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Argentina :: 12/09/2006

Otro genocida a la espera de la condena

Prensa de Frente
En julio de 2002, cuando la Justicia Federal ordenó la detención de 42 militares represores por el asesinato de 20 militantes de la organización Montoneros, en una causa iniciada en 1982 en Cruz del Eje, Córdoba, la mayoría de sus habitantes con memoria lo festejó cada uno a su manera.

5- EL MAYOR HOYA, DESCUBIERTO EN MAR DEL PLATA

Foto: Prensa De Frente Boletín quincenal Nº48, Prensa De Frente - Por Lucho Soria. En julio de 2002, cuando la Justicia Federal ordenó la detención de 42 militares represores por el asesinato de 20 militantes de la organización Montoneros, en una causa iniciada en 1982 en Cruz del Eje, Córdoba, la mayoría de sus habitantes con memoria lo festejó cada uno a su manera. No era para menos, entre los detenidos estaba el tristemente célebre Mayor retirado Santiago Hoya.

Su detención no pudo concretarse inmediatamente dado que el cobarde huyó. No obstante, en los días anteriores, alertado de lo que venía seguramente por los servicios del Ejército, transfirió sus propiedades en una escribanía local. Su clandestinidad fue breve, ya que se presentó con la certeza de que por su edad, más de 70 años, se beneficiaría con el arresto domiciliario. Después de deambular por varios lugares, finalmente se instaló en Mar del Plata, en el domicilio de uno de sus hijos, más precisamente en 20 de septiembre 2420, a la espera de su condena, prevista en 25 años, al igual que el resto de represores de esta causa.

Con el título "Viejos Conocidos", en el tercer número de la revista "Los 70", en el año 1997, se hizo referencia al inicio de su andar represivo. Efectivamente, el 27 de mayo del '69, dos días antes del "Cordobazo", en esa ciudad ubicada en el noroeste cordobés, los centros estudiantiles de la Escuela Normal y de la Escuela Técnica, más el universitario que nucleaba a los que estudiaban en la Capital, organizaron una misa y posterior marcha por las calles en repudio al asesinato de los estudiantes Juan José Cabral y Damián Bello.

A la medida que la columna tomaba forma, portando una bandera argentina con el crespón negro, los uniformados se agazaparon a dos cuadras del lugar elegido para el acto. Al frente estaba el jefe de la policía departamental, Santiago Hoya, flaqueado por Guillermo Luna, su secretario privado.

Un debut que incluyó la represión, pero que no impidió la realización de actos relámpagos y posteriores órdenes de detención para los jóvenes dirigentes, quienes simultáneamente iniciaron caminos diferentes u opuestos al de los mencionados, quienes, al año siguiente, ascendieron a la máxima jefatura policial de la provincia. Hoya, subjefe de Héctor Romanutti.

Hoya y su eterno ladero, Luna, encabezaron el allanamiento del local del sindicato de Luz y Fuerza, tras los pasos del inolvidable Agustín Tosco, a quien no pudieron detener. Meses después la dupla estuvo al frente del desalojo de varias fábricas, donde más de un trabajador todavía recuerda la violenta metodología dirigida... desde un patrullero.El regreso de la democracia los encontró a Hoya y Luna en la Capital Federal, más precisamente en la tesorería de la SIDE, lugar de donde no pudieron ser desalojados pese a las denuncias a cargo del máximo dirigente de la JP cordobesa Miguel "Chicato" Mozé.

Mientras permanecieron en ese ámbito se especializaron en la contrainsurgencia, que los llevó a Centroamérica integrando un grupo de tareas financiado por la CIA, formado por militares y civiles a combatir ilegalmente a los movimientos revolucionarios de Nicaragua, con base operativa en Honduras y El Salvador, como lo denuncian los organismos de derechos humanos de esos países.

La revista Humor fue el primer medio nacional que, en 1982, los reflejó en sus páginas. Después, Horacio Verbitsky, en su libro "La última batalla de la Tercera Guerra Mundial", dio cuenta de su andar, lo mismo que Juan Gelman, Juan José Salinas y Lila Pastoriza, entre otros, en libros y notas periodísticas.

Pero regresemos a Cruz del Eje. Ese 27 de mayo muchos de los jóvenes que participaron de esa marcha integran la nómina de los 30 mil detenidos desaparecidos o asesinados, entre ellos Raúl "Chiquito" Tissera, Sergio "El Negro" Rojas, los hermanos Norma (embarazada) y Daniel Sintora, Norma "La Condesa" Asis, Horacio Siriani, José Antonio Apontes y Pedro Ventura Flores (delegados de la fábrica Perkins), los hermanos Vera, Edit, delegada de la fábrica ILSA y Wenceslao, delegado de Obras Sanitarias, José Luís Aguilar, Alicia De Cicco (su compañero, José René Moukarzel, murió estaqueado en la Penintenciaria provincial donde estaba detenido, al igual Miguel Mosé, quien fue fusilado en "traslado" de detenidos políticos), Ernesto "El Tano" Dellafiore, Carlos "Fosforito" Barreda, Luís "Guasito" Santillan, Tomás Fresneda, adoptado políticamente por ser uno de los primeros activistas del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), que lo agitó en la región.

Lo de Santillán demanda relatar su asesinato. Sucedió el 29 de septiembre de 1974, tras ser secuestrado en Cruz del Eje a la luz del día por un comando que dejó las huellas iniciales de la Triple A. Junto a Sergio y Ernesto Rojas, Ernesto "Chichì" Koch fue fusilado en las sierras de Córdoba, mientras los demás quedaron heridos a la vera de la ruta. Una acción tendiente a desalentar la incipiente organización de las Ligas Agrarias en la región.

En cuanto a Fresneda, fue secuestrado en julio de 1977 en Mar del Plata, juntos a otros abogados laboralistas, en lo que se llamó "La Noche de las Corbatas". Claro que las utopías de Tomás Fresneda hoy se prolongan en sus hijos Martín y Ramiro, ambos abogados y que entre sus actividades profesionales son querellantes de las causas judiciales de los genocidas del Tercer Cuerpo. Martín también se encuentra batallando en Catamarca por el juicio y castigo a los militares que fusilaron a 16 combatientes de la Compañía del Monte del PRT-ERP, y Ramiro, en la defensa legal de la lucha por la tierra de la Asociación de Productores del Norte Cordobés (Apenoc) con sede en el departamento Cruz del Eje, y con igual tarea en el Movimiento Campesino de Córdoba.

Tissera, Rojas, Mosé y el resto de los varones y mujeres, transitaron sus primeros pasos políticos en uno de los períodos más bellos y trágicos de la historia con una entrega en la lucha revolucionaria por la vida y la libertad. En cambio, Hoya y Luna, el de las emboscadas, como el olvido esta lleno de memoria, hoy están donde tiene que estar. Uno en la tumba (Luna) y el otro cumpliendo el arresto domiciliario a la espera de que sus huesos terminen en la cárcel.

 

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