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12/07/2019 :: Estado español

La agonía del régimen del 78

x Amadeo Martínez Inglés
El Estado/Nación español actual se muere porque su ciclo histórico ha pasado ya

El Estado/Nación español actual se muere porque su ciclo histórico ha pasado ya. Como se morirán en su día la mayoría de los actuales Estados/Nación del mundo, empezando por los europeos y por aquellos otros que ya tienen previsto integrarse en entidades supranacionales de varios continentes.

 En Europa van a tener que resolver muy pronto el mismo problema que España naciones como Reino Unido, Bélgica, Francia e Italia,después de que en los últimos años lo hayan resuelto, unos bastante bien y otros rematadamente mal, otros países como Yugoslavia o Checoslovaquia. No ver estos desafíos políticos, sociales y territoriales a estas alturas del siglo XXI es no querer ver la evidencia. A ver si por una vez somos inteligentes y previsores los españoles y conseguimos que este futuro proceso de modernización y desarrollo político y social que tenemos que acometer, y que deberíamos empezar cuanto antes, aunque sin descolgarnos para nada del económico que mejor o peor hemos sabido afrontar en el pasado reciente, se haga desde el diálogo, el consenso, la templanza, la solidaridad y la altura de miras. Incluso con pequeñas dosis de lícito egoísmo, pero desde luego no desde la intransigencia, la represión, la retórica vacía, el patrioterismo mal entendido, la cortedad de miras, y la melancolía. O avanzamos todos, no férreamente unidos que ya no es necesario a estas alturas, o retrocedemos todos peleándonos en un mundo desarrollado como la Unión Europea que, aunque mal, ya funciona como una auténticaConfederación de Estados soberanos europeos.

 Entonces ¿qué España debemos hacer con toda con urgencia, qué nueva organización política debemos crear, qué mapa territorial definir,qué forma de Estado instaurar, qué relaciones entre sus diferentes pueblos y naciones establecer… para que ese nuevo tinglado salido del consenso y el diálogo, ese super Estado ultramoderno nacido en democracia, por la democracia y para la democracia, sin terrorismos recidivantes, sin peleas entre sus miembros, sin carreras para conseguir más competencias que el vecino, sin envidias seculares, con solidaridad y respeto por los demás, pueda durar por ejemplo todo este siglo y el que viene?

 Pues la España que los españoles queramos, evidentemente, sin presiones de ningún tipo, sin condicionamientos históricos, sin uniones forzadas, sin dirigentes elegidos por la divina providencia o el dictador de turno, sin miedo al futuro. Cuál es nuestro primer problema una vez superado el terrorismo, los nacionalismos, las relaciones entre sus diferentes pueblos y naciones…pues empecemos por ahí a presentar propuestas y soluciones. Ahí va modestamente la mía:

 El Estado español del futuro, si queremos salir de una vez del impase político en el que nos encontramos y del clima de enfrentamiento interregional que estamos padeciendo y padeceremos mucho más en el porvenir, deberemos conformarlo como un Estado Confederal (el federalismo, que hasta hace bien poco era una opción a tener en cuenta, en estos momentos se ha quedado corto, ya no sirve de cara a una propuesta seria y viable de futuro para un Estado de las Autonomías que ha fracasado ostensiblemente), como una entidad política avanzada y descentralizada al máximo, republicana, por supuesto, y formada por una serie de Estados nacionales soberanos (en principio, lasantiguas Autonomías) que pactarían asociarse entre sí en igualdad de condiciones dentro del superior marco de la UE.

 La disyuntiva, para cualquiera que piense un poco en estas cosas, se presenta clarísima: o creamos nuevos lazos, mucho más elásticos y flexibles, que nos permitan mantener cierta cohesión en el conjunto de esta España que se nos muere e impida la explosión política y social en una buena parte de ella (nada descabellado a día de hoy como intuyen no ya sólo los políticos sino el simple ciudadano de la calle) o, rotos por la fuerza de la historia los viejos y férreos grilletes del pasado, pronto todos nos iremos al garete. La elección, amigos, no puede ser otra: unámonos todos (en una unión suave, moderna, no avalada por la fuerza como antes, echando mano de la multitud de mecanismos políticos que existen para hacerlo en este globalizado mundo del siglo XXI que acabamos de estrenar) desde la aceptación del otro como es, con su identidad, su lengua, su historia y hasta con sus orgullos y defectos; seamos solidarios y comprensivos con nuestros forzados compatriotas de antes y avancemos al unísono, con la fortaleza que da la unión aceptada y consentida, dentro de una Unión Europea que, querámoslo o no, hace ya tiempo que nos “robó” la mayor parte de nuestra antigua y preciada soberanía. Y con ello la propia pervivencia futura de una mítica España(la de nuestros antepasados) que algunos políticos en estos tiempos nuevos, con afán rencoroso y hasta suicida, se empeñan en mantener como sea, bien en la UVI política y social, en el coma irreversible que apunta por el horizonte e, incluso, momificándola con preciosas esencias patrioteras para que resucite, esplendorosa y joven, cuando “vuelva a reír la primavera...”

