Políticas del régimen estadounidense: ¿Son los Demócratas diferentes?

La batalla por ver quien será el siguiente presidente de Estados Unidos comenzó la semana pasada con los partidos Demócrata y Republicano organizando consejos políticos en el estado de Iowa para comenzar a escoger a su candidato.
Las elecciones de 2008 van a ser la campaña electoral más cara de la historia. Los candidatos gastarán 1 billón de dólares en los siguientes diez meses en la carrera hacia las elecciones, establecida para el 4 de noviembre. En un país donde uno de cada seis niños se acuesta hambriento, ese dinero los podría alimentar durante los siguientes cuatro años.
Hillary Clinton y Barack Obama, los dos candidatos clave demócratas, han recibido financiación electoral de guerra excediendo los 100 millones de dólares. La guerra y la locura neoliberal han marcado la presidencia de George Bush. No es de extrañar que millones de personas, tanto en Estados Unidos como alrededor del mundo, esperarán y rezarán para que los republicanos no vuelvan a ganar.
Por vez primera, hay una posibilidad real que una mujer o un hombre negro se convierta en presidente de los Estados Unidos. La idea que los demócratas son el mal menor de entre los dos principales partidos es un argumento muy popular en Estados Unidos. Muchos en la izquierda radical aceptan esto como sentido común.
Detrás de todo el bullicio electoral, muchos se preguntan si, ya sea Clinton, Obama o cualquier otro candidato presidencial demócrata son diferentes de sus rivales republicanos y si realmente ofrecen alguna esperanza a los pobres y la clase trabajadora en los Estados Unidos.
Ambos, Clinton y Obama ofrecen algunos pequeños cambios retóricos respecto a los años de Bush. Ambos insisten en la idea de la diplomacia en lugar de las políticas exteriores agresivas y unilaterales. En el ámbito doméstico, incluso prometen recortar parte de las suspensiones de impuestos de los ricos. Pero como un periodista en el Washington Post comentó, “ambos candidatos le proponen al electorado lo menos posible y sus políticas aun no comienzan a deshacer el daño de ocho años de George Bush.”
En contra
En la pregunta clave sobre la guerra en Irak, hay pocas esperanzas para el movimiento antiguerra. Clinton votó por la guerra y esa es una decisión que se vuelve en contra de su campaña electoral. Obama no es mejor –está rehusando comprometerse a retirar las tropas de Estados Unidos incluso para el final de la siguiente legislatura en 2013 y dijo estar preparado para atacar Irán.
Hay un enfurecido debate dentro de la clase dirigente estadounidenses sobre cómo salir de la debacle de Irak y al mismo tiempo continuar manteniendo sus intereses imperialistas. Los demócratas quieren lograr las mismas metas que los republicanos pero por métodos diferentes.
A los medios de comunicación en Gran Bretaña les gusta presentar al Partido Demócrata como una coalición de sindicatos, grupos por los derechos civiles, grupos de mujeres y campañas temáticas –un partido de tipo laborista. Nada podría estar más alejado de la verdad.
En Gran Bretaña el Partido Laborista está todavía principalmente financiado por los sindicatos. Éste no es el caso de los demócratas. Alrededor de 93% de las contribuciones políticas de los sindicatos van al Partido Demócrata, sin embargo esto sólo representa el 14% de su financiación.
El dinero proveniente de los grandes negocios supone tanto como el 67% del dinero recaudado. En la elección presidencial de 2004, el candidato demócrata John Kerry recaudó unos asombrosos 187 millones de dólares para su campaña.
Las donaciones cruciales vinieron de algunas de las corporaciones más grandes de Estados Unidos incluyendo a Time Warner, Goldman Sachs, Citigroup, Microsoft e IBM. Éstas son las compañías que manejan los hilos dentro del Partido Demócrata.
El Partido Demócrata es un partido capitalista que representa los intereses de la clase dirigente estadounidense. De las 13 mayores donaciones corporativas para el Partido Demócrata en 2004, más de la mitad financió también a los republicanos. Algunos donando exactamente la misma cantidad a ambos partidos.
Los grandes negocios influyen a los demócratas de muchas otras formas. Financia muchos de los think-tanks y los centros de investigación del partido y aconsejan a los políticos y candidatos demócratas.
Llegados al cargo, el registro de los demócratas no es mejor que el de los republicanos. Por ejemplo el balance en el cargo de Bill Clinton, marido de Hillary, durante su presidencia entre 1993 y 2000 no ofrece una lectura feliz.
