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15/09/2018 :: Venezuela

Vivir en Venezuela (XIII)

x Guillermo Cieza
Entrevistas con mujeres :: Olga Domené: Contra las lógicas de la agricultura de la revolución verde, a favor de la agricultura popular y la agroecología

Olga Domené Painenao nació en Chile, es hija de una mapuche y un descendiente español, que migraron a Venezuela de su país en plena dictadura de Pinochet. Tiene dos hijos, tres gatos y un perro. Médica Veterinaria de profesión, está dedicada desde hace 15 años a la Agroecología por culpa de Chávez, que abrió la Universidad Bolivariana de Venezuela y en ella una cantidad de Programas de Formación de Grado (PFG) todos innovadores, y entre ellos el PFG de Agroecología. En ese entonces casi recién graduada, había dado clases en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y en la Universidad Experimental Rómulo Gallegos (UN ERG) e iniciado estudios en la maestría de Desarrollo Rural de la UCV.

Porque Agroecología?

La agroecología era un tema nuevo en las academias venezolana, e iniciaba en la UBV, en el 2003. Por tanto tuve la fortuna de ser parte del equipo interdisciplinario fundador, quienes asumimos con mucha mística y dedicación la tarea de diseñar el Pensum de estudio así como la operacionalización primero en las sedes (edificios centrales) y en el 2007 iniciamos en ambientes rurales. El primer espacio fue en Barlovento con los productores de cacao.

De esta forma el PFG llego a comunidades campesinas que jamás tuvieron acceso a estudios de cuarto nivel y que revalorizaba el saber de la experiencia, a través del dialogo de saberes. Esta universidad desafía a los centros de poder de las universidades convencionales, la ciencia y la formas de enseñanza. Y se suma a ello que la carrera ofertada trate justamente sobre una ciencia que disputa con las lógicas de la agricultura de la revolución verde y de todo el aparataje institucional que diseña a su favor (centros de estudios, universidades, aparato productivo nacional entre otras).

Aún falta mucho por transitar, pero iniciar con el primer pregrado a nivel continental ha sido un enorme avance. Posteriormente los compañeros de la Vía Campesina Internacional a través del MST y la CLOC [Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo] gestionan la organización del IALA [Instituto de Agroecología Latinoamericano], aprovechando un acuerdo que firma Chávez con João Pedro Stedile. Y está nuevamente el PFG Agroecología en la coordinación conjunta temporal de este proyecto, que se caracteriza por tener matices particulares como era el de formar los cuadros militante para la agroecología en esta región del continente. Esta fue en parte nuestra escuela y eso ha permitido darle un enfoque de trabajo político y de compromiso social a todo nuestro quehacer que se esparce en todo el territorio nacional.

En esta trayectoria culmine dos maestrías, una en Desarrollo Rural en la UCV, otra con el apoyo del Gobierno venezolano, específicamente con el Programa de apoyo internacional Cuba-Venezuela, una segunda maestría en Agroecología y Desarrollo Sustentable con la Universidad Pinar del Río [Cuba]. Y actualmente estoy haciendo un Doctorado, gracias a una beca otorgada por el Gobierno de México a través de Conacyt, en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en la línea de masificación de la agroecología junto a un equipo fascinante de estudiosos, donde están Peter Rosset, Helda Morales, Bruce Fergunson, Mateo Mier y Teran y muchos más, investigadores comprometidos con las transformaciones de nuestros territorios hacia la soberanía alimentaria.

Y allí estoy realizando un trabajo de campo que incluye dos iconos de la agroecología de Venezuela y Brasil, una con la Alianza en Sanare y una de las cooperativas productoras de arroz ecológico más importantes de Brasil, con el MST. Analizando cómo la agroecología está incorporada en estas dinámicas territoriales y de qué forma influye sobre la conformación de sistemas alimentarios alternativos.

La historia del abandono de la producción agropecuaria no tiene menos de ochenta años. ¿Cuáles fueron las razones de ese abandono y las políticas de Estado para promoverlo?

