lahaine.org
Estado español, Argentina :: 11/09/2026

España 1936. Pautas para su comprensión

Daniel Campione
Conversación sobre guerra y revolución en España a partir de un encuadre general en la situación internacional al iniciarse ese proceso

Situación de época

Crisis, derechas extremas y complicidad de las "democracias".

A partir de 1929 se vivía una crisis de conjunto del mundo capitalista. Las respuestas gubernamentales para paliar ese momento crítico dieron lugar a un reacomodamiento económico, social y político. Sobre todo en EE.UU. El país en el que la situación se generó y el que resultó más afectado.

El aparato estatal pasó a ocupar un rol directriz en el desenvolvimiento económico: El new deal, con políticas de estímulo a la demanda vía obras públicas, empleo estatal y crédito para la vivienda, entre otras medidas en las que gobierno y administración pública adquirían un protagonismo inédito hasta ese momento en los países capitalistas.

Se avanza en el "tripartismo", con los nuevos sindicatos por rama (sin exclusión de los que tenían conducción comunista) como interlocutores de los patrones y el gobierno. Se amplían las políticas sociales de "Estado de Bienestar".

Al mismo tiempo se produce el embate del fascismo. Después de la crisis, en línea con lo sucedido en Italia a comienzos de la década anterior, distintas expresiones se expanden tanto por Europa Occidental como por el centro y el oriente del continente.

El nazismo llega al poder en enero de 1933. Las dictaduras se expanden. En Hungría en 1932 se inicia un régimen autoritario que se extiende hasta el final de la guerra iniciada en 1939. El mismo año que la de Portugal, que subsistirá hasta la década de 1970.

También en 1932, en Austria asume una coalición que incluye a los fascistas locales, de la mano del canciller Engelbert Dollfuss. El correlato es el timorato "apaciguamiento". Política que rigió las acciones (o mejor, la inacción) de Gran Bretaña y sus aliados frente a los desbordes de Adolph Hitler y sus colegas de ideas y prácticas del resto de Europa.

Los fascismos tenían coincidencia antiobrera y anticomunista con las "grandes democracias". En particular con Gran Bretaña, que arrastró a Francia, la que tenía un gobierno de centroizquierda a la política condescendiente con el régimen alemán.

Para 1936 Alemania e Italia se hallaban a la ofensiva. Se produjeron violaciones del tratado de Versalles. Por ejemplo se estableció el servicio militar obligatorio en las fuerzas armadas alemanas. En línea similar transitó la ocupación de Renania. Y la conquista italiana de Etiopía. Todo frente a protestas o sanciones sólo nominales. Cuando no el respaldo a la sordina anglobritánico.

La "colaboración" con el golpe español

En el conflicto hispano habrá "voluntarios" italianos (lejos los más numerosos), portugueses y alemanes. Los representantes del nazismo no llegaron en gran número. Pese a su baja cantidad su aporte fue sustantivo en las armas más complejas.

Los pilotos y las máquinas aéreas de procedencia alemana e italiana llegaron a superar lejos en poderío a la aviación republicana. Con el tiempo se convirtieron en "dueños de los cielos". Hacia el final del conflicto bombardearon casi a voluntad lo que quedaba de la zona republicana. Los aviones vendidos por la URSS no alcanzaron el volumen necesario para contrarrestarlos.

La presencia humana se sustentaba además en una provisión fluida de armas y equipamiento militar. Incluso con facilidades para el pago.

El aporte en hombres y armas fue complementado por la venta de una gama de mercancías que no se producían o lo eran en cantidad insuficiente en tierras españolas.

Las izquierdas, pese al avance de la derecha, se mantenían firmes. Los frentes populares eran impulsados por los socialistas y sobre todo por los comunistas.

La Internacional Comunista pasó de la política "ultraizquierdista" de "clase contra clase" a centrarse en la contradicción antagónica "democracia vs. fascismo". Tuvo plasmación formal en su VIIº Congreso, delebrado en 1935.

Una política que abarcaba a los partidos de la burguesía "progresista" y "democrática. Lo que hoy llamaríamos "centroizquierda" pasó a integrarse en los frentes antifascistas.

Estaba en proceso de constitución la "cuarta internacional", fundada en 1938. Lo que contribuyó al crecimiento del trotskismo y otros comunismos disidentes. Los frentes populares triunfaron en España y en Francia en 1936, el mismo año del comienzo de la contienda.

