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21/03/2019 :: Venezuela, Cuba, EE.UU.

Por qué apoyo a Maduro

x Iramis Rosique
La lucha política no tiene nada que ver con el purismo santurrón [o trotskista] de algunos, ni con la cobarde corrección política de otros

Llevo varias semanas siguiendo de cerca el tema Venezuela, interesante como es para cualquier revolucionario hoy. Una postura en particular ha florecido con fuerza entre los militantes de izquierda, y es esa que dice:

“Ni intervención, ni Maduro”.

En ella está contenido el viejo truco de quedar bien con Dios y con el diablo. Pero también esa postura refleja hasta dónde se ha perdido la perspectiva de lucha política entre las filas. Por eso, quisiera brevemente explicar las razones por la que yo, un revolucionario cubano, sí apoyo a Maduro.

Irán no es un país democrático: los homosexuales son condenados a muerte, las mujeres casi no tienen derechos y el ayatolá es jefe de estado y líder religioso de modo vitalicio.

No obstante, yo apoyo a Irán.

Rusia y los países de la Comunidad de Estados Independientes no son en su mayoría tampoco países democráticos: en ellos también la homosexualidad es perseguida, grandes masas de personas emigran en busca de mejor vida, hay altos niveles de corrupción, militarismo y mafia, y muchos de sus presidentes llevan desde inicios de los 2000 en los cargos.

No obstante, también apoyo a Rusia y sus aliados en Europa del Este.

China no es un país democrático para nada: existe una extraordinaria polarización de la riqueza entre la ciudad y el campo, el gobierno ha utilizado sistemáticamente la violencia contra disidentes, y las condiciones de trabajo en muchas fábricas y la agricultura son decimonónicas.

Y aunque dudo mucho que así se esté construyendo el socialismo, yo apoyo a China.

Como comunista y cubano sé una cosa: en el marco de la hegemonía absoluta de Occidente surgida a raíz de la caída del campo socialista y la URSS, es imposible que nadie emprenda un proyecto de superación del capitalismo sin que sea aplastado; ni siquiera un proyecto de desarrollo nacional desde el Sur. ¿Qué tiene en común Irán, China y Rusia?

Son enemigos de EEUU, el líder de Occidente.

Y esta enemistad no significa solamente que sus funcionarios diplomáticos no se invitan unos a otros a recepciones en navidad, o que no se envían tarjetas de felicitación: significa en primer lugar, una resistencia al poder hegemónico occidental, un contrapeso en pos del equilibrio del mundo que se perdió. Ese equilibrio del mundo es esencial para los proyectos nacionales de cualquier diminuto o gran país del Tercer Mundo.

En tanto EEUU y sus aliados puedan violar impunemente el derecho internacional, no cesarán las guerras económicas y las injerencias políticas.

Esto cobra una especial significación en relación con el bloqueo a Cuba.

Hoy todo el mundo se ha dado a criticar a Maduro, Cristina, Dilma, Daniel… pero ¿no recuerdan los revolucionarios cubanos que fue en el auge de esos gobiernos cuando la inclinación de la balanza continental hacia nuestro favor influyó en la normalización de las relaciones con EEUU? Ya parece que se olvidó esa época en la que la gente creía que iban a quitar el bloqueo de la noche a la mañana.

En Venezuela se debate, al igual que en Cuba desde hace medio siglo, el ser o no ser nación, aunque haya algún trasnochado por ahí que diga que no es pertinente hablar de problema nacional.

En Venezuela se debate la hegemonía de EEUU en la región, se debate la cuestión latinoamericana.

Si cae Venezuela, caeremos todos. Y quién sabe cuándo nos levantaremos otra vez -no olviden a Allende y la noche que comenzó con su muerte-. Por último, se debate en Venezuela también el derecho a la autodeterminación de los pueblos, a construir el feudalismo o el esclavismo o el marcianismo si les da la gana.

Maduro representa las tres cuestiones, la nación, la América nuestra y la autodeterminación. Por eso, independientemente de sus errores, yo lo apoyo, porque no existe la tercera opción, y porque la lucha política no tiene nada que ver con el purismo santurrón de algunos, ni con la cobarde corrección política de otros. Ya lo dijo el Guerrillero Heroico:

“En una Revolución se triunfa o se muere, si es verdadera”.

¡Socialismo o muerte!
¡Patria o muerte!
¿Venceremos?
No importa

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