Es un tema complejo, pero podría decir que la aparición del petróleo en nuestros territorios a principios del siglo pasado, propició la gran transformación hacia una cultura rentista. Con ello se iniciaron las grandes migraciones del campo hacia las ciudades, básicamente hacia la capital y allí están sus manifestaciones, los cordones de cerros que circundan la Gran Caracas. Esto transfiguró, junto a la llegada de capitales extranjeros, la incorporación de otra forma de distribución de alimentos procesados provenientes de las corporaciones y que por ende, afectó los patrones de consumo. Esto se suma a las políticas internacionales injerencistas (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) que crean condiciones de dependencia alimentaria en todo el continente a través de sus programas de auxilios financieros donde fuimos buenos clientes, antes de la revolución.

Esto ha traído graves consecuencias, hoy casi el 95% de la población es urbana, podemos decir que estamos jodidos, casi está borrada la memoria histórica de nuestros pueblos, tan diferente del resto del continente. Entonces sufrimos del mal de las vacas holandesas, y con ello una alta dependencia de la renta petrolera. La agricultura en Venezuela es una actividad marginal y eso no ha cambiado mucho en el actual proceso, porque es un tema cultural, donde el énfasis ha sido garantizar la seguridad alimentaria, la misma basada en importaciones. Sin embargo siempre emergen las resistencias, que para mí se evidencia con un mosaico fascinante de experiencias que ha tenido su auge en la actual crisis que transitamos.

En esto de la agroecología tenemos unos cuantos años coordinando el Congreso Venezolano, que esperamos celebrar el próximo año en el oriente del país. Y a propósito de eso, este año hicimos un Simposio en Maturín justamente mirado cómo la agroecología reaparece en diversas manifestaciones en este proceso, y eso nos permitió encontrar experiencias casi invisibles, de gente organizada, de innovadores, de cuidadores de semillas, una nueva gastronomía popular, patios productivos comunales o familiares, trueques, mercaditos y pare usted de contar!.. y así en casi todo el país.

En Sanare, por ejemplo, con los compas de la Unión, que suma el accionar de más de 100 familias en esos caseríos, la gente tomó tierras para producir sus alimentos. Allí todos, así sea con tierras prestadas, tiene su pedazo de maíz, caraota y otras siembras, si se puede sus vacas para garantizar el suero. Cosa impensable hace 10 años cuando vivimos la época dorada de la revolución y donde Mercal y PDVAL ofertaban comida muy barata (incluyendo las carnes y lácteos que son tan costosos) en todo el país, aun en las zonas rurales, por tanto todos dejaron de sembrar sus alimentos.

Por eso, creo que la crisis nos está dando la oportunidad de valorar la importancia de producir lo que comemos en donde sea, y con ello la urgencia de organizarse para construir comunidad, nos necesitamos!

El gobierno de Chávez a Partir de 2002 le puso el ojo a la producción agropecuaria y dicto la ley de Tierras, que le costó un golpe de Estado. También trató de incentivar la producción con programas como la Misión Vuelvan Caras. La burguesía afirma que las expropiaciones de tierras solo sirvieron para paralizar la producción. ¿Qué opinas al respecto y cómo evalúas los resultado de los programas estatales de fomento agropecuario entre 2002 y 2014?

Chávez, como buen estratega, al igual que sus primeros asesores, por ejemplo el profesor J.J. Montilla, con quien se diseñó el primer plan agrícola de la nación, tenía muy claro cuáles eran las prioridades. E incluso en la nueva constitución de 1999 se establece en el artículo 305 la necesidad de transitar a un modelo de agricultura sustentable, una propuesta inédita. Y posterior el golpe de Estado del 2002, el tema agrícola asume una preocupación constante en el Gobierno, con ello la creación de nuevas leyes y con ellos nuevos programas. Sin embargo, volver al campo bajo una realidad de cultura rentista implica un proceso complejo, no es declarativo. No se puede generalizar, hay buenas y malas experiencias de tierras expropiadas. De lo poco que conozco, muchas veces se entregaban tierras sin apoyo a organizaciones con poca experiencia y recursos. En otros casos la corrupción hizo su trabajo.

En algún momento antes de UBV trabaje en Asistencia Técnica con FONDAFA [Fondo de Desarrollo Agropecuario, Pesquero, Forestal y Afines], en ese momento pedían muchos papeles, y los campesinos tenían poca oportunidades de acceder a créditos. Luego se avanza hacia la regularización de las tierras, entonces era el otro extremo: le entregaban recursos a cualquiera, y mucha gente se aprovechaba sin cumplir con la tarea, faltaba más acompañamiento de gente comprometida. Además que se implementa un programa de subsidios favoreciendo la importación, entonces era más fácil y barato comprar en un supermercado que producir localmente.