Enfrente estaba la Unión Soviética. El Estado soviético se atribuía el arribo al "socialismo desarrollado", tal como lo plasmaba un nuevo ordenamiento, la Constitución de 1936.

Venían de una trayectoria de colectivización completa en todas las ramas de la economía, lo que abarcaba a la más tardía del agro. Esto último comprendió una política coercitiva y de "choque de clases" en el campo.

La URSS. se identificaba con la clase obrera mundial en cuanto "patria" de los trabajadores y el socialismo. Lo que derivó en la creciente identificación entre los intereses de la política exterior soviética y los propósitos de los partidos comunistas y sus organizaciones colaterales en la política interna de las distintas naciones.

En el momento del choque en España el poder de José Stalin se hallaba consolidado. Y radicalizado en su grado de burocratización y en sus métodos represivos.

Las distintas fracciones en el interior del partido comunista habían sido erradicadas. Y eran juzgados y condenados por diversos cargos quienes habían sido sus dirigentes, militantes. Incluso se terminó con familiares y amistades de los "culpables". Eran los años de los "procesos de Moscú".

Una lógica de conspiraciones y sospechas generalizadas que tuvo su proyección en España, en los enfrentamientos con otras tendencias. En particular con el POUM. El que sufrió la ilegalización y el asesinato de su principal dirigente, Andreu Nin.

Los partidos comunistas se concebían entonces como "secciones" de una organización de alcance mundial. La Comintern (o I.C.). Ésta tuvo presencia a través de variados representantes. Y una incidencia masiva, en el frente y asimismo en la retaguardia. A través de las "Brigadas Internacionales", organizadas a través de la I.C. y los partidos de diferentes países.

Otra presencia relevante fue la de los llamados "expertos militares" soviéticos. Lo que abarcaba desde comandantes de alta graduación hasta instructores y combatientes, sobre todo de las armas más "técnicas", con la aviación y los tanques en primer lugar. También hubo agentes, algunos de alta graduación, de los servicios secretos soviéticos.

La URSS. por añadidura era el principal suministrador de armamentos a la república. Acompañado por variado equipamiento e incluso alimentos para la provisión al ejército.

Coyuntura argentina

La crisis mundial tuvo entre sus consecuencias la acentuación de la dependencia con Gran Bretaña del país. Los sectores más concentrados del agro se aseguraron su cuota de mercado a cambio de diversos privilegios para el capital británico en el plano impositivo, cambiario y en el manejo de la cuota argentina de exportaciones cárnicas. Fue el pacto "Roca-Runciman".

En septiembre de 1930 hubo un golpe que permitió la ulterior instauración de un régimen fraudulento. El anticomunismo se convirtió en algo así como una política de Estado. Dio lugar a encarcelamientos, persecuciones y torturas. Se creó una sección especial de la policía para el combate contra el comunismo.

Sectores de la clase dominante y de la elite política simpatizaban con los fascismos. En esta última, y entre otros, Manuel Fresco, gobernador de la provincia de Buenos Aires. También Matías Sánchez Sorondo, primero ministro del Interior y luego senador nacional.

Hubo avances, no completados, hacia la ilegalización del PC en el plano nacional. Sí se consumó en la provincia de Buenos Aires bajo el gobierno de Fresco. Quien declaró ilegal al comunismo bonaerense apenas asumida la gobernación.

Tenían su peso las agrupaciones fascistas de Argentina, agencias nazis o fascistas ligadas a las respectivas colectividades. Las que se vinculaban a la extrema derecha "criolla". Circulaba además la prensa alineada con el nacionalismo de ultraderecha (La Fronda, Crisol, Bandera Argentina, Clarinada).

Todos esos medios recibieron subsidios de la embajada germana. Hacían furibundas campañas anticomunistas y antisemitas. El profranquismo articuló muy bien con eso. Mientras complacía a los financistas nazis.

Existían unidades paramilitares preparadas para una virtual guerra contra las organizaciones sindicales, las protestas obreras y populares y el comunismo. Como la Legión Cívica.

Algunos de los principales escritores argentinos se alinearon con los "nacionales". Así los dos novelistas más leídos de la época, Gustavo Martínez Zuviría y Manuel Gálvez.

Ambos identificados sobre todo con el catolicismo integrista. Gálvez publicó en esos años Este pueblo necesita... Lo requerido era una dictadura fascista. La opción tomada se asentaba sobre una supuesta disyuntiva: "Roma (por el fascismo y también por la Iglesia) o Moscú".

