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Argentina :: 21/12/2004

La liberación animal ha desembarcadoen la Argentina, y empezó por Copito...

La Haine
Diciembre 2004. Liberación de un conejo de una tiendaubicada en la Ruta 197 y Panamericana.

Era el día y la hora. Tal vez había sido previsto desde el comienzo de las cosas y de los seres por esa mano invisible que, según las religiones al uso, encadena los hechos del mundo. Pero aunque así no lo hubiera sido, dificulto que hubiese podido alguien disuadirnos de hacerlo...

Todo era agobio aquella mañana. Agobio en el aire pesado y caliente,agobio en nuestro ánimo, a esa hora en que el almuerzo inminente cuenta más que cualquier otra cosa. Agobio de sol vertical sobre los vidrios de nuestro auto, agobio en nuestras nucas, agobio en mis manos al volante y en mi mirada fija al frente. Tráfico por doquier.

Y una inmediata sospecha que nos topó como un escalofrío: ¿cuál no
sería el agobio de aquellos arracimados conejitos blancos que de
pronto aparecieron a nuestros ojos al costado de la avenida, inermes en una jaula que apenas era capaz de albergar su tamaño, privados de agua y alimento, lastimando sus hocicos sobre el óxido de un alambre mal cuidado, torturados por una temperatura inclemente?
Nada cambiaría de haberse tratado de una jaula reluciente, pues el agobio moral que nos embargó en ese momento habría sido el mismo: agobio e indignación de contemplar una pequeña porción de universo que estaba donde no debía, y una comerciante de animales que buscaba su ganancia en donde no debía buscarla.

Nos miramos con mi compañera y todas las palabras estaban de más... Ni el calor, ni el cansancio, ni la costumbre de ver consumado este atropello en plena ciudad "civilizada" eran válidos pretextos para la inacción, que es como decir la eterna inercia de los cretinos. Aparcamos a la vera de la tienda de mascotas, que es como decir a la vera de la ignominia, y jamás había visto yo tan pronta y enérgica a mi compañera como en aquel instante, memorable para ambos de ahora en más...

He visto rayos más lentos que aquella mujer, y comandos menos exactos en ejecutoria y precisión de movimientos. Un abrir y cerrar de ojos y estaba junto a aquellaominosa jaula, mientras yo, convertido en un manojo de nervios, aguardaba con el motor en marcha, anticipándome con mi mente y con mis ojos a todo lo posible y a todo lo probable.

La menor desconcentración, la mínima contingencia y todo quedaría enla nada. La jaula ya estaba abierta y mi impertérrita compañera sesalía con la suya a pocos metros de la distraída dueña del local,confiada ésta en que no hacen falta candados para las jaulas cuandola ley protege el lucro mal habido.

Por increíble que me hayan parecido en aquel momento tantas coincidencias favorables, tras unsantiamén ya no éramos sólo dos en el auto... pero era uno menos enaquella jaula de la vergüenza.

El copito de algodón, ahora tan cercade mí, justifica con sus ganas de vivir nuestra pequeña aventura.Pudo haber sido guiso, cuerpo inane, juguete de chicos rabiosos, osombra extenuada en la misma jaula de donde tuvimos el inefable gustode sustraerlo.Y lo más asqueroso de este sistema de opresión legal de animales esque no hace falta ser un asqueroso para medrar en él.

Lo más terriblees que aquella dueña de aquel local es, posiblemente, una buenapersona, como suelen serlo nuestros padres o madres a la hora detrozar un pollo navideño.

FLA - Frente de Liberación animal, Célula Buenos Aires

Recibido anonimamente por www.accionvegana.org

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