Creo que, a pesar de todo, la aparición de la agroecología, los derechos a la tierra, el reconocimiento de los históricamente excluidos, así como la promoción de la organización social y popular, es un avance sustancial. Parte del mosaico que estamos viendo nacer viene de esa siembra.

¿De qué se alimenta el pueblo venezolano? ¿Tienes alguna idea o cifras de qué porcentaje es de producción nacional y qué porcentaje es de importación? ¿En qué zonas del país se producen más alimentos y bajo qué tipo de propiedad: privada o comunal?. Y dentro de la propiedad privada si los que más aportan son pequeños, medianos o grandes productores.

Creo que actualmente al menos un 50% de la dieta viene de la producción local, de esos productores que no están registrados en una ninguna data, aparecen los rubros conuqueros, la yuca, leguminosas locales (frijoles, tapiramos, entre otras), frutas de temporada (por ejemplo el mango que se perdía en los patios de las casas en época de abundancia), y el maíz que aparece en múltiples formas, como masa. Son las alternativas. Lo demás, los procesados, siguen siendo importados. Hace unos años escuchaba a un ex ministro, Berroteran, comentar que más del 90% de los alimentos dependía de las importaciones (insumos); así como lo comentaba J.J. Montilla: “nosotros no producimos aves, las ensamblamos”, a propósito de la dependencia de los alimentos concentrados, la genética y las vacunas. Pues así estamos.

¿Y quiénes producen más? Las pequeñas agriculturas, básicamente en las organizaciones, quienes han logrado paliar las crisis y consiguen los insumos o los producen y logran acceder u organizar mercados locales diferentes a las grandes redes de supermercados, donde la especulación está a la orden del día.

Un ejemplo son las Ferias de Consumo Familiar de CECOSESOLA (http://cecosesola.net), que es parte del movimiento cooperativista más importante del país, que data desde los años '60, para quienes producen los de la Alianza. Hoy alimentan a miles de familias semanalmente en Barquisimeto y tienen bodegas por estos caseríos de Sanares y otros pueblos, haciéndoles llegar los alimentos que ellos no producen. Otras emergentes como Mano a mano en Mérida, Pueblo a Pueblo, la Alpargata solidaria y así muchas otras redes, donde se hacen conexiones directas entre productores (agricultores, procesadores, otros) y consumidores, lo que baja considerablemente los precios de los productos, sacando del juego a los intermediarios especuladores. Eso sí me parece una revolución desde las bases.

Observando algunas cadenas productivas como la del pollo y del huevo se observa que quien se lleva ganancias extraordinarias no son los productores que siembran maíz, o los galponeros que engordan los pollos de carne o recrían y hacen producir las ponedoras, sino los que controlan la genética y la producción de alimentos balanceados. ¿Ocurre así con otras producciones? ¿A qué se debe que los esfuerzos del Estado no han podido desatar estos nudos productivos?

Sigue dominando una visión desde la agricultura verde, quienes toman decisiones desde el Estado vienen de escuelas de formación que son dominadas por visiones cartesianas y alejada de los ritmos de la naturaleza. Es un reduccionismo, donde todo es lineal y por tanto, no podemos esperar otra cosa. Por otro lado, los alimentos dejan millones de dólares y siempre hay gestiones dentro de las instituciones que producen generosas comisiones, siguen teniendo el poder estas enormes corporaciones que manejan el sistema agroalimentario del país. Veo dos mundo, ese y el de las bases populares, donde estamos la mayoría que debe explorar y buscar alternativas para garantizar los alimentos a su familia.

La nacionalización de Agro Isleña para fundar Agro Patria no parece haber resuelto el problema de los insumos, que hoy se presentan como un problema para extender y sostener la producción. Lo que más se escucha es la queja de comuneros y pequeños productores reclamando y movilizándose por conseguir híbridos importados y su paquete tecnológico. ¿Cuáles serían tus propuesta para esta carencia que se presenta como un cuello de botella en la producción agropecuaria?