Desde el campo literario se sumaron Leopoldo Marechal, Carlos Ibarguren y, con menor intensidad, el ya veterano Leopoldo Lugones. Por el lado del nacionalismo de ultraderecha varios intelectuales manifestaban simpatías por el fascismo e incluso el nazismo.

Jugaban un papel rector en los ya mencionados periódicos de esa tendencia, Enrique Osés, Juan Carulla, Francisco Uriburu, Ignacio Anzoátegui.

Tuvieron asimismo gravitación los sacerdotes con peso intelectual. Gustavo Franceschi, director del órgano teórico del obispado, Criterio. Julio Meinvielle, fanático antisemita. Y Leonardo Castellani, jesuíta y quizás el de más valía intelectual de los tres. Todos ellos colaboraban, más allá de la prensa católica, en los diferentes órganos de la ultraderecha nacionalista.

Entre esos sectores había fuerte antipatía por la república, desde su fundación, en abril de 1931. Se acentuó cuando las elecciones fueron ganadas por el Frente Popular en España, en 1936. Con participación comunista y del POUM y respaldo desde afuera y no formalizado del anarquismo.

Los partidos de identificación obrera no ingresaron al gabinete inicial del Frente Popular. Socialistas y comunistas sólo se incorporaron en septiembre de 1936.

La situación se torna alarmante para los extremistas de derecha y para la burguesía en general (tomas de tierras, grandes huelgas, papel creciente de las fuerzas de choque de los partidos obreros y el anarquismo). Esa evolución sociopolítica afianzó el alineamiento con la reacción española.

La situación en España

Se registraba desde antes del advenimiento republicano en 1931 un crecimiento del movimiento obrero y de la izquierda. Tenía protagonismo la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en estrecha asociación con la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Luego volveremos sobre esa conjunción. La que predominaba en el núcleo más numeroso y concentrado de la clase obrera industrial, en Cataluña.

También en Valencia y Aragón, regiones de mayor predominio agrario pero con presencia de industrias. En Cataluña también tenía incidencia el POUM, minoritario pero no irrelevante.

Era cada vez más evidente que trabajadores urbanos y rurales así como campesinos, sobre todo de las zonas latifundistas (Andalucía, Extremadura, Castilla La Nueva) estaban entusiasmados con una perspectiva revolucionaria.

Las clases dominantes

En la península había fuerte presencia del capital extranjero: Minería y servicios, sobre todo. Además en la banca. Aunque allí predominaba el capital hispano.

Existía una burguesía industrial en un país de desarrollo fabril no comparable con las potencias del rubro. Había núcleos poderosos como el del país vasco y en particular Cataluña. Un poco más atrás, Valencia y Asturias.

Magnates de vasta influencia fueron soportes considerables de los llamados "facciosos". Juan March fue financista del golpe de 1936. Francesc Cambó constituyó un pilar de la financiación y de la ampliación del respaldo a los golpistas después del movimiento del 18 de julio. Era asimismo líder del partido de la derecha "catalanista", la Lliga Catalana.

La prensa escrita era un territorio en disputa. Había muchos periódicos de derecha. Destacaban El Debate, católico y el ABC, monárquico. Había poderosos diarios republicanos e incluso de izquierda (Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, anarquistas; Claridad, socialista.

La Iglesia era puntal del poder económico, político y cultural. Conformaba un aparato ideológico casi omnipotente: La enseñanza en diversos niveles, con marcado predominio en el secundario.

La prédica de los párrocos era una referencia sin disputa en los ámbitos rurales. Y en pequeñas ciudades y pueblos. Los sacerdotes eran protagonistas a la hora de la propaganda electoral de la derecha, desde hacía décadas.

Su influencia en las ciudades medianas y grandes era algo menor pero no desdeñable. Los conventos formaban centros de poderío económico, incluso manufacturero. La propiedad de la tierra por el poder eclesiástico y monacal se había reducido desde el siglo XIX. Lo que no impidió la acumulación de riquezas en otros rubros.

El conjunto reaccionario se refuerza con la gravitación de la nobleza. Una "aristocracia" llena de títulos y privilegios, de base no sólo latifundista sino diversificada a otros rubros. Tenía presencia en la banca, las directivas de las multinacionales y otras ramas. Duques, marqueses y condes revistaban entre las mayores fortunas.

