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Estado español :: 24/06/2026

Malos tiempos para el ascensor educativo

Albino Prada
Se observan en el Estado español síntomas de resistencia a la reducción de las desigualdades sociales cuando tomamos como radiografía a la población universitaria becaria y no becaria

En un reciente informe divulgado por ESADE (octubre 2025), centrado en analizar el sistema de becas universitarias en España, observo algunos asuntos colaterales que me parecen de sumo interés para perfilar mejor la dicotomía que en un análisis anterior planteaba entre "castas hereditarias" y "ascensor social" en los estudios universitarios.

Una disyuntiva que me parecía se inclinaba en favor de las castas hereditarias, en la medida en que solo una pequeña parte de nuestra juventud con titulaciones universitarias procedía de familias con padres no universitarios. Y, al revés, que la mayor parte tenían al menos un progenitor universitario. Lo que se traducía en una "herencia" de estatus económico y social en favor de unos y en contra de los otros.

La cuestión sería pués la siguiente: ¿existen otros datos y relaciones que confirmen aún más esta endogamia entre sectores y estatus sociales? O, dicho de otro modo, se observan en el Estado español síntomas de resistencia a la reducción de las desigualdades sociales cuando tomamos como radiografía a la población universitaria becaria y no becaria.

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El primer dato de este informe que aquí me interesa destacar en este contexto es cuando se concreta que la normativa de concesión de estas becas[1] las hace accesible a las cuatro primeras decilas de renta (40% de la población), aunque pueda suceder que una parte de los beneficiarios es muy probable que superen en sus ingresos reales los menos de 39.000 euros declarados.

En cualquier caso sobre esa base se computan en el informe 300.000 becarios de un total de 1.300.000 matriculados en el sistema (curso 2021-2022), lo que supone un 24 %. Un porcentaje que está muy por debajo del 40% de la población de rentas menos elevadas. Lo que implica que un 76% de matriculados lo ocupan un 60% de población de mayores rentas.

Cuando esta asimetría se evalúa no en función de las rentas declaradas, en relación a la población matriculada, sino en relación al nivel educativo de los padres volvemos a constatar una aún mayor lógica de "castas hereditarias". Pues "mientras que el 68 % de los no becarios tiene al menos un progenitor con estudios superiores, solo el 46 % de los becarios lo tiene" (página 11 op. cit.). De manera que sobre la relación entre el nivel educativo de los progenitores y los becarios / no becarios (rentas bajas / rentas medias y altas) mientras en los no becarios domina con casi el 68 % los padres universitarios en los becarios dominan los no universitarios.

De manera que el potencial ascensor social universitario se vería obstaculizado por dos notorias barreras sociales de acceso[2] (el nivel de ingresos y el nivel educativo de los padres) que se refuerzan entre sí.

Porque no podemos perder de vista que en ese año el porcentaje de la población española con estudios universitarios se situaba en un 32 % (datos INE-EPA). Siendo así que, a la vista está, esa pequeña parte de la población se vincula al 68 % de nuestros universitarios no becarios y a casi la mitad de los becarios. Una concentración que reduce y condiciona el acceso a la universidad de los hijos de padres no universitarios. Aunque nuestro sistema de becas en algo favorece el mayor acceso de estudiantes con padres no universitarios, la asimetría de fondo sigue siendo muy alta.

No debe extrañar en consecuencia esto que anota el citado informe: "Los estudiantes con beca que finalmente acceden y permanecen en la universidad constituyen un grupo altamente seleccionado, que ha logrado superar múltiples barreras educativas" (página 11); como el fracaso escolar y un abandono que son mayores entre sectores de menores rentas y nivel educativo. Y aún entre los que acceden se comprueba que los alumnos becarios (rentas bajas) en su acceso a la Universidad lo hacen con notas de acceso más bajas que los no becarios, suponiendo solo el 30 % de los matriculados con las notas de corte más altas (página 14).

Estamos ante un proceso autoacumulativo de selección regresiva que induce incluso a que los estudiantes con beca opten por estudios en los que es más plausible alcanzar un mayor porcentaje de créditos aprobados, para así mantener la beca y poder continuar sus estudios (página 20).

Este filtro de cualificaciones -aplicado a los alumnos con beca- es una penalización que no se entiende bien en términos de equidad. Porque es de sobra conocido que los alumnos sin beca reciben por vía indirecta una subvención (incondicionada respecto a sus cualificaciones) de la mayor parte del coste público de su enseñanza universitaria. Que supone un volumen de recursos públicos mucho mayor.

Tal como se concluye en el informe que vengo citando: "¿Tiene sentido que no se exijan los mismos criterios académicos mínimos al alumnado que no cuenta con beca, pero sí con una subvención de casi el 80% del coste? ¿Es redistributivo aplicar mayores exigencias solo solo a quienes reciben una financiación pública adicional, que son, además, los estudiantes vulnerables que más barreras han superado?" (p. 28).

Mientras estas asimetrías en el reclutamiento no se superen, mientras tengamos que hablar de "castas hereditarias" (por ingresos y titulaciones), sería conveniente que la redistribución que alimentamos en este servicio de no mercado no fuese, por un lado, regresiva en el caso de los -más numerosos- no becarios y escasamente progresiva en los becarios (por no hablar de los que no llegan ni a matricularse en la Universidad). Mecanismos que se refuerzan aún más con la creciente necesidad de realizar costosos estudios de posgrado. Malos tiempos para el ascensor social educativo.

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[1] Los requisitos de renta implican estar por debajo del 4º decil (39.000 euros para hogar de 4 miembros) en las más bajas, 3º decil (36.000) o 1º decil (21.000 euros) en las más elevadas (en 2021-2022), siendo 40.000 la renta máxima para acceder a alguna ayuda (con 3 miembros 30.000, de 2 miembros 25.000 y 1 miembro 15.000).

[2] La inflación de precios de alquiler en nuestras ciudades (un efecto colateral del bum de viviendas turísticas) estaría agravando aún más esta selección negativa por niveles de renta y erosionando el papel compensador parcial de las becas.

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