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EE.UU. :: 28/06/2007

Un ex general estadounidense confirma que las torturas en Abu Graib eran conocidas a alto nivel

Joe Kay
[Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre] Antonio Taguba, ex general estadounidense que dirigió la primera investigación militar sobre las torturas en la prisión de Abu Graib de Bagdad, denuncia ahora que Donald Rumsfeld, ex Secretario de Defensa y otros funcionarios de alto nivel conocieron, meses antes de que se hicieran públicos a finales de abril de 2004, los maltratos que se producían en la cárcel iraquí.

Según Taguba, las torturas en Abu Graib fueron la consecuencia de las políticas impulsadas por Rumsfeld y el gobierno Bush.

Las declaraciones de Taguba, en una entrevista mantenida con el veterano periodista Seymour Hersh, aparecen en el número del 25 de junio del la revista New Yorker, y son accesibles también en Internet.

En la conversación mantenida con Hersh, Taguba afirma asimismo que se le cesó de su puesto en el Ejército por su actuación en la investigación de las torturas en Iraq y por su negativa a ayudar a ocultar las directrices de su Gobierno.

Al hablar de los maltratos en Abu Graib, Taguba subraya: "Por lo que yo conozco, los soldados no tomaron la iniciativa por sí mismos sin el conocimiento de sus superiores". Según Hersh, "Taguba ha llegado al convencimiento de que el teniente general Sánchez, comandante en jefe del ejército en Iraq, y algunos otros generales adscritos al cuartel general del ejército en Bagdad, tenían un total conocimiento de los maltratos que se infligían a los presos de Abu Graib "incluso antes de que las fotos de las torturas cayeran en manos de la División de Investigación Criminal del Ejército en enero de 2004.

Taguba le cuenta a Hersh que Sánchez durante el otoño de 2003 visitaba regularmente Abu Graib, época en la que ha quedado probado que se torturaba, y que él personalmente estuvo presente al menos en un interrogatorio. "Sánchez sabía exactamente lo que estaba ocurriendo" dijo Taguba, lo que constituye una acusación muy grave.

Estas declaraciones van más allá de lo que se ha conocido de su investigación inicial, sobre la que se basaron las primeras noticias del escándalo de Abu Graib en la primavera de 2004. Aquella investigación se limitó a analizar el comportamiento de la policía militar en Abu Graib y dejó de lado el de los militares y civiles de alto nivel. El Ejército realizó una serie de investigaciones aisladas sobre la tortura en Iraq pero todas ellas se han utilizado para tapar el papel desempeñado por los dirigentes y militares de alta graduación.

El informe Taguba de 2004, fue el primero en demostrar las relaciones existentes entre Abu Graib y Guantánamo, en particular a través del general Geoffrey Miller.En otoño de 2003, Rumsfeld y Stephen Cambone, ex subsecretario de defensa para el espionaje, trasladaron a Miller de su puesto de mando en Guantánamo a Abu Graib. Según el informe Taguba, uno de los objetivos principales de la visita de Miller fue conseguir que la policía militar se implicara en "facilitar que los servicios de espionaje explotaran con éxito a los internos."

Hersh informa también de que una de las tareas de Miller era aplicar los métodos desarrollados por los Programas de Acceso Especial del Pentágono- programas secretos autorizados sin la supervisión del Congreso- en Abu Graib. Es decir, en un momento en que Estados Unidos estaba encontrando una resistencia creciente a su ocupación de Iraq, a Miller se le encargó el aplicar técnicas de interrogatorio "más agresivas".

Cuando se filtró el informe Taguba, junto a una selección de fotos, el gobierno Bush adoptó la decisión de responsabilizar a soldados de baja graduación. Altos dirigentes de la Administración, entre ellos Rumsfeld, afirmaron que no conocían las pruebas, y que en la investigación llevada a cabo por Taguba no se mencionaban las fotografías. Eso es lo que Rumsfeld declaró en su comparecencia ante el Congreso en mayo de 2004, pero según el hombre que llevó a cabo las investigaciones, era mentira.

Taguba había estado enviando durante meses correos electrónicos a altos responsables del Pentágono, mensajes que apenas tuvieron respuesta. Hersh escribe: "Taguba afirmó que altos dirigentes del Departamento de Rumsfeld habían sido informados de las fotos sólo un par de días antes de que fueran entregadas a la División de Investigación Criminal del Ejército, en enero de 2004". Sin embargo, antes de la publicación de las fotografías- y de las protestas públicas consiguientes- nadie en el Pentágono estaba particularmente interesado en lo sucedido. Una vez que las fotos llegaron a los medios de información, la principal preocupación del Gobierno fue controlar las consecuencias políticas, y Rumsfeld se concentró en especial en investigar quién había filtrado el informe.

