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16/02/2007 :: Estado español

Sobre el nuevo acuerdo de negociación colectiva

x CNT Córdoba
En el nuevo acuerdo interconfederal para la negociación colectiva firmado por UGT, CCOO, CEOE y CEPYME, la postura de sindicatos y patronal resultan indistinguibles, confluyendo en una visión capitalista y neoliberal del trabajo

El acuerdo sobre negociación colectiva recientemente firmado por la patronal y los sindicatos oficiales viene a continuar los anteriormente producidos desde 2002 en adelante, en los que estos llamados "sindicatos" se comprometen a velar la seguridad de la empresa muy por delante de los derechos de sus teóricamente representados. De esta forma, se garantiza el "esfuerzo sindical" para lograr aumentos de la competitividad y la productividad y procurar la reducción de costes laborales de las empresas. Todo ello se pone por encima de la estabilidad, las condiciones de trabajo o los ingresos de los trabajadores, que dejan de ser reivindicables en pos de lograr el aumento creciente de ganancias de las empresas.

El alejamiento de los contenidos de este acuerdo con la realidad de la vida de los trabajadores no viene sino a constatar la enorme distancia entre los intereses entre representantes y representados. Esto ya no significa una novedad para nadie, puesto que esta colaboración sindical-empresarial comenzó en las primeras etapas de la democracia, reconstituyendo con los años una réplica del sindicato vertical franquista, en el que representantes de empresarios y trabajadores formaban parte de la misma organización. A lo largo de este tiempo la conflictividad ha ido restringiéndose por parte de los sindicatos oficiales, sancionándose todo ello en los diferentes pactos sociales y reformas laborales firmadas por éstos. El conflicto social es controlado y mitigado, ya que se considera indeseable para el mantenimiento de la actividad productiva que pasa a ser el principal objetivo de los sindicatos oficiales.

De esta forma, no es de extrañar que los firmantes del acuerdo se feliciten por la "madurez alcanzada". Madurez que al parecer se constata en que los sindicatos oficiales aceptan la lógica del capitalismo para que ésta recaiga en la espalda los trabajadores (incluida también la "lucha" contra el absentismo laboral). Los empresarios por su parte se comprometen a seguir aumentando sus beneficios (ya que si no lo hacen de forma suficiente, despedirían a muchos trabajadores), a lograr la reducción de los impuestos derivados del trabajo y a firmar unos convenios que en su inmensa mayoría, se incumplen de forma palmaria. Incumplimiento y fraude que por otro lado, contribuye a la "reducción de costes laborales" tan deseada por empresarios y sindicatos oficiales.

El objetivo básico del acuerdo, como de los anteriores, es "imponer" por parte de las cúpulas de estos sindicatos la firma de convenios sin aumento real de las retribuciones. Así, se llega una situación en la que todos los beneficios del trabajo van a parar a las empresas e inversores en detrimento de los trabajadores, que ven sus salarios congelados en la práctica al proscribirse las subidas salariales más allá del objetivo de inflación del gobierno, (un 2% para 2007) que siempre está muy por debajo de la subida del coste real de la vida. Al mismo tiempo, se ligan las eventuales subidas salariales al aumento de la productividad, como si ésta dependiese sólo de los trabajadores.

No obstante, UGT y CCOO se identifican plenamente en otros muchos aspectos con los intereses de la empresa, como la aplicación de las cláusulas de descuelgue o las reconversiones, llamadas en el texto "reestructuraciones", intentando eliminar así su carácter eminentemente negativo para los trabajadores. Así, en caso de reconversión, estos sindicatos se comprometen a ayudar a la empresa a salvar esa situación conflictiva a través de "la explicación y justificación de los cambios. Una adecuada información a tiempo, explicando y justificando los cambios a los trabajadores y sus representantes favorece un clima de confianza para el proceso de discusión posterior.", como dice textualmente el texto. ¿Qué mejor ayuda puede tener la empresa en caso de conflicto con los trabajadores que tener a los sindicatos de su parte para "explicar" y "justificar" los "cambios"?