La integraban los "grandes de España" de pretendido abolengo medieval. Y otra nobleza, la reciente, elevada a ese estatus por servicios militares, políticos o económicos.

¿Y las fuerzas armadas?

Los militares a esa altura estaban signados por el colonialismo en Marruecos. El "africanismo" prevalecía en el ejército. Se apodaba "africanistas" a quienes habían cumplido períodos extensos de servicio en el norte de África. Allí hubo hostilidades casi permanentes entre 1909 y 1927. La práctica de combate era muy frecuente.

Las hostilidades en tierras árabes y bereberes configuraban un conflicto deshumanizante. Contra un enemigo al que se despreciaba por la raza, la religión, el modo de vida, el idioma "incomprensible".

Se lo burlaba y ridiculizaba mientras se alimentaba el odio. Las matanzas de "moros" indefensos eran moneda corriente. Las mutilaciones, el maltrato de los heridos y los cadáveres, prácticas habituales.

En ese ambiente duro y despiadado fructificaron las posiciones ultraconservadoras y reaccionarias entre los oficiales. El pronunciamiento político por la derecha estaba además asentado en el culto al valor como cualidad prioritaria.

Reinaba el machismo más acendrado, el concepto extremado de la jerarquía y la disciplina. La religiosidad, a veces sincera. O bien sobreactuada e hipócrita.

Las prácticas de la guerra colonial se trasladaron a la metrópolis en ocasión de la llamada "guerra civil". El desprecio por "la morisma" se trocó en abominación del "populacho", de la "canalla marxista".

El asesinato por la espalda, la tortura, las ejecuciones sin juicio, el maltrato a conciencia de los prisioneros hasta el límite de la muerte, fueron la versión en suelo español de los desmanes africanos.

Esas prácticas de cualquier modo se traslucían en ciertas virtudes militares. Convirtió los oficiales del ejército colonial en los mejores jefes de tropa. En el desempeño táctico, sobre el terreno. No ocurría lo mismo en armas como la artillería, ingenieros o las unidades del Estado Mayor. Allí destacaban quienes tenían su desempeño prioritario en la península.

Apreciaban más la técnica que el arrojo personal, la estrategia que la táctica. La capacidad para formarse una visión de conjunto que la aptitud para el comando de un regimiento o una brigada. Sometidos a una disciplina menos estricta que la "africana" tenían también un recorrido más "gremialista". Habían formado las "juntas", que cuestionaban los sistemas de ascenso y los salarios.

Entre los "peninsulares" el republicanismo estuvo bastante más expandido que en el espacio colonial.

Eran más modernos, más racionalistas y en algunos casos hasta de espíritu científico. De los "junteros" salió buena parte de los oficiales profesionales del ejército que se decantaron por la república. No escasearon los que se afiliaron al PC, el partido del campo republicano con política militar más afianzada. Y mucho empeño en el esfuerzo bélico.

Un prototipo de este tipo de militar, que como característica ideológica tenía el ser católico y alejado del comunismo fue Vicente Rojo, jefe de Estado Mayor republicano durante la mayor parte del conflicto.

Oficial de formación técnica y sentido estratégico, pasó por el ámbito norafricano. Lo vivió como un espacio corrupto y ajeno a las buenas prácticas militares y a una visión refinada de los conocimientos bélicos.

El elitismo nobiliario predominaba en la Armada. El republicanismo era mayoritario en la reducida aviación.

Las corrientes políticas

Las derechas

Existía una derecha plural marcada por tendencias no irreconciliables entre sí.

Se dio la progresiva fascistización de sectores que pudieron pasar por "liberales" (monarquismo "alfonsino" sobre todo). Se configuró además un núcleo intelectual que aunaría a diversas expresiones de la derecha "fascistizada" a través de un periódico (Accion Española). Allí convergían sobre todo distintas vertientes monárquicas.

Aparece una fuerza de masas vertebrada en torno al catolicismo "integrista", la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Desarrolla un liderazgo personalizado (José María Gil Robles), con inspiración más directa en el "austrofascismo". Una transición del integrismo al fascismo liso y llano.

Gil Robles presidía el principal partido de la CEDA, Acción Popular. Entre otras fortalezas tenía una poderosa juventud, con gran capacidad de movilización. Poseía también una rama militar. En el plano ideológico atravesó un fuerte proceso de "fascistización".