Cuando Rumsfeld prestó testimonio ante el Congreso el 7 de mayo de 2004 y aseguró que no había tenido conocimiento de los tan extendidos maltratos, "Taguba, que estaba presenciando la comparecencia, se quedó horrorizado". Hersh escribe que "él creía que el testimonio de Rumsfeld no era, simplemente, verdad."

El artículo de Hersh también asocia a George W. Bush con los intentos de ocultar el escándalo de Abu Graib. Según él: "Tanto si el presidente había sido informado sobre Abu Graib en enero (cuando los mensajes electrónicos de Taguba informaron al Pentágono de la gravedad de los abusos y de la existencia de fotografías) o en marzo (cuando Taguba presentó su informe), Bush no llevó a cabo intento alguno conocido de abordar contundentemente el trato que se daba a los presos antes de que el escándalo fuera público, o de analizar a fondo la formación de la policía militar y de los que llevaban a cabo los interrogatorios, o de las actuaciones de las fuerzas por él autorizadas. En vez de hacerlo, Bush dio su conformidad para que se procesara a soldados de bajo rango."

Taguba implica a Rumsfeld también en el maltrato a los presos de Guantánamo, abusos que al contrario de lo ocurrido en Abu Graib nunca fueron fotografiados. Una investigación supervisada por el teniente general Randall Schmidt en 2004-2005, reveló que Miller y Rumsfeld estaban detrás de los interrogatorios de Mohamed al-Qathani, quien, según Schmidt, fue interrogado y maltratado 20 horas diarias durante al menos 54 días.

De la misma manera que en el caso de Abu Graib, Rumsfeld trató de cubrirse de cualquier rastro de implicación directa. Hersh cita a Taguba: "Rummy hizo lo que llamamos agarrarse a la "jurisprudencia", verbal pero no-escrita, pero lo que en realidad estaba diciendo es que "si esa decisión se vuelve contra mí, la negaré"."

A Taguba, se le cesó del Pentágono, en principio por plantear preguntas inconvenientes y por negarse a seguir obedientemente la historia tramada por el gobierno Bush, es decir, que las torturas en Abu Graib se debían a las acciones de unas pocas "manzanas podridas" y que la Casa Blanca y el Pentágono nada tenían que ver con lo ocurrido.

De manera especial, Taguba siguió insistiendo, incluso al prestar testimonio ante el Congreso, en que Miller desempeñó un papel crucial en alentar a la policía militar de Abu Graib para que maltratara a los prisioneros. Pero a Miller lo había enviado Cambone, a las órdenes directas de Rumsfeld, y aludir a Cambone era acusar a Rumsfeld. Implicar a Rumsfeld, no obstante, ponía en peligro a toda la Administración, incluidos el presidente y vicepresidente, que se encontraban bajo sospecha.

Los comentarios de Taguba constituyen una prueba suplementaria de que las torturas fotografiadas en Abu Graib: Las humillaciones sexuales, el utilizar perros para atacar a los presos, la utilización de posturas terribles y torturantes, los asesinatos gratuitos, no fueron producto de unos pocos individuos sino que tenían su origen en niveles mucho más altos y, en último término, en la propia Casa Blanca.

Las declaraciones del ex general subrayan el hecho de que, transcurridos más de tres años desde que las primeras pruebas salieron a la luz, los responsables de los crímenes cometidos en Abu Graib no han sido procesados. De este hecho, el partido Demócrata y los medios de información estadounidenses comparten una gran responsabilidad en este asunto.

El tema de las torturas de Abu Graib (que fue un escándalo nacional) no influyó en las elecciones de 2004 y de 2006. Y cuando una nueva serie de fotografías y de videos más brutales todavía vieron la luz finalmente el año pasado- tras haber sido censurados en los medios durante años- el asunto fue rápidamente olvidado. Desde que los Demócratas consiguieron el control del Congreso en enero pasado, no han intentado plantear el tema de la tortura, y de la responsabilidad de la Casa Blanca en el asunto, algo que debería ser objeto de investigaciones y comparecencias.

Existen pues todo tipo de razones para creer que maltratos parecidos continúan produciéndose todavía hoy: en Guantánamo, en Iraq y en las cáceles secretas que dirige la CIA en otros países.

En su artículo, al citar a un ex alto cargo del servicio de espionaje y asesor del Gobierno, Hersh señala que "una vez que el Washington Post, a finales de 2005, reveló la existencia de cárceles secretas de la CIA en Europa, el Gobierno respondió con el establecimiento de un nuevo centro en Mauritania". The Military Commissions Act (Ley que regula las misiones militares) aprobada por los dos partidos en 2006, se ha redactado para permitir que la CIA perpetúe sus programas y para blindar a los altos responsables de la Administración frente a procesamientos futuros.

El Artículo completo del New Yorker es accesible en http://www.newyorker.com/reporting/2007/06/25/070625fa_fact_hersh

World Socialist Web Site, 19 de junio de 2007

 

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