  Resulta meridanamente claro a estas alturas que el futuro de España ya ha llegado, ya está aquí con toda su virulencia y, como todos sabemos, reclama soluciones urgentes y altas dosis de imaginación, solidaridad y cordura. Una región española, una parte muy importante de la España que todos hemos conocido, una nación sin Estado pero con su lengua, su cultura, su idiosincrasia, su historia, sus ilusiones, su riqueza y sus ansias de libertad, Cataluña, pide paso, pide cancha, pide hablar, pide negociar… para arbitrar una solución política, social y territorial con el resto del Estado español actual. La radicalidad, la miopía política, el inmovilismo, la falta de una visión clara y contundente de lo que España debe dejar atrás y de lo que tiene por delante, del anterior presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, nos ha llevado a los españoles a la angustia colectiva y al desasosiego permanente sin visos de que la anómala situación política y social que estamos viviendo vaya a remitir a corto plazo. Porque, además, el melón identitario se ha abierto y detrás, se resuelva como se resuelva el contencioso catalán, vendrán otras peticiones de salida del estatus quo autonómico español. En principio amigables, negociadas, pero si esto no puede ser, por la vía de la enemistad, la confrontación y la violencia.

 Este país afronta, como ya he dejado bien claro en las líneas anteriores, un fin de ciclo, el fin del actual Estado Autonómicocreado en circunstancias muy difíciles del pasado y que ha traído a este país el período de corrupción más largo e intenso de la historia de España y con ello la absoluta necesidad de enterrarlo cuanto antes. Y con él, el Régimen que lo creó, el monárquico de 1978, instaurado testicularmente por un militar golpista con genes de fascista redomado que, efectivamente, ha durado muchos años, es cierto, pero porque nos engañó a todos, porque se disfrazó de democrático y de derecho y muchos, incluidas las instituciones europeas y USA, lo creyeron interesadamente y lo avalaron. Pero hoy en día está acabado, hace aguas por todas partes y los ciudadanos de este país debemos cambiarlo con urgencia si no queremos enfrentarnos muy pronto al caos político y social de una nación ingobernable. Y si para ello es necesario organizar una pequeña revolución (pacífica, por supuesto), hagámosla. ¡Refundación o caos!

 Y un aviso para navegantes. Según mi particular criterio, obviamente sujeto a error pero que se asienta en una muy larga experiencia vital, en una extensa permanencia en la cúpula castrense española, en puestos de responsabilidad en la vida política y en múltiples ensayos y estudios publicados a lo largo de los últimos treinta años sobre aspectos muy concretos de la historia de este país, los dos o tres próximos años pueden resultar muy duros en el devenir político español. Existe un evidente riesgo de “ingobernabilidad”, de desgobierno, de colapso de las instituciones, ya que va a resultar muy difícil, por no decir imposible, que el abanico de partidos que acaban de repartirse prioritariamente el parlamento salido de las elecciones legislativas de abril terminen poniéndose de acuerdo para gobernar y con ello poder solucionar los graves problemas que arrastra España desde hace ya bastantes años. Tal vez, digo “tal vez” pero oteando por el horizonte tamaña posibilidad, tengamos que acabar en un estado de excepción para nada deseable y/o en un Gobierno de concentración o salvación nacional que promueva el necesario período constituyente para modernizar de una vez por todas esta vieja nación de naciones que se debate entre el terrorífico tiempo pasado y el desconocido miedo al futuro. Para mí, y perdone el lector la osadía intelectual, ese futuro está muy claro: Una España confederal y republicana. 

  (*) Amadeo Martínez Inglés es Coronel, escritor e historiador

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