Frente a la república, los "cedistas" optaron por la participación en términos "accidentalistas". Lo que significaba que los distintos regímenes políticos tenían carácter "accidental". No correspondía al espíritu del catolicismo definirse de manera categórica por uno de ellos.

Lo que no obstó a que producido el golpe lo respaldaran con toda la fuerza. Incluso aportaron dinero de esa coalición a los recursos financieros que respaldaron a los golpistas.

El campo monárquico tenía una división que en lo formal partía de versiones contrapuestas de la legitimidad dinástica. Se enfrentaban los "alfonsinos" con los "carlistas". Si bien en el siglo anterior, el ámbito "alfonsino" tenía un componente liberal impensable en el "carlismo", con el tiempo se disiparon los pujos de liberalismo.

El "carlismo", también conocido como "tradicionalismo" era una corriente con fuerte presencia en Navarra, donde era una fuerza considerable y militarizada. Su recorrido armado databa de la primera mitad del siglo XIX. A lo largo de esa centuria hubo varias rebeliones. Dieron lugar a las llamadas "guerras carlistas".

También tenía fuerza en Cataluña. Y en menor medida en otras regiones de España. Hacía la reivindicación de la monarquía pre-borbónica, en una mistura de defensa del absolutismo "puro" y católico junto a los "fueros" medievales.

Se caracterizaban por ser "antimodernos". Algunos hasta desconfiaban de los adelantos científicos y técnicos más útiles como el ferrocarril y el teléfono. Su ideal era el regreso a la Edad Media.

O por lo menos a los tiempos de la Santa Inquisición y la lucha implacable contra la reforma protestante. Junto al culto a la "limpieza de sangre" contra indígenas americanos, judíos y "moriscos".

Una divisa suya era "Dios, patria y fueros". Tenían vínculos con la cultura vasca. El himno carlista se titulaba Oriamendi.

Lo más aproximado al fascismo en sentido estricto se genera ya bajo la república. Primero se fundan las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). No se distinguían por el fervor católico y eran contrarios a la monarquía en cualquiera de sus formas.

Su referencia mayor era Benito Mussolini. La alusión al sindicalismo les daba el componente "proletario". Más adelante volveremos sobre ese elemento "nacionalsindicalista". Que tuvo incidencia en el discurso y el programa reaccionario.

Su visión de la organización social y política necesaria hacía centro en el corporativismo como reemplazo del sistema parlamentario. Y al fin de la tolerancia para con quienes propugnaban la "disolución nacional", como anarquistas, comunistas y masones.

Falange Española, surgida algo más tarde tenía una impronta más intelectual. También más énfasis en su "originalidad". Gravitaba la voluntad de no ser una copia ni un traslado mecánico a España de la extrema derecha extranjera. Su relación con el catolicismo era estrecha.

Compartían la perspectiva "obrerista", la impronta "antiburguesa" y el antiparlamentarismo con su correlato "jonsista". Estaban alejados de la monarquía. Lo que no impidió que aceptaran apoyos de una parte de la nobleza. Su líder máximo, José Antonio Primo de Rivera, tenía título de marqués, si bien no era noble "de sangre".

"Sindicalistas" y falangistas se fusionaron en 1934 en Falange Española y de las Jons. El falangismo fue el componente hegemónico dentro de la nueva organización. Su líder se tornó el dirigente indiscutible de la fuerza unificada.

Era un líder carismático. Aunque sin los ribetes plebeyos y caudillescos de sus homólogos de otros países.

La unificación forzosa y de apariencia repentina de falangistas y carlistas dio origen a la única fuerza política permitida a lo largo de décadas de dictadura.

"Republicanos". Algunas disquisiciones.

En el sentido común y a veces también en lo que se escribe se produce una homogeneización indebida de quienes lucharon contra el fascismo en la guerra de mil días en suelo español.

Es común la afirmación de que "sólo luchaban por la democracia y la libertad." O bien se los caracteriza por igual como "defensores del orden constitucional".

Como mínimo hay que matizarlo mucho. Y dar un lugar a toda la complejidad del problema.

Contra el golpismo reaccionario se pronunciaron, se jugaron la vida y a menudo la perdieron; muchas y muchos que hasta muy poco antes eran más bien enemigos de la república.

Los anarquistas en primer lugar. El Partido Obrero Unificado Marxista (P.O.U.M) El propio Partido Comunista, que en el transcurso de la contienda emergería como el mayor combatientes por la república, había sido fortísimo crítico hasta más o menos un año antes.

