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02/12/2007 :: Estado español

Terrorismo, Democracia y Movimientos Sociales

x Agustin Moran
Una solución pacífica y democrática del ?conflicto vasco? solo puede surgir del diálogo y el respeto a la voluntad del pueblo vasco. Eso quiere decir que si es inaceptable que una parte -minoritaria- del pueblo vasco se vea forzada a vivir fuera de la monarquía española, más inaceptable es que otra parte ?mayoritaria- del pueblo vasco, se vea obligada a vivir dentro de dicha monarquía.

La situación actual en Euskadi no es democrática, por mucho que los que la propician se llamen a sí mismos “los demócratas”.

Una solución democrática tiene que restablecer la democracia en Euskadi. En esta Comunidad Autónoma, artificialmente separada de la Comunidad Uniprovincial de Navarra, una minoría vasca, amparándose en la fuerza del estado español, impone su voluntad cada día, desde hace 29 años, a la mayoría del pueblo vasco. El instrumento que legaliza esta injusticia es una Constitución que, tras la muerte de Franco, desconsideró las demandas del pueblo vasco y, de forma aberrante en el derecho constitucional moderno, excluyó expresamente el derecho de autodeterminación. La actual situación en Euskadi es “constitucional”, pero no democrática. En el enfrentamiento del movimiento popular vasco con la Constitución Española, el polo democrático es el movimiento social a favor de la autodeterminación y el antidemocrático la Constitución.

La estrategia de “los demócratas” respecto a los distintos movimientos sociales vascos que defienden el derecho de autodeterminación es una estrategia de guerra. La propuesta de los “constitucionalistas” respecto al problema no resuelto de las naciones del Estado Español consiste en una segunda transición política tan totalitaria como la primera. Pero ahora sin el movimiento constituyente de entonces. Treinta años después, los efectos catastróficos del desembarco del franquismo en la monarquía deberían servir para evitar, entre todos, el nuevo intento de impedir la democracia al precio político de mantener el conflicto.

El PP no apoyará ninguna reforma democrática y si la apoya, dicha medida no lo será. Es necesaria otra estrategia. Dicha estrategia exige la reconstrucción de la izquierda que, en su degradación actual es, hoy en día, una mera prolongación del PP. Solo una democracia participativa obligará al PP (y al PSOE) a recorrer el camino del diálogo. Solo del diálogo surgirá una solución democrática que incluya los derechos de tod@s. Solo desde el reconocimiento de los derechos democráticos del pueblo vasco y del respeto a su voluntad se crearán las condiciones políticas para el fin de la violencia armada por parte de ETA.

Para que una salida dialogada y democrática del llamado “conflicto vasco” cuente con un apoyo social suficiente, es necesario que la izquierda se transforme en algo diferente a la derecha. Esta transformación consiste en romper con los principios políticos y teóricos de la monarquía neoliberal: España como “un destino en lo universal” (ser una potencia imperialista); competitividad y eficiencia económica como principio rector de la política; producción a gran escala para el mercado mundial; crecimiento económico a cualquier precio, desarrollismo y consumismo de masas como sinónimos de bienestar; mercado como regulador de las relaciones sociales; puestos de trabajo escasos en manos de los empresarios; trabajo (y trabajador@s) subordinados al mercado; “permiso” de trabajo en lugar de derecho al trabajo digno; “empleabilidad” como eliminación de todas las barreras que protegen a las personas de los empleos basura; derechos sociales de papel y derechos del capital de hierro; accidentes de trabajo, paro y precariedad inevitables; inseguridad material y jurídica de la mayoría de las personas (trabajadores, jóvenes, mujeres, inmigrantes y presos); vivienda en manos de inversores inmobiliarios y políticos corruptos; despoblamiento del campo y alimentación en manos de las multinacionales; libertad de movimiento del capital; coexistencia pacífica y “democrática” - a través de las o­nGs - con el hambre, las enfermedades y la pobreza en el mundo; degradación cultural y moral; política exterior basada en alianzas con estados terroristas como EEUU, Israel, Rusia y Marruecos; pertenencia a organizaciones armadas que violan las leyes internacionales y vulneran nuestra soberanía; bases militares extranjeras en España y represión de la autodeterminación de los pueblos.

El bipartidismo neofranquista intenta neutralizar cualquier cambio democrático en la forma de Estado con una propuesta irracional: “Paz sin Autodeterminación”. Es decir, “Paz sin Democracia”.

Impulsar el diálogo por la paz en Euskadi en base al derecho de autodeterminación, constituye una tarea central para los movimientos sociales en el Estado Español. El avance de los movimientos sociales y su reconocimiento mutuo, incluyendo al movimiento popular vasco, como sucedió durante los dos años de existencia del Movimiento contra la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra (2001-2003), es condición necesaria para obligar al PSOE a distanciarse del PP.

Sin movimientos sociales que defiendan “el derecho de autodeterminación” desde su propio movimiento de autodeterminación respecto al mercado, el estado y, sobre todo, respecto al PSOE, será la derecha del PP la que administre el fracaso de los experimentos electoralistas del equipo de ZP. Estos experimentos, cuyo impulso democrático y pacificador carece de más horizonte que las contradicciones electorales del PSOE con sus sucursales vasca (PSE) y catalana (PSC), no podrán sobreponerse al nacionalismo españolista de masas que el mismo PSOE, junto al PP, ha construido durante 30 años. En esta operación, los agentes de “la unidad de la izquierda” que liquidaron el Movimiento Contra la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra (MAG), tratan de someter a todos los MMSS al papel de extras de esta farsa “reformista”.Por eso conviene no olvidar que cualquier reforma democrática verdadera pasa, en última instancia, por la existencia de un movimiento popular vinculado con las luchas sociales y autónomo de la izquierda capitalista.



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