La brecha entre ricos y pobres aumentó casi diez veces. El número de prisioneros federales casi se duplicó. Clinton ordenó a las fuerza estadounidenses entrar en situaciones de combate tantas veces como sus cuatro predecesores juntos y acabó con el sistema federal de bienestar –algo que el derechista Ronald Reagan tan sólo podía soñar con hacerlo.
Principios
Los intentos de Hillary Clinton por hacer públicos los éxitos del mandato de su marido no surgieron efecto en el consejo político de Iowa la semana pasada, donde fue desplazada al tercer lugar por detrás de Obama y John Edwards.
Desde su mismos principios el Partido Demócrata ha sido el segundo partido del capitalismo estadounidense. La victoria de los capitalistas industriales del norte en la Guerra Civil estadounidense de 1861-5 creó una moderna economía capitalista gobernada por dos partidos –los republicanos y los demócratas.
La base de poder de los republicanos fueron los industriales del norte y los demócratas representaron la élite segregacionista del sur. Las lealtades de la clase trabajadora también estaban divididas. Los trabajadores protestantes y aquellas personas negras que tenían derecho a votar tendieron a apoyar a los republicanos, y los nuevos trabajadores inmigrantes, a menudo católicos de Europa, respaldaron a los demócratas.
Aún hoy el Partido Demócrata tiene la reputación de ser “el partido del pueblo”. Mayormente como resultado de la “edad de oro” del partido de 1933-45.
La década de 1930 fue tiempo de severa crisis económica y desempleo masivo en Estados Unidos. Llegó un momento en qué uno de cada cuatro trabajadores estaba sin empleo. El presidente demócrata Franklin D. Roosevelt introdujo una serie de importantes reformas sociales para contrarrestar esta masiva crisis.
Roosevelt juntó una coalición “new deal” (de nuevo trato) –una alianza de sindicatos, personas negras y pobres. Pero detrás de todo ello estaba una masiva reorganización de las fuerzas que respaldaban al Partido Demócrata. Esto incluía a industrias de capital intensivo, bancos de inversión y bancos comerciales orientados internacionalmente.
Establecidos
Estas corporaciones estaban a favor de las reformas de Roosevelt porqué fueron diseñadas para salvar al capitalismo estadounidense y no para desafiarlo. Roosevelt sostenía que él era el “salvador del sistema de beneficios privados y la libre empresa”.
Las reformas establecidas durante este período explican por qué los sindicatos actúan hoy como uno de los apoyos cruciales del Partido Demócrata. La explosión del movimiento por los derechos civiles en 1955 y el movimiento por el poder negro en los años 60 desafiaron al Partido Demócrata. Pero a través de una serie de hábiles maniobras fue capaz de cooptar a un sector significativo del movimiento. Entre 1964 y 1986 el número de cargos electos negros ascendió de 103 a 6424. Hoy, la gente negra vota sólidamente por los demócratas.
La historia del Partido Demócrata demuestra que es una organización muy elástica que ha podido incorporar movimientos de masas y también gobernar en interés de la clase dirigente estadounidense.
El Partido Demócrata no ofrece esperanza para los pobres y la clase trabajadora de Estados Unidos. Esto explica por qué sólo alrededor del 50% de los americanos votará en las elecciones presidenciales de 2008. El desencanto con los políticos en general es alto y millones de americanos creen que no hay diferencia entre los demócratas y los republicanos. Están en lo correcto.
Hay una necesidad de una alternativa radical. Esto no es una quimera. Hemos visto las posibilidades de tales alternativas desarrollarse en el pasado. En 1920 un socialista llamado Eugene Debs ganó casi un millón votos cuando se presentó como candidato a la presidencia. En las décadas de 1930 y 1960 hubo posibilidades reales de crear una alternativa radical a los demócratas. En el año 2000 la campaña del activista Ralph Nader conquistó 2,7 millones de votos en las elecciones presidenciales.
Hoy lo que es necesario en Estados Unidos es un partido que se ocupe de la masiva desigualidad económica que existe en el país más rico del mundo y ponga fin a las guerras en Afganistán e Irak.
Esto daría esperanzas a millones de americanos y una razón para votar. Clinton y Obama nunca lo harán –va en contra de todo aquello en lo que creen los que respaldan su pardido.
La clase dirigente estadounidense tiene lo mejor de ambos mundos, ambos partidos mayoritarios representan sus intereses. La difícil tarea que afronta la izquierda estadounidense y los activistas por la paz es emprender la construcción de un nuevo partido que verdaderamente represente a la gente trabajadora.
En Lucha. Traducido de Socialist Worker por Enric Rodrigo