Quizás lo más relevante es que frente al golpe no se trató sólo de "resistencia" sino del desencadenamiento de una revolución. La que se expandió con toda la fuerza sobre todo en Cataluña y en la porción de Aragón que quedó en manos republicanas. En gran parte bajo conducción anarquista.

También en Castilla la Nueva y zonas de Andalucía. Está claro que nada de eso ocurrió en el país vasco, con predominio burgués y católico, si bien en manos de la república.

En Madrid la situación de permanente asedio y el progresivo dominio de la situación por los comunistas resultó en un panorama más heterogéneo.

Hay que darle su lugar a la gran diversidad de las fuerzas republicanas (las integradas al Frente Popular, las otras defeccionaron) y de izquierda que actuaron en la zona republicana.

Entre los partidos el socialista era el más numeroso y con una poderosa inserción sindical y en otros ámbitos populares. Tenía tres corrientes diferenciadas y enfrentadas entre sí. Que con el avance del conflicto aumentaron a cuatro. Desde una tímida socialdemocracia al socialismo revolucionario estaban cobijados entre esas tendencias.

El anarquismo también muy fuerte en el movimiento obrero diferenciaba un ala sindical, la CNT, articulada con la estructurada sobre la afinidad ideológica (FAI). Lo suficiente como para la actuación bajo la sigla conjunta CNT-FAI.

Lo que no excluía fuertes discrepancias, duros debates, escisiones parciales. En la CNT había una minoría importante, que no participaba en FAI. Y se inclinaba más bien por el sindicalismo revolucionario.

El P.C. de acuerdo a los principios del "centralismo democrático" de aplicación cada vez más rígida, poseía un monolitismo opuesto a las múltiples tendencias de las otras fuerzas.

El P.O.U.M conjugaba una minoría procedente del trotskismo (Izquierda Comunista) con una mayoría procedente de una organización a la izquierda del P.C pero no trotskista, el Bloque Obrero y Campesino (B.O.C). El partido como tal no se enroló en el trotskismo. Incluso se constituyó contra la vehemente opinión del revolucionario ruso.

Golpe de julio de 1936

No es la sedición contra un gobierno, sino que tiene una múltiple perspectiva, con la pretensión de refundar España en sentido regresivo. Con un "otro" construido con sostén en las clases trabajadoras, obreros, jornaleros, campesinos.

Hay un eje de clase, ideológico (condena al marxismo y la masonería). Y otro religioso, a partir del otorgamiento a la Iglesia de un poder desmesurado.

También pesa el factor nacional. Los golpistas eran furiosos críticos de los estatutos de autonomía y los nacionalismos de cualquier signo. Su visión de España orbitaba alrededor del centralismo castellano. Del Cid y del antiguo reino de Isabel la Católica. De ciudades antiguas y de peso simbólico de la meseta castellana como Burgos, Salamanca y Valladolid.

En torno a los militares como brazo planificador y ejecutor se agrupa el conjunto de las clases dominantes españolas.

A la hora de sumarse al franquismo los matices quedaron en suspenso. Las diferencias entre ramas de implantación (agro, industria, finanzas), regiones (las burguesías vasca y catalana se suman al "alzamiento") de preferencia dinástica ("carlistas" y "alfonsinos" marchan juntos).

Hasta las religiosas (los "anticlericales" del partido radical se suman a una coalición golpista donde abundan los ultracatólicos). Nada impidió integrarse en la "cruzada" anticomunista y antidemocrática.

Los eclesiásticos se vuelcan casi por unanimidad (salvo en zonas del país vasco) a la causa de lo que denominarán "la cruzada". Son la mayor fuerza de legitimación del bando "nacional". La España "verdadera", la "nación católica" se sublevaba contra los enemigos de la iglesia y de la hispanidad misma. En nombre del combate contra una ideología bárbara y de raíz asiática.

Para ellos no combatían facciones seculares sino ángeles contra demonios. No cabía la menor duda de qué lado caía la bendición de Dios. Obispos y sacerdotes fueron propagandistas de su causa dentro y fuera de España.

La opinión católica internacional fue un factor incidente en el desprestigio de la república. Propagaron la ocurrencia de crímenes y matanzas perpetradas en el campo republicano. A veces reales, a menudo supuestas. Como cuando inventaron el supuesto asesinato de Jacinto Benavente. Buscaban contrarrestar el efecto del crimen cometido contra Federico García Lorca.