La formación para la creación de nuevas tecnologías populares, fitomejoradores, productores de bioinsumos, que tenemos pero es necesario escalar, no con la mirada de los modelos que repiten, sino con las miles de experiencias de organizaciones que aprovechan sus condiciones naturales y construyen sistemas alimentarios locales, es la única manera de ser sostenibles. Algunos lo llaman agricultura de proximidad. Y hay muchas experiencias, como en la India “Zero Budget Natural Farming Movement” [Movimiento de agricultura natural presupuesto cero] -que lograron masificar formas de producir alimentos con cero dependencia de insumos-, el mismo movimiento cooperativista en América Latina, las red Ecovida en Brasil y así sucesivamente. En Venezuela también, hay que estudiarlas y ver qué factores determinan su resistencia y permanencia pero debe ser desde las bases, un proceso consciente que nos politice aún más.

El futuro de los alimentos y la fuente de ello, que es la vida en la tierra, está en juego. El caos climático, la ambición de las corporaciones cada día más globalizadas, nos coloca en un estado de vulnerabilidad jamás visto. Ya se ven las manifestaciones de motines de hambre en nuestros territorios, la denuncia ante el desplazamiento forzado de comunidades enteras de tierras donde hay agua, minerales y biodiversidad es cada día más común. Están ocupando nuestros territorios y borrando nuestras raíces. A pesar de los esfuerzos de miles de organizaciones en todo el planeta, es necesario alzar aun más alto nuestras voces, activarnos en la práctica y en el pensamiento hacia el rescate de nuestras agricultura, donde la agroecología puede ayudarnos.

¿Cuál ha sido el desarrollo de la Agricultura urbana? ¿Cómo ves lo de los patios productivos, las composteras colectivas para reciclar residuos orgánicos, la plantación de moringas en los patios de las casas?

Sin duda, importante, pero toma más importancia en la actual crisis. Donde la agroecología ha tenido un rol protagónico en la instauración de programas de agricultura urbana en Venezuela. Con un discurso poderoso que ha permitido que diversos actores se apropien y le den múltiples significados en los espacios que la representan, construyendo un mosaico de experiencias diversas. Así mismo es determinante para la permanencia de espacios productivos la capacidad de articular esfuerzos aprovechando sinergias institucionales, la creatividad en momentos críticos así como la herencia de un conocimiento ancestral como el conuco, donde la transformación de huertos a conucos mixtos ha sido uno de los avances más interesante. Es reconocer que la sabiduría de quienes vivieron alguna vez en el campo salva nuevamente a las confinadas ciudades sin memoria. El futuro está en nuestras raíces, la urgente reconexión con la tierra y sus formas de habitarla desde otros modos.

¿Cuáles son las cinco medidas prioritarias que a tu juicio tendría que tomar el gobierno para reorientar la política económica?

Las actuales me parecen acertadas. En lo agrícola falta mucho. Lo primero, reconocer la existencia de las alternativas en la agricultura y las diversas redes de otros sistemas alimentarios para promoverlas y consolidar las existentes. Masificar los programas de formación de esta índole (formales e informales). Una nueva reforma agraria que incluya los espacios urbanos destinados a la agricultura. Organizar una red nacional de fitomejoradores y genetista animales (grandes y pequeños) que garanticen la diversidad de semillas que necesitamos, no sólo para la agroindustria. Del mismo modo los insumos, con preferencias a los biológicos -que sí funcionan-, de modo que transitemos realmente a otras agriculturas. La promoción de alimentos sanos y nutritivos, donde la gastronomía local permita enriquecer la diversidad de opciones así como el derecho al placer. Y eso solo es posible desde lo colectivo, los consejos de planificación local que ya existen serían la base que permitiría una estructura local, regional y nacional. Y sobre todo llevar registros, es vital para evaluar el cómo vamos.

¿Qué cambios trajo para tu persona la revolución bolivariana y qué cambios valorás en las mujeres en general?

Creo que lo comenté al inicio, pero puedo cerrar con la certeza que cambió mi vida y la de miles; jamás volveremos a ser lo de antes. Y sin duda, conociendo la vida en otros países, las mujeres tenemos una posición aventajada, pues asumimos roles importante, tenemos más derechos y por tanto asumimos con más vitalidad y esperanza las tareas que nos asignan, más allá de la familia.

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