Mentiras, ideología y economía sobre el absentismo laboral
Quizás las derechas ya se ven tan cerca del poder que no les importan los marrones, o Feijoo es lo bastante inútil como para meter los pies en el barro
O quizás la combinación de las dos explica la polémica sobre el absentismo laboral.
El dirigente del PP quiso regalarles los oídos a los empresarios vascos declarando sobre el absentismo laboral: "Esto es un cáncer que no podemos pagar porque cuesta más de 30.000 millones de euros" y añadió que no se debería permitir que cobrara lo mismo quien trabaja y quien no acude a su puesto de trabajo, o que se deberían tomar decisiones haya o no acuerdo con la patronal y los sindicatos. Toda una declaración de intenciones si algún día llega al gobierno.
Empecemos por las mentiras. La patronal y las derechas interpretan el absentismo laboral como un todo en el que meten conceptos diferentes. No existe una definición legal única sobre absentismo. El Estatuto de los Trabajadores contempla diferentes situaciones de ausencia en el puesto de trabajo: bajas médicas, medidas de conciliación o permisos retribuidos. Vamos a separar el grano de la paja. La baja médica, o incapacidad temporal (IT), es la que se produce por un acto médico, no es el trabajador quien decide, sino el médico de cabecera, de la mutua o el especialista que considera que la persona no está en condiciones de desarrollar su trabajo con normalidad. Es un acto legal en el que no hay ningún tipo de fraude. Y, efectivamente, las bajas médicas están creciendo, cerca de 1,1 millón de personas están acogidas. Luego analizaremos sus causas.
La patronal dice que hay fraude porque se producen más bajas médicas los lunes y los viernes. Los datos no lo confirman. Los lunes acumulan un 27,2 % porque los sábados y domingos los médicos no pasan consulta y se trasladan a los lunes. Los viernes la proporción es del 13,4% (la media diaria semanal sería un 14,2%)
Más mentiras. Los trabajadores cobran lo mismo si están de baja que si van a trabajar. Feijoo debería estudiar un poco más. La patronal lo sabe, pero calla. La ley establece de forma clara y precisa los plazos y quién debe pagar la nómina del trabajador en situación de baja por contingencias comunes. Los tres primeros días, el trabajador no cobra nada; entre el cuarto y el decimoquinto día es la empresa la que paga y el trabajador cobra el 60% de su base reguladora. Entre el decimosexto y el vigésimo día, sigue cobrando el 60% pero el pago lo asume ya la Seguridad Social. Del día 21 en adelante, el trabajador cobra el 75% de su base reguladora, también a cargo de la Seguridad Social. Si se está de baja por accidente laboral o enfermedad profesional, el primer día de baja lo paga la empresa, del segundo en adelante paga la mutua o la Seguridad Social, abonando el 75% de la base reguladora desde el primer día. Por lo tanto, tampoco se cobra lo mismo si se trabaja o si no.
¿Es absentismo la conciliación familiar o los permisos por nacimiento de un hijo o muerte de un familiar? En primer lugar, son derechos reconocidos en el Estatuto de los Trabajadores o en convenios colectivos. Por lo tanto, no hay nada de fraude. Si Feijoo y la patronal lo incluyen en los datos generales de ausencia del puesto de trabajo es para hinchar las cifras y generar un ambiente de que sectores de la clase trabajadora son unos vagos e insolidarios con sus compañeros y compañeras.
Finalmente, hay quienes injustificadamente no van a trabajar. Si no demuestran las razones de la ausencia en todas las empresas y convenios colectivos hay motivos de sanción y, evidentemente, no cobran el día no trabajado. En el cómputo general de abstencionismo esta cifra es más que ínfima. Al contrario, lo que ocurre es que muchos trabajadores van a trabajar estando enfermos por miedo a sanciones o despido.
Así que aclaremos las cosas: las trabajadoras y trabajadores no cometen fraude; no cobran lo mismo si están de baja (salvo que esté pactado en su empresa) y pueden, y deben, ejercer todos los derechos conquistados. La patronal querría reducirlos y las derechas son la punta de lanza política para realizarlo. Su programa no es más que una copia o adaptación a las necesidades que le marcan sus amos: los capitalistas.
Feijoo habla de cáncer, pero no de los cánceres que se generan por incumplimiento empresarial de las medidas preventivas frente al amianto u otras sustancias cancerígenas, como prueban recientes sentencias que condenan a grandes empresas vascas a pagar indemnización y recargos de prestaciones. Hablando de abstencionismo, hagamos constar que Feijoo hasta noviembre de 2025 había faltado al 58% de las votaciones en el Congreso y, sin embargo, sí que ha cobrado lo mismo. Cuando él falta, es por la agenda. Cuando falta una trabajadora, es sospecha y hay que recortarle el sueldo y las prestaciones.
La clave ideológica
En esta polémica hay un importante trasfondo ideológico. Forma parte del intento de demonizar a la clase trabajadora, de presentarla como una clase de vagos, irresponsables e insolidarios. ¡Claro los beneficios de los grandes capitalistas, los enormes sueldos de los ejecutivos o los beneficios rentistas de los propietarios de inmuebles son todo ejemplo de solidaridad! Las políticas que promueven los intereses de los más ricos se presentan como necesarias para el bienestar de la sociedad en su conjunto, las que tocan a los más desfavorecidos son dádivas de los de arriba y no derechos y si son derechos mejor quitárselos porque se aprovechan o malversan.
En 2011 se publicó el libro Chavs. La demonización de la clase obrera escrito por Owen Jones, en el que se relata el proceso por el que la clase capitalista británica desarrolló todo un plan para desprestigiar a la clase trabajadora, para que abandonara su orgullo de clase y transmitir la idea de que lo mejor era considerarse como clase media o aparecer como inculta o medio delincuente. El término chavs, particularmente utilizado para los jóvenes de la clase trabajadora, como expresión despectiva, vulgar o maleducada, tuvo éxito en esa batalla cultural contra la clase trabajadora.
Ese es el fondo ideológico en esta polémica. Para la patronal y las derechas si la gente no tiene piso es porque no ha trabajado suficiente, si no tiene buen empleo es porque es un vago y le gusta más la fiesta, la gente que no encuentra trabajo es porque no quiere y así toda una serie de lugares comunes cuyo objetivo es desmoralizar y demonizar a los que solo tienen su fuerza de trabajo para ganarse la vida. Consiste en culpar a las víctimas no a los responsables. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es quien expresa con mayor crueldad ese odio contra la clase trabajadora. No han encontrado un insulto como lo hizo la clase rica británica, pero miran con igual desprecio a la gente trabajadora o a los inmigrantes. Ese odio está destinado a justificar el mantenimiento del orden establecido, basado en la ficción de que cualquiera puede conseguir lo que se proponga.
¿Hay que trabajar enfermo?, pues es lo que toca. Si uno enferma, ¿por qué debería cobrar su salario? Sólo el esfuerzo personal -dicen esos liberales de pacotilla- puede resolver sus problemas y mejorar socialmente. Es la ley de la selva, de enfrentar a los que menos tienen para seguir mejorando los beneficios de los de arriba. La que fue primera ministra británica, Margaret Thatcher, a la que admiran los Feijoo, Ayuso y compañía, declaró en una ocasión: "No existe una cosa llamada sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias". A ese individualismo irreal, no se puede vivir al margen de la sociedad, incluso tan desigual como la capitalista, se le puede oponer el viejo lema socialista: "Asciende con tu clase, no sobre ella".
Sus beneficios es lo que importa
Para un conocimiento exhaustivo de todo lo que concierne al absentismo laboral y a la recuperación de la salud de los trabajadores y trabajadoras es del todo recomendable este estudio de CCOO de marzo del 2026.
Las preocupaciones de la patronal sobre el incremento de las bajas laborales tienen evidentes razones económicas, quieren recortar derechos para que les salga más barato seguir explotando, pero son hipócritas porque en buena parte depende de ellos un cambio de tendencia. La razón principal está en las condiciones de trabajo: altos ritmos de producción, presión laboral, incertidumbre sobre el empleo y las derivadas de mayores riesgos, tanto en enfermedades musculo-esqueléticas como en la salud mental. Todo esto está relacionado con su nivel de beneficios, no invierten en mejorar las condiciones de trabajo, apuestan por la sobreexplotación y luego se quejan de que la gente se pone enferma.
Algunos ejemplos. Una encuesta sindical respondida por miles de trabajadores de banca dio como resultado que el 90% sufren ansiedad debido a objetivos comerciales inalcanzables, sobrecarga de tareas y penalizaciones si no mantienen ritmos insostenibles. Estos datos son comparables en la mayoría de sectores. En el metal se observa que los altos ritmos de producción aumentan la fatiga física y mental; que la complejidad tecnológica exige una formación continua que genera presión para adaptarse a las nuevas maquinarias; riesgos físicos y psicosociales, además del estrés mental, existen riesgos como un entorno de ruido, temperaturas extremas o la manipulación de cargas.
La salud mental es otra repercusión directa de esas condiciones. Según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), la incidencia de los trastornos mentales ha aumentado un 80% entre 2017 y 2024. Además, la duración media de estas bajas ha pasado de 67 días a 98,5 días y un aumento del 25% de las recaídas por problemas de salud mental. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los trastornos mentales son la segunda causa de incapacidad temporal en España. Las altas exigencias laborales y baja autonomía, la inseguridad laboral y el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa son las razones del aumento de los problemas de salud mental en el trabajo.
El envejecimiento de la población trabajadora es otra de las variables estructurales del absentismo laboral. El grupo de trabajadores de 50 o más años en 2019 lo integraban 4,2 millones de afiliados a la Seguridad Social, mientras que en 2025 ya eran 5,7 millones. El conjunto de estos elementos, que tiene que ver con las condiciones de la organización del trabajo en nuestro país, no solo explica la evolución del absentismo, sino que convierte a los capitalistas en los verdaderos responsables de la situación. No al revés, como Feijoo y las patronales pretenden.
El último elemento es la situación de la sanidad pública. Más de 850.000 personas estaban en lista de espera a finales de 2025. El tiempo de demora para entrar al quirófano se situó en 121 días. Mientras, el tiempo medio para ser atendido por un especialista se situó en 102 días. Se quejan de absentismo mientras recortan inversiones en la sanidad pública, desvían dinero hacia la sanidad privada. Además, la patronal trata de conseguir que las Mutuas gestionen la enfermedad de los trabajadores, sabiendo que eso será un medio de presión más directo frente a los trabajadores.
Existe una evidente ofensiva contra las actuales políticas laborales y de protección social, y Feijoo ha mostrado sus cartas antiobreras, y eso exige una apuesta sindical y política para defender y mejorar los derechos y la asistencia actual, tanto en la pedagogía para combatir la ideología que hay detrás de quien los combate como en el trabajo empresa por empresa, sector por sector para luchar por la salud de la clase trabajadora.
*Medidas como la prevención en el puesto de trabajo, que no se aplica en muchos casos.
*Más derechos para los delegados de salud laboral y para la Inspección de Trabajo.
*Más inversión en sanidad primaria y salud mental. La sanidad está en manos de las comunidades, la mayoría gobernadas por el PP.
*Una renta básica universal ayudaría enormemente a mejorar la salud en términos generales y en el trabajo.
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