Los firmantes consideran que los problemas más importantes de la economía española de 2006 han sido la inflación, la falta de competitividad de las exportaciones y el endeudamiento de las familias. Esta es una visión economicista. Pero la interpretación de un sindicato debería considerar como graves problemas a otros bien distintos. El número de accidentes laborales y de muertos en el trabajo; los miles y miles de trabajadores inmigrantes que constituyen el nuevo sector de economía sumergida; el fraude masivo en la contratación temporal; el empeoramiento continuo de las condiciones de trabajo y los salarios de miseria que se cobran en los peores trabajos; la debilidad y el chantaje que supone que la contratación indefinida tenga que estar subvencionada por el estado; el abaratamiento del despido en estos nuevos contratos indefinidos que los iguala a los temporales. Todos estos factores han contribuido de forma crucial para que estos "representantes" se congratulen de la buena situación de la economía española. Los beneficios que están generando todos estos trabajadores de forma silenciosa y silenciada no les serán nunca reconocidos ni revertirán en ellos.

La negociación colectiva planteada en los términos que defienden los sindicatos oficiales, aceptando y colaborando con la patronal es absolutamente ineficaz para resolver los problemas de los trabajadores. No sólo contribuye a la reducción progresiva y paulatina de derechos, sino que impide la defensa de los que nos quedan y deja al trabajador en un total desamparo frente al patrón. Dado que en los convenios que se firman, ni los salarios y condiciones que se acuerdan no son respetados por los empresarios ni protegidos por los sindicatos, el trabajador se ve sólo frente a la empresa cuando es explotado o despedido. La dinámica impuesta por estos sindicatos frena cualquier reivindicación o movilización que no pase por ellos intentando ahogar (por cualquier medio posible, incluidos la difamación o la mentira) cualquier forma de autoorganización de los trabajadores.

La brecha entre la realidad de los trabajadores y la ficción a través de la que nos obligan a mirar los sindicatos oficiales tiende a aumentar. Éstos cristalizan a una velocidad cada vez mayor en agentes corporativos de los intereses del poder económico y financiero, mientras que los trabajadores vemos que nuestro dia a dia lejos de mejorar, empeora. La lógica del capital así lo necesita. Pero no tenemos que resignarnos. Tenemos que luchar. Luchar por conseguir escapar la lógica económica que nos trata como basura cuando somos trabajadores y como idiotas cuando somos consumidores. Escapar de una economía que depende de que trabajemos cada vez más, más barato y peor y de que sigamos comprando cada vez más. En vez de patrocinar una economía más justa y solidaria, más basada en la reducción del consumo que en la continuación del expolio medioambiental, más dependiente de los productos básicos y menos de los desvaríos financieros, su fórmula es que si queremos trabajar, tenemos que comprar más; si no compramos al nivel que al capital le parezca oportuno, todos al paro.

Pero la gente se harta de todas estas mentiras, de este teatro escenificado para mantenernos quietos. Cada vez son más los trabajadores que desde la CNT se organizan para defender sus derechos. Por eso llamamos a los trabajadores en precario, a los que no salen del paro, a los inmigrantes. Llamamos a los que se dan cuenta del tinglado (político, sindical, judicial) montado para defender exclusivamente los derechos del sistema empresarial. Llamamos a los que no comulgan con el actual sistema de explotación de los seres vivos y de la tierra para conseguir beneficios. Llamamos a los que no estén de acuerdo en ser pacientes y obedientes consumidores y votantes y quieran alzar su voz, reivindicar sus derechos y aspirar a un mundo mejor para todos. Llamamos a los que están cansados de ser tratados como cosas, que son explotados, insultados y acosados en sus puestos de trabajo.

Nuestras armas son la movilización y la acción directa, la solidaridad y el asamblearismo. Son los métodos del sindicalismo real, que siguen siendo efectivos; los más efectivos; los únicos efectivos.

http://www.cnt.es/cordoba/node/237

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