nos presenta a lo largo de los siglos ejemplos expresivos, en ocasiones conmovedores, de tales guerras, autenticas epopeyas nacionales. La resistencia armada y entonces en ellas el desembocar de la voluntad colectiva.

Eso ocurrió en la guerra civil rusa en defensa de la Revolución de 17, el combate a la barbarie del III Reich Alemán; en la lucha del Vietnam contra los EEUU, en la saga argelina, en el batallar multisecular por la independencia de los pueblos de Asia, de América Latina y de África contra el colonialismo y por el derecho a construir su propio futuro como sujetos de la Historia, acontece hoy en la lucha épica del pueblo palestino contra el sionismo neonazi, en la resistencia de los pueblos de Iraq y de Afganistán contra la ocupación imperial norteamericana.

El discurso farisaico de Obama en Oslo, aclamado por los sacerdotes del sistema opresor, sus cómplices, configuró una ofensa a la inteligencia y dignidad de los pueblos agredidos, explotados y humillados por el imperialismo.


Nota

[1] Georges Labica, “ Théorie de la Violence”, Ed.La Cita del Sole, Napoles, e Librairie Philosophique J.Vrin, Paris, Dezembro de 2007.

V.N de Gaia, 12 de Diciembre del 2009
www.odiario.info

 

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