Resultan fundamentales las alianzas internacionales. Muy temprano consiguen el respaldo en armamento, hombres y diferentes recursos de Alemania, Italia y también relevante, el del más pequeño y débil Portugal.

Un respaldo por omisión fue el del Reino Unido, Francia y otras democracias. Las que se encierran en la "no intervención" y hacen continuas concesiones a los fascismos a la hora de permitirles volcarse a favor del esfuerzo de guerra comandado por Francisco Franco.

Las denominaciones que se atribuyen los sublevados son un muestrario de disputa por el significado. El "alzamiento" o "glorioso alzamiento", el "movimiento salvador de España" o sólo "el movimiento". Con acento en lo religioso, "la cruzada".

El carácter bélico de la operación se trasunta en "guerra de liberación de España", nunca "guerra civil", pues esto daba idea de dos bandos con cierta simetría, de raigambre humana y no divina.

Se buscaba exhibir el enfrentamiento del bien contra el mal, "occidente" vs. "el comunismo y la judeomasonería". El catolicismo frente al ateísmo, la unidad hispánica en lucha a muerte con el "separatismo". El término "liberación", en este caso, aludía a "liberar" a España de esos múltiples males.

Poner en juego esta multidimensionalidad es necesario para una comprensión del conflicto en su complejidad y matices.

Juega en contra de una acertada interpretación si no se sitúa la coordenada a nuestro juicio decisiva: La de clase. Los patrones españoles de todas las modalidades querían el sometimiento, la "depuración" y en el límite el exterminio de trabajadores y pobres de todos los orígenes y ocupaciones.

Sólo quedaban eximidos aquellos carentes de organización o bien encuadrados sin involucrarse en ningún cuestionamiento más o menos activo del orden preestablecido.

Lo anterior no era impedimento para un discurso "obrerista" de parte de los alzados. La fuerza con más afinidades con el fascismo en el ámbito hispano era la ya mencionada Falange Española y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista". Ese "sindicalismo" (verticalizado, con mezcla de obreros, directivos y patrones en organizaciones únicas y verticales) sería una pata del futuro régimen franquista, conocida como "nacionalsindicalismo".

El programa de esa fuerza, "los 27 puntos de Falange" pasaría luego casi sin modificaciones al manifiesto programático del franquismo unificado, la Falange Española Tradicionalista y de las Jons.

Incluía la reforma agraria y variadas manifestaciones "antiburguesas". Una característica compartida por los fascismos, los rituales y hasta la programática "proletaria", remarcada con cierta retórica "anticapitalista".

Todo en artera puesta al servicio del mayor aplastamiento del movimiento obrero. Y de la destrucción de sus organizaciones. La independencia política e incluso reivindicativa de la clase era un factor a erradicar para siempre.

Claro que se resaltaba también la "voluntad de imperio", la mirada racista, el centralismo de "España única, grande, libre". Y el compromiso anticomunista, que era una piedra de toque de todo el también llamado "movimiento nacional".

***

Hemos llegado hasta aquí a conciencia de que sólo proporcionamos algunas pautas para la comprensión del proceso español en la década de 1930. Éste es un inicio, que continuará en otras "ramificaciones". Las que, como aquí, conjuguen la reconstrucción de los hechos con el análisis somero de los factores en juego.

El conflicto español y los elementos que lo rodean constituye un objeto de estudio y una fuente de debates permanentes. Algunos de estos últimos llevan décadas de recorrido. Sin respuestas tajantes y definitivas. Mediante investigaciones, docencia y polémicas se ha generado un considerable enriquecimiento de la problemática y sus derivaciones.

Existen quienes creen que la pasión siempre dificulta el conocimiento cabal y riguroso. Puede incluso ocurrir lo contrario, cuando el apasionamiento no nubla el entendimiento ni opaca a la voluntad de saber.

----

Este artículo está basado en el taller "La guerra y la revolución española y su proyección en la sociedad argentina", realizado el 5 y el 12 de septiembre en la Librería Badaraco, de CABA. Su realización constituye un recordatorio de los 90 años del golpe reaccionario. También es un homenaje a Horacio Badaraco, fundador de la Alianza Obrera Spartacus y voluntario en España. A la vez que abuelo del titular de la librería.
huelladelsur.ar

 

Contactar con